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viernes, 30 de septiembre de 2011

San Cristóbal de las Casas, Palenque, Oaxaca, Puebla y Zacatecas…… así de corrido.

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Se cuenta  que cuando el Capitán James Cook llegó a lo que hoy se conoce como  Australia, agarró a un aborigen que pasaba por allí y le preguntó cuál era el nombre de ese extraño animal de patas traseras largas que saltaba y brincaba por el lugar.
El aborigen le contestó “kangaroo”.  Dirigiéndose a un escribiente que tenía al lado dijo; – Solander, apunta; el bicho ese que salta se llama kangaroo. Y Solander sabiendo cómo se las gastaba el capirulo dijo mientras adoptaba una postura acocada; -Apuntao queda….para la posteridad, ¡¡¡ole sus güebos mi capitán!!!. –No me seas pelota Solander, que no se me olvida que intentaste sodomizar a una cabra la semana pasada-. –La carne es débil mi capitán y en mi defensa diré que me estuvo provocando-. Lo que  no sabían por aquel entonces es que el aborigen en cuestión al contestar “kangaroo” en realidad le estaba diciendo; -No te entiendo guey!!!. ¿Qué a que viene esto?. Más abajo encontrareis la respuesta. ¿Qué porqué abro los últimos relatos con alguna anécdota?: Bueno, porque es un buen recurso literario y al fin y al cabo el blog lo escribo yo y pienso que esto lo hace menos anodino. Asín que comenzamos.
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Dejando Guatemala e internándonos sólo unos pasos en la tierra mexicana mi corazón parecía que iba a estallar y no precisamente por el perico. Es la tercera vez que pisaba territorio mexicano y sentía la emoción de volver a reencontrarme con las gentes que tan gentilmente me han tratado cada vez que he pasado por aquí. La primera parada sería San Cristóbal de las Casas en el estado de Chiapas. Esta bonita ciudad colonial ha cambiado bastante en los 8 años que separan mi última visita a la villa. En el recuerdo quedan los guerrilleros del EZLN paseando por las calles ataviados con los típicos pasamontañas y acompañados por su inseparable kalashnikov. Lo que en su momento fue la cuna y el alma de la revolución campesina, se ha transformado en una ciudad con calles peatonales donde se respira paz y armonía. Aún y eso, también se puede apreciar la herencia que dejó el sub comandante Marcos en la región ya que hay cientos de carteles y pintadas que anuncian que este sigue siendo territorio zapatista.
También se pueden encontrar tiendas donde venden todo el merchandainsin guerrillero, desde camisetas que hacen alusión a la revolución hasta pequeños muñequitos ataviados de guerrilleros, junto a banderas rojinegras. Hay que recordar que Emiliano Zapata partió de aquí para llevar a cabo la revolución de 1910 y que acabó con el encuentro del ejército del norte comandado por Francisco Villa (alias “el Pancho”) para derrocar al eterno gobierno de Porfirio Díaz. El sitio le debe su actual nombre a Fray Bartolomé de las Casas que fue obispo de la ciudad antes conocida como Ciudad Real de Chiapa y que gracias a la bondad y a la defensa que hizo el obispo de los indígenas quedó para siempre bautizada como actualmente se denomina. 
Como curiosidad añadiré que hasta el siglo XVII el estado de Chiapas pertenecía a Guatemala y que se independizó de este país  para entrar a formar parte del nuevo estado que se estaba formando al norte. Dado que es un lugar que el turismo tanto interior como exterior han hecho suyos, los precios se ajustan a tal coyuntura. Por suerte logremos un alojamiento cerca del centro sin tener que desangrar nuestros bolsillos. La distribución urbana de la ciudad no es nada diferente a la que tienen la mayoría de lugares que en su momento fueron significativos para la colonia.
El edificio de Gobernación, el Palacio Municipal y el antiguo Cabildo junto con la Catedral rodean la plaza central cuyo centro corona un quiosco donde se puede escuchar música en directo a partir de las 17:00 h. Al lado de la Catedral se encuentra otra plaza en la que  por la mañana sirven unos desayunos potentes y baratos y por la tarde sirve de lugar de reunión cuando la plaza mayor se encuentra llena. En la parte de atrás se encuentra el mercado de artesanos donde se venden productos típicos de la región. La calle mayor es peatonal y te lleva a los pies de la iglesia de San Nicolás situada en un cerro al que se accede por unas interminables escaleras. Como la visita no requiere de mucho movimiento por la proximidad de los lugares, optemos por contratar una excursión que en un día nos llevaría a Palenque, una de las joyas de la cultura maya.
La furgoneta nos recogió a las 06:30 h. En realidad teníamos que visitar tres lugares pero como los otros dos son un par de saltos de agua que no vale la pena mencionar me centraré en Palenque donde arribamos cerca de las 13:00 h. Al llegar, una marabunta de guías oficiales te asedian para conseguir que los elijas como tales. Dado que todavía tenía vivido el recuerdo de mi primera visita a estas ruinas optemos por hacer el recorrido por nuestra cuenta. A mi memoria venían los recuerdos de la niebla cubriendo el asentamiento hasta que el sol la disolvía para descubrir las construcciones de esta ciudad, de ir por medio de la selva y encontrar antiguas ruinas cubiertas por la vegetación que le daban al lugar un cierto aire de misterio, de los caminos de piedra de cruzar el rio Murciélagos por una endeble pasarela hasta llegar al Salto de la Reina y descubrir sus cristalinas aguas.
Bueno pues de eso no quedaba casi nada. El actual asentamiento de Palenque ha evolucionado hasta convertirse en algo parecido a todo lo demás. Si lo que me sorprendió en su momento fue el salvajismo y el poco desarrollo que había sufrido el lugar desde su redescubrimiento, ahora lo que me sorprendió fue su pulcritud y su organización dedicada exclusivamente a que los turistas no tengan que hacer ningún esfuerzo por ver los diferentes edificios y plazas que tiene el sitio. La hierba que crecía libre y sin control, ahora se encontraba limpiamente segada. Todos los edificios habían sido liberados de sus ataduras arborícolas para mayor deleite de las masas.
He de reconocer que aunque no me guste la actual imagen es mucho más accesible para todos los públicos. Durante casi tres horas no deleitemos con las antiguas construcciones que aún aquí te permiten visitar casi sin barreras y por lo tanto te puedes mover libremente por el interior de los palacios, subir a las pirámides y explorar los subterráneos.
Desgraciadamente, tanto nos recreamos en la visita que el tiempo voló de tal forma que nos encontramos en la parte opuesta a donde teníamos que estar con el tiempo justo para regresar antes de que la furgoneta partiera  sin nosotros.
La suerte nos acompañó y conseguimos agarrar un bus que nos dejaría en nuestro “meeting point”. Allí conocí a un viejito al cual no le quedaban más de cuatro telediarios que llevaba casi toda la vida ejerciendo de guía oficial. Dadas mis reticencias a lo hora de escoger a alguien que nos enseñara el complejo, optó por hurgar en la herida manifestando todo lo que él podía habernos enseñado. Intenté en todo momento hacerle entender que no siempre hace falta desembolsar una cantidad de dólares para disfrutar de los monumentos y que la historia hoy está escrita en internet. No tuvo otra que darme la razón y como premio a mi argumento me regaló una anécdota que paso a relatar. El primer español que visitó estas tierras, encontró a un indígena que pasaba por allá tan ricamente seguramente preocupado en si la cosecha de cacao se daría bien o si su niño llegaría vivo de la excursión al cenote que había organizado el chamán de la tribu.
Así que el español todo emperifollado con sus mayas, su gorguera, sus chorreras y su armadura un tanto oxidada por efecto de la humedad, le preguntó al nativo después de una breve presentación y mientras tenían acogotado al nativo clavándole varias lanzas en el cuello mientras este tragaba tierra: -Contesta en nombre de Dios  vasallo, ¿Y vuestro pueblo como se llama?- A lo que le contestó el otro un tanto cagado: - Maa yac. –Palomino, apunte que hemos descubierto la civilización maya-. ¡¡¡¡¡¡¡Susordenes mi capitán!!!!!!  Y déjeme añadir ¡¡¡¡¡Vivediós cuan apuesto y guapote esta vuecé con esa armadura que le hace tipito torero!!!!-. No me sea maricón Palomino que  no se me olvida que le pillé haciendo el trenecito con aquel marinero portugués después de asaltar ese poblado y matar a todo bicho viviente por no querer someterse a la corona-. Bueno más o menos así ocurrió. En realidad “maa yac” significa; no entiendo. Como en la anécdota del principio damos por hecho cosas que seguramente no son ciertas. Es por eso que mi teoría sobre que muchas de las palabras que utilizamos actualmente quieren decir “no entiendo” se reafirma.
Porque, ¿Quién nos dice que cuando los conquistadores llegaron al sur de Chile en concreto a la isla de Chiloé , al preguntar por el nombre de ese extraño tubérculo que hacía las delicias de los indígenas y acompañaba gran parte de sus ágapes, los mapuches les contestaron “papa” queriendo decir “no entiendo”? ¿Einnnnnngggggg?. Bueno ahí queda eso, para que reflexionéis sobre los malos entendidos. Podría continuar así haciendo referencia a los extraños nombres que tienen la mayoría de animales de la “Terra Australis” como por ejemplo wombat, dingo, walabi, ornitorrinco,  pero voy a continuar con el relato que para eso me pagan.
Después de otras 5 horas de vuelta en San Cristóbal, el conductor tuvo a bien dejarnos en la estación de autobuses para que después de una hora tomáramos el colectivo que nos dejaría en Oaxaca de Juárez ,(se pronuncia guajaca) y que los españoles bautizaron como Antequera de la Nueva España.
Ya de mañana arribamos a Oaxaca sin mayor novedad. Nuestro lugar de descanso se encontraba apenas a 2 cuadras del comienzo del centro histórico que se estaba engalanando para la celebración del día de la independencia ocurrida 201 años atrás. Pero de eso ya hablaré más tarde. Decía que el ambiente era festivo se respiraba por donde pasábamos. El zócalo se encontraba decorado con la orgullosa enseña nacional. El águila que devora la serpiente sobre la hoja de nopal. El patriotismo que estas gentes llevan al extremo de hacer el saludo a la bandera cada mañana delante del ayuntamiento, despertó en mí cierto regusto amargo sobre la falta de identidad que sufrimos muchos españoles ya que por no tener no tenemos ni letra en nuestro himno nacional.
En fin, los pelos como escarpias se me ponían al ver desfilar a los pequeños escolares cantando su himno; -Mexicanos al grito de guerra…..-. Evidentemente no es una letra pacifista y lo mejor de todo es que la escribió Francisco González Bocanegra y le puso la música un catalán llamado Jaume Nunó Roca, 40 años después de que nos echaran a patadas del país. Lo que son las cosas. Bueno de Oaxaca también guardo muy buenos recuerdos, pero a decir verdad estuvimos apenas un día que nos dio para recorrer el citado centro histórico y poco más. Dado que queríamos estar para fiesta nacional en Chihuahua, no podíamos entretenernos mucho en los lugares. Así que decidimos no visitar el  yacimiento arqueológico más importante de la zona y que es el Monte Albán. Al día siguiente nos dirigimos a Puebla.
Después de 5 horas de trayecto arribamos a la central camionera y de ahí al centro en un urbano. Bueno he de decir que Puebla se caracteriza por tener una de las más altas concentraciones de iglesias del mundo en concreto hay 365. No puedes dar un paso sin toparte con una. Todas parecen luchar por destacar en esta urbe de más de 2 millones de almas donde se aprecia una mayoría de arte barroco. A apenas 40 km se puede observar la cima nevada del volcán Popocatepelc acompañado por  el Iztaccichualt. Al igual que en Oaxaca, nuestra visita fue breve pero intensa. Dado que nos quedaban todavía dos etapas agotadoras, hicimos una breve pausa en la capital de la federación. De esto no voy a mencionar nada ya que cuando bajemos hacia el sur pararemos unos días en el lugar y la visita será más intensa.
Ya de noche un bus nos encaminó hacia Zacatecas en la zona platera de México. El clima montañoso nos recibió de mañana con un aire helado que por falta de ropa de abrigo me costó un resfriado de aúpa. Aún así, saqué fuerzas de flaqueza para recorrer el centro histórico de la ciudad coronado por la catedral con su color rosado y sus torres barrocas.
La excursión que tenía pensado hacer aquí y que se basa en recorrer una antigua mina de plata que han tenido a bien acondicionar para las visitas se tuvo que quedar en la carpeta de tareas pendientes, ya que mi precaria salud se habría  resentido más si cabe al bajar a las húmedas entrañas de la tierra. En un principio teníamos que estar solo un día en Zacatecas pero como ya he mencionado, estaba hecho una braga lo que nos obligó a prolongar la estancia por un día más.
Un poco más recuperado agarramos el transporte que nos llevaría a Chihuahua, donde llegaríamos sin novedad trece horas después……pero eso ya es otra historia. He  de decir que sin la ayuda inestimable de Fer este capítulo del blog no se podría haber realizado ya que se ha dedicado a hacer las fotos que en lugares que a mí me habría sido imposible realizar. El próximo relato será un monográfico de Chihuahua y de mi visión particular sobre la guerra de independencia que si bien la celebran desde 1810 no llegó hasta 1821. En este apretado recorrido que nos ha llevado en apenas 10 días desde la frontera de Guatemala hasta el norte de México a apenas 4 horas de los EE.UU he podido apreciar que nada ha cambiado, que la gente sigue siendo igual de amable y cumplidora que en mis dos anteriores visitas, que sin duda se nota la cercanía con el mundo civilizado y es muy extraño encontrar una carretera en mal estado o un lugar donde te cobren el doble por cualquier cosa solo por el hecho de ser extranjero. México marca la diferencia.
Después de la epopeya que ha significado cruzar centro América nos merecíamos un pequeño receso. Y en qué lugar  mejor que el que siempre me ha aceptado con los brazos abiertos. Por suerte hemos encontrado a la familia Anchondo que nos ha proporcionado el hogar que necesitábamos para así poder descansar nuestros molidos huesos antes de volver a la rutina mochilera de hacer y deshacer la bolsa, dormir en autobuses y no estar más de unas horas en un mismo lugar. Aquí me siento como en casa y nos quedaremos hasta mediados de Octubre cuando descendamos hacia el sur del país e iniciemos de nuevo nuestro periplo. Como siempre, mis disculpas por prolongar en el tiempo cada vez más estos relatos, pero lo cierto es que hay tantas cosas que hacer que no encuentro el momento. Lo dicho, como siempre un beso para vosotras, un abrazo para vosotros y nos comunicamos en breve. No olvidéis dejar vuestro comentario en nuestro blog ya que como dicen los gringos “appreciation”.
Un saludo.
Fer y Miguel

martes, 6 de septiembre de 2011

Guatemala…… ¿hace uno rapidito?

Un tipo leyendo el diario, en concreto la sección de ventas de viviendas observó un anuncio que le llamó la atención. El anuncio decía así; “Se vende apartamento de 80 m2 más balcón de 10 m2, comedor de 20 m2, dos habitaciones matrimoniales de 20 m2 y de 15 m2, baño de 10 m2 y como suena de 15 m2”. Incrédulo lo volvió a leer y sí, decía “como suena de 15 m2”. Intrigado y picado por la curiosidad llamó al telf. que incluía el anuncio. Cuando comunicó con el anunciante y le preguntó ¿qué era un cómo suena de 20 m2? Su interlocutor al otro lado le comentó que era suramericano y que contrató el anuncio por teléfono a un compatriota suyo. Cuando llegaron a la parte de la cocina, el tercero le preguntó si cocina iba con “ce”, con “zeta” o con “ese”. Como el anunciante no tenía ni idea, no se le ocurrió otra cosa que decirle que cocina se escribía “como suena” y que no le calentara más la cabeza. Y así quedó por escrito cuando el lumbreras compuso el enunciado.Lo que se inició como un error fonético se transmitió a la gramática con el consecuente ridículo para la edición del anuncio. ¿Qué a que viene esto?, pues en primer lugar, que me parecía gracioso y bueno…más abajo viene la explicación. Comenzamos.

Saludos de nuevo niñas, niños, adultos, personas en general y algún animal en particular que sé que sigue este blog aunque no daré nombres para no dar pistas. Esta vez el relato será más cortito ya que sólo hemos estado en Guatemala por  una semana y naturalmente no tengo mucho que decir.
Ahí va:
El anterior relato lo escribía mientras esperábamos que los maestros de escuela guatemaltecos llagaran a un acuerdo con el gobierno central en el asunto de sus sueldos impagados. Ya entrada la tarde llagamos a Antigua. El nombre le viene de cuando era la capital de Guatemala y se llamaba igual que el país. Más tarde fundaron una nueva ciudad que se llamaría como tal y por lo tanto a la anterior y primera capital se le denominó Antigua Guatemala quedando como Antigua su nombre familiar. Como decía llegamos esta bonita ciudad colonial y no tardemos en encontrar acomodo en un hostal del centro.
 Una rápida visita nos bastó para quedar prendados de la calidez de sus gentes y la belleza de su cuidado centro histórico. En la villa parece que se ha detenido el tiempo. El silencio de sus calles adoquinadas sólo es roto por el sonido de las sufridas suspensiones de los autos y motos que se atreven a circular por ellas. Sus casas pintadas en colores pasteles hacen que te sientas como en casa y sus habitantes simpáticos, te ayudan siempre que pueden. Todo se mueve alrededor de la plaza central, auténtico corazón del centro. Allí se reúnen los que allí residen y se juntan con los miles de turistas llegados de todas partes para aprender español en las muchas academias con las que cuenta esta ciudad. Antigua en la capital mundial de la enseñanza del idioma de Cervantes.





No hay calle que no tenga su correspondiente academia, habiendo incluso varias en las más céntricas avenidas. Nos llamó mucho la tención oír a una multitud de guiris hablar español, pero con acento guatemalteco y con sus correspondientes modismos. De ahí el comentario del principio, hay muchos carteles anunciando cosas y escritos de tal manera que harían revolverse en su tumba a la generación del 98 y el 27 juntos. “Se rehabilitan pizos”, “se cosina carne azada”, “se organisan caserias” y “se hazen posos” son ejemplos de los anuncios que se pueden ver en las paredes del lugar. 
No es que me parezca mal que se fomente la cultura que poseo y la lengua que uso habitualmente, incluso que el Centro Cultural de España, sea uno de los más bonitos edificios que ves en el centro y ver en que se gastan mis impuestos, si no, que me parece raro que vengan aquí a aprender español, teniendo en cuenta que poco a poco se están cargando las lenguas nativas que se hablan en el país y que son un taco. Vamos, sería como si fuéramos a aprender inglés en Jamaica. ¿Os lo imagináis? ¿hablando como Bob Marley tooodo el tiempo?, nooooooo gracias. Una cosa es que cuando escribimos nos tomemos ciertas libertades con la gramática por propio interés (yo mismo lo hago muy habitualmente para redondear mis intervenciones), y otra es que se haga por desconocimiento o porque los que están dando las clases no están preparados para la tarea, habiendo como hay correctores de texto. 
El tema es que me parece extraño que se tenga Guatemala como punto de referencia de toda latino América para la enseñanza de nuestra lengua. Si, vosotros diréis; Claro no van a venir a España a aprender cuando no tienen que llevarse a la boca. Y yo os digo, seguro que hay un montón de gente  en España que estaría dispuesta a ir allí para enseñar aunque fuera temporalmente un poco de gramática y fonética. Hala! ya lo he dicho. Antes he mencionado el Centro Cultural de España, un antiguo monasterio franciscano que quedó destruido después del gran terremoto del 76. La remodelación que se ha realizado es enorme, quedando un edificio lindísimo y muy cuco donde se encuentran las diferentes secciones que podemos encontrar en un centro de nuestro país. 


Dos días nos bastaron para ver lo interesante de la ciudad. Después partimos hacia el lago Atiltlán a unas 4 horas al norte. El viaje, comenzó ya con mal pié. 
Después de salir con una hora de retraso, cuando llevábamos  media hora de camino, el chófer recibió un llamado para que volvieran a buscar a dos pasajeras más que se habían dejado en Antigua. De nuevo en marcha, la carretera que conducía a San Pedro la Laguna no era mala del todo, pero la empresa que habíamos contratado (Casas Verdes) resultó ser una estafa. Nos metieron a 9 personas y dos israelís en un furgón diminuto cuando en las fotos aparecía una furgoneta imponente, así que no íbamos muy cómodos. Pero lo peor estaba por llegar. La carreta que sale de la vía principal y se dirige a San Pedro me recordó mucho a la que tomamos en nuestro paso de Brasil a Venezuela. Parecía talmente que la aviación estadounidense se había confundido y había tomado esta carretera por una de Irak.
Hora y media de sufrimientos entre agujeros enormes y baches insalvable por vehículos comunes nos llevó a nuestro destino ya entrada la tarde y sin luz solar. San Pedro es otro de los pequeños pueblos que rodean este lago y que se llena cada año de viajeros bohemios que buscan un poco de paz y alguna excursión a los volcanes que lo rodean. Pasear por sus estrechas y oscuras calles no nos dio buena onda, así que dejamos la visita para el día siguiente. 
El sol nos recibió cálido y decidimos ir a dar una vuelta por el mercado. Los autóctonos del lugar venden allá sus mercancías en un ambiente agobiante por la cantidad de gente que se junta en el lugar y por la presencia de los voceros de los candidatos a las diferentes divisiones políticas que alaban las virtudes de la gente a la que representan. Hay un quilombo de partidos que se disputan las alcaldías, las provincias y el gobierno de la nación, en unas elecciones que se celebrarán coincidiendo con su fiesta patria y con el día en que Al Qaeda cambió el mundo. La humedad y el frio nocturno contribuyeron a que nuestra estancia fuese tan corta. Decidimos pues partir para México donde me esperan mis buenos amigos. Un buen shuttle nos condijo hasta San Cristóbal de las Casas que es el lugar desde donde escribo esta crónica. Como he dicho al principio esto iba a ser corto, de ahí el título, es una lástima no tener más tiempo y poder visitar Tikal, las ruinas mayas que eran uno de nuestros objetivos. Pero como digo, el tiempo manda.
Espero que os haya gustado el breve pero intenso relato que os he presentado y os espero en la próxima entrada que seguramente será ya entrado el mes de Septiembre. Hasta la próxima.

Un beso enorme de parte de Fer y Miguel.

viernes, 2 de septiembre de 2011

HONDURAS, MUCHO TIEMPO, POCA CHICHA.


Saludos de nuevo. Bueno esta vez he tardado menos en realizar esta crónica ya que en el momento de escribirla estamos en medio de una lucha social y una movida que hay en Guatemala. Detenidos a unos 50 km de la capital por una manifestación de maestros que al parecer no reciben su sueldo a tiempo y han decidido cortar todas las vías de entrada a la capital guatemalteca. O sea que así está el tema ya llevamos aquí 4 horas y creo que nos quedan otras tantas para que desaparezca el tapón. Y para aprovechar el tiempo os describiré nuestra estancia en Honduras, 23 días donde casi no hemos visto el país pero que se ha aprovechado al máximo.

Entramos desde Nicaragua después de una mega maratón de trasbordos en buses cutres y carreteras penosas. Sobre las 4 de la tarde pasamos la frontera con Honduras subidos en un triciclo a pedales. El tipo se comprometió a pasar los 3 km y dejarnos en el terminal sanos y salvos pese a las reticencias que nos causó ver a un tío canijo que pedaleaba cual Induráin de pacotilla con los cerca de 200 kg que llevaba de peso. Un minibús nos llevó Choluteca, donde teníamos que pillar un bus hasta La Ceiba, puerto de salida hacia las Islas de la Bahía. Después de buscar un hostel medio en condiciones, nos dimos cuenta que habíamos aterrizado en otro alojamiento del miedo. El sitio era de los más cutres que habíamos estado (y hemos estado en sitios cutres, cutres), pero nos consolaba el hecho de tener la estación de autobuses justo al lado. Eso nos ahorraría caminar los 300 metros. que nos separaban de la otra terminal. Pero dado que el bus salía a las 04:00 h. de la mañana no nos pareció conveniente caminar a esas horas intempestivas por un callejón que parecía la boca de un lobo. Como os comentaba a las 04:00 h. de la mañana agarramos el bus de semi lujo que nos llevaría a El Progreso (ciudad a unos 150 km de nuestro destino). El plan era perfecto; Salimos a las cuatro, llegamos a Progreso a las 10:00 h. y a La Ceiba a las 12:30 h. Esto claro está según nos explico el amable boletero nos evitaría pasar por Tegucigalpa y nos permitiría descansar un poco antes de pillar el barco hasta Utila. 

Pero como casi siempre pasa en estos lugares, la gente son unos vende motos. A las 06:00 h. de la mañana, observé con preocupación que nos dirigíamos a Tegucigalpa en concreto al centro de esta fea ciudad a la par capital de Honduras. Al preguntarle al chofer la causa o motivo de tal contrariedad me contestó que la “unidad” se había quebrado, dando a entender que se había roto el bus. Lo cierto es que el bus iba de maravilla, pero para completar el siguiente vehículo que se dirigía al mismo punto decidieron dejarnos colgados casi tres horas en una estación de buses cutre de cagarse. Antes mis protestas me indicaron que no me preocupase que llegaríamos a El Progreso a las 11:00 h. con tiempo de sobras para pillar otro bus hasta nuestro destino. Naturalmente eso no ocurrió y aterrizamos en El Progreso a las 13:00 h.
Como la cosa progresaba le pregunté al conductor si en la misma estación de buses se podía pillar el bus que nos trasladara a La Ceiba. El tipo me miró de reojo y imitando al Jefe Wigunn me dijo “que sí, que sí”. 

En realidad no existía tal estación, si no que nos abandonaron en una gasolinera (aunque bien mirado sí que se trataba de una estación, pero de servicio), donde nos teníamos que buscar la vida para agarrar el vehículo. Cuando por fin apareció el ansiado bus, el garrulo que conducía nos dijo que tardaríamos unas 3 horas para recorrer los escasos 150 km que nos separaban de La Ceiba. Pero que no nos preocupásemos por que llegaríamos a tiempo para pillar el barco que salía a las 16:00 h. También le preguntamos si nos dejarían cerca del puerto, su respuesta me mosqueó un poco ya que aparte de hacer otro Wigunn, nos dijo que “relativamente”, no pilló el sarcasmo cuando le pregunté si lo de relativamente se refería al espacio o al tiempo y se limitó a mirarme con cara de pez. Naturalmente cuando nos volvieron a abandonar en otra estación de servicio cual perritos en verano, nos dimos cuenta de que necesitaríamos un milagro para llegar a nuestro destino ya que eran las 15:50 h. y teníamos que tomar un taxi hasta el puerto. El conductor del mismo nos dijo que no llegábamos ni de coña, pero ante la perspectiva de ganar 50 lempiras más de las 100 que me pedía por el trayecto, se transformó en un Fitipaldi suicida que casi nos causa un ataque cardiaco al ver como adelantaba en un puente o en un cambio de rasante sin visibilidad. Llegamos al puerto justo cuando el barco se distanciaba a paso lento del muelle de pasajeros. Visto lo visto, paguemos al “chumaquer” lo prometido y nos metimos en un hotel (este por lo menos era bueno) a pasar el resto del día para a las 09:30 del siguiente pillar el barco de la mañana. Ya tempranito nos dirigimos a la terminal del ferri para asegurarnos una plaza en el ansiado bote. Una hora después nos encontrábamos en Utila. 

Este lugar pertenece a las denominadas Islas de la Bahía que hasta el año 1860 habían pertenecido a los hijos de la Gran Bretaña. Más o menos por ese año acordaron los dos gobiernos intercambiar estas islas por lo que se conocía anteriormente por el Belice hondureño que era casi la mitad de lo que es ahora el actual territorio. Naturalmente los pobladores no estaban muy de acuerdo con esta medida y protestaron airadamente a las autoridades hondureñas que no les hicieron ni puto caso por el mero hecho de que los habitantes de las islas sólo hablaban inglés y los hondureños el español de aquí, que entre otras sutilezas le dicen “zipote” a un niño pequeño, en fin así están las cosas. Los colonos han intentado varias veces independizarse de este país para pasar a formar parte de nuevo de la Commonwealth, la última intentona fue no hace mucho, pero al parecer ambos gobiernos no están muy por la labor, así que su forma de protestar no es otra que negarse en redondo a hablar el idioma de Cervantes. Bueno a lo que voy que me estoy liando  demasiado. 

Al desembarcar nos abordaron varios “flayeros” que son los que captan gente para realizar los cursos de buceo y las inmersiones.
En un principio teníamos pensado ir a uno que nos habían recomendado encarecidamente, pero resulta que el imbécil que repartía los “flayers” de ese dive centre o centro de buceo, se dirigió a mí, me miro como si me hubiera tirado un pedo y me dejó con la mano colgando esperando el documento que me llevaría a su centro. Así que decidí pasar de ir al lugar y aceptar la oferta que me ofrecía una simpática hondureña. El centro era el Alton´s. después de una dura negociación lleguemos a un acuerdo que nos beneficiaba a los dos. Yo haría los tres cursos (que en realidad eran cuatro) por una módica cantidad (en comparación de lo que se está cobrando en España) y a cambio recibía una habitación doble para Fer y para mí abonando por Fer el precio de un dormis común, o sea que, de puta madre. Los tres cursos, el Open Wáter, el Advance y el Rescue (incluyendo primeros auxilios y atención secundaría) nos tendrían en la isla unos 12 días, por lo que ya nos iba bien para descansar un poco los huesos. A continuación paso a describir la rutina del buceo. No me voy a extender mucho ya que no me quiero hacer pesado. Te levantas súper temprano, lo preparas todo y a bucear. 

Utila tiene la segunda barrera de coral más grande del mundo, sólo superada por Australia. Lo que ves allí bajo el agua es espectacular, todos los peces de arrecife que puedas imaginar, además de todo tipo de coral, duro y blando. Parece que las especies se pelean por que las observes. Allí las aguas son turquesa y con una transparencia prístina así que si no te convence el buceo te puedes dedicar a hacer snorkel que vas a ver lo mismo pero desde arriba. El Open Wáter te enseña a bucear, el Advance te perfecciona permitiéndote hacer inmersiones de hasta 30 metros. y buceo nocturno (pedazo de experiencia con las luminiscencias en el agua cuando apagas las linternas) y finalmente el Rescue te forma como buzo de rescate, o sea que aparte de recordarte los principios de los primeros auxilios te enseña cómo actuar en caso de que a un buzo le dé un telele, cosa que pasa más a menudo de lo que parece. Lo cierto es que por motivos ajenos a mi persona la estancia se alargo hasta los 19 días. En ese periodo de tiempo y mientras yo me arrugaba cual shar pei, Fer se dedicaba a explorar la isla.

 En las breves ocasiones que pude compartir con ella la experiencia de caminar alrededor de la zona habitada del lugar pude comprobar que en su mayoría estaba compuesta por suelo coralino que seguramente había quedado descubierto en la última glaciación y por restos de un antiguo volcán ya extinto. También el estar tanto tiempo en un lugar nos brindó la ocasión de conocer gente excelente, empezando por Kris mi instructor, un polaco de apenas 25 años que salió de su país natal en busca de venturas y fue a parar a Lanzarote donde conoció a Kelly una australiana que se estaba dedicando a dar clase de buceo. 

Ambos decidieron hacer de su capa un sayo y dedicarse profesionalmente a este oficio. Y así llevan varios años. Conocimos también a dos barceloneses Mar y Alberto con los que pasamos excelentes momentos compartiendo y departiendo anécdotas.
 Ángela es una bióloga marina que procede de la capital y que trabaja a media jornada en el centro de buceo, a veces en la administración y a veces como dive máster. Tiene la suerte de estar guardando una casa a unos amigos en la isla y dedica su tiempo libre en realizar proyectos de desarrollo en su campo por lo que estar en la isla le permite interactuar con el entorno. 

Ella aportaba la base cultural a nuestras conversaciones. También estaba por allá Maila, una perra salvavidas (no, no me estoy refiriendo a esa clase de perras que te salvan la vida en ciertas situaciones a cambio de unos leuros), si no a una preciosa golden retriever que hacía las delicias de los  que allí estábamos y que estaba entrenada para rescatar náufragos. Bueno entre unas cosas y otras fuimos habituándonos a ver cada día las mismas caras y al carácter diferenciado que hay entre los habitantes de la isla y los que han ido a parar allí por necesidades laborales. 

Los isleños se desplazan por la única carretera de circunvalación de la zona civilizada del lugar (lo digo porque tres cuartas partes de la isla se encuentran deshabitadas por la rudeza del entorno, entorno que cuenta con manglares pantanosos, mosquitos caníbales, montañas infranqueables, lagunas profundas  y cocodrilos que alguna vez se han merendado a un turista desaprensivo) en unos carritos de golf, te miran como si fueras un estorbo y como ya he comentado antes pasan de hablarte si no les hablas en el idioma de la pérfida Albión. Por el contrario los hondureños que se han desplazado al lugar por motivos laborales son simpáticos y abiertos y siempre que pueden te invitan a conversar con ellos. En fin los días pasaban y mientras yo disfrutaba como un cochino,  mi estimada Fer se aburría como una ostra. 

Los días eran largos y ella los aprovechaba dando largos paseos, leyendo y cogiendo el color tostadito que tanto me gusta. De nuevo nos encontramos con Diego y Esteban, acompañados esta vez por dos chicas que habían encontrado por el camino. Una vez terminaron el curso se marcharon hasta la próxima vez que nos encontremos que creo que será ya en Colombia. Abandonar la isla no nos significo un trauma, ya que aparte de bucear y emborracharse no hay nada más que hacer. Bien tempranito, nos pillamos primero el ferri que nos devolvería a La Ceiba y después un autobús a todo lujo (a estas alturas del viaje, estamos hasta las narices de sollarnos las rodillas y de pasar malos momentos en los incómodos buses que circulan por todo centro América), bueno el lujo es que nos pusieron un par de pelis y tenía aire acondicionado nos dirigimos a Copán. 

Antes hicimos una breve escala en San Pedro Sula un lugar donde se cometen una media de 15 homicidios diarios, como para plantearse poner un negocio aquí. Continuamos nuestro trayecto arribando ya de noche a Copán, una de las joyas arqueológicas más importante de la cultura Maya. Copán Ruinas (para diferenciarla de Santa Rosa de Copán) es un pueblecito a apenas 12 km de la frontera con Guatemala, eso hace que tanto los que visitan uno u otro país pase por aquí de manera casi obligada. Allí nos instalamos en un apartamentito muy cuco a una cuadra del centro.
En la ciudad no hay mucho que ver ya que es diminuta, pero naturalmente tiene el yacimiento arqueológico por la que es conocida. Justo en frente de nuestra temporal morada había una casa de comidas típicas donde Doris se encargaba de alimentarnos. Esta señora junto a sus dos hijas, había huido de San Pedro Sula donde tenía un negocio parecido huyendo de las “maras”, las peligrosas bandas cuya presencia es constante en todas las capitales de centro América y que se dedican a extorsionar comerciantes a cambio de garantizarles que no les quemaran el negocio o que no les pegarán un tiro. La bomba, vamos. Al día siguiente muy de mañana nos fuimos dispuestos a ver las ruinas. 

Allí nos unimos con dos barcelonesas con las que compartimos guía y experiencias. Al parecer el antiguo Copán llegó a estar habitado por  20.000 almas en su periodo de máximo esplendor hacia el siglo VI de nuestra era. Durante la conquista española fue redescubierto y luego olvidado de nuevo. A finales del siglo XIX las diferentes universidades (sobre todo británicas) pusieron sus ojos en el sitio arqueológico viendo una oportunidad de tener en su país muestras de todas las culturas del mundo. Es por eso que varias expediciones se dedicaron durante casi toda la mitad del siglo pasado a desenterrar y saquear el lugar.

Dado que el rio hacía peligrar el yacimiento, se decidió desviar su curso para evitar que el agua se llevase las joyas arquitectónicas de la cultura Maya. Una plaza central rodeada de estelas, que son unas figuras en piedra representando a sus mandatarios y de altares de sacrificio, varios templos, unas gradas con la historia de la ciudad escrita en petroglifos  y varias zonas residenciales componen el complejo. Después de la visita nos dirigimos a las Sepulturas, que no es otra cosa que otro asentamiento residencial. Después de la visita, Doris nos volvió a deleitar con su muestra gastronómica. Dejamos pasar el día y nos acostamos prontito para viajar a Guatemala, en concreto a Antigua. Como decía en el titulo de esta crónica, hemos estado en este país cerca de un mes y sólo hemos visto dos lugares, pero estas cosas pasan, no nos queda más remedio que consolarnos pensando que lo que nos queda, se verá en otra ocasión. Bueno, al parecer ya se ha terminado la huelga de maestros y seguimos camino. 

Actualizaré lo antes posible el blog ya que en Guatemala estaremos apenas una semana. Espero que os haya gustado el relato, un tanto corto esta vez.
Seguidnos como siempre a través del Facebook y dejad vuestros comentarios en este mismo blog. Os agradecemos vuestra fidelidad.
Se despiden como siempre deseando lo mejor para vosotros Fer y Miguel.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Nicaragua sin más...bueno sí...

Hola de nuevo y de nuevo siento el retraso que tanto indigna  a los que nos seguís por medio de este blog. La verdad es que si no lo actualizo más a menudo es porque estoy muy vaguete y no encuentro el momento entre chapuzón y clase de submarinismo para escribir los relatos. También os rogaría que si hacéis un comentario lo dejéis plasmado en el blog ya que para nosotros es muy importante saber que estáis ahí. Bueno empiezo.
Nos habíamos quedado en Costa Rica y sus chubascos moderados a fuertes. Partimos bien temprano para llegar lo antes posible a Nicaragua. Desconocíamos el transporte en ese país y temíamos hacer noche en un lugar no deseado. Por suerte, las distancias por aquí no son muy grandes y después de esquivar a los típicos oportunistas que te encuentras en la frontera buscándose la vida (bueno en realidad me costó un dólar librarme de un pesado) tomamos un autobús hacia Rivas. 


Esta ciudad es la puerta de entrada de la isla de Ometepe. Un ferri nos trasladó a través del lago Nicaragua a nuestro siguiente destino. Ometepe es una isla flanqueada por dos volcanes, el Concepción y el Maderas que han ayudado a su formación. Desembarcamos en Moyogalpa e inmediatamente nos dirigimos a Altagracia en el lado opuesto. Nos describieron este lugar como de lo más bello de la isla, pero como siempre que te recomiendan algo los mismos lugareños (y más si son oriundos del sitio que te recomiendan) nos llevamos una decepción. Allí no había nada. 
Los lugares para dormir eran excesivamente caros para nuestro presupuesto. Por suerte, mientras recorríamos la calle principal, nos asaltó una simpática señora que nos proporcionó acomodo a un precio razonable. Al día siguiente decidimos dar una vuelta por la isla y nuestra siguiente etapa dependería de si el lugar por el que pasaríamos se ajustaría a nuestras expectativas. Nos bajamos del bus en  Santo Domingo, pero tampoco encontrábamos el lugar adecuado para quedarnos. 
Unos gringos nos hablaron de la finca Magdalena, que al parecer era un remanso de paz en la falda del volcán Madera. Nos comentaron que no quedaba lejos, que andando se podía llegar perfectamente. Después de 5 km agotadores con las mochilas en la chepa, descubrimos que aún nos quedaba 1 km más de subida hasta nuestro destino. Exhaustos, decidimos quedarnos tanto si nos gustaba como si no. Suerte tuvimos que nos convenció el hecho de que además de estar cerca de un sendero donde podríamos ascender al volcán, también podríamos encontrar petroglifos en los alrededores. 
La finca Magdalena es como nos habían informado un reducto de paz para descansar y a la vez machacarte con caminatas tanto en ascenso como en descenso. Se trata de una plantación cafetera que funciona como cooperativa. Las personas que la atienden son educadas y de muy buen trato y las instalaciones no tienen nada que envidiar a cualquier hotel de 5 estrellas. Allí lo tienes todo, lo que va muy bien cuando se te ha olvidado comprar tabaco, con lo que te ahorras los 2 km de bajada y subida hasta la pulpería más próxima. Lo que no había sido habitual a lo largo de nuestro viaje se convirtió en una autentica sorpresa.
Resulta que nos reunimos en un mismo lugar una docena de españoles que venían desde diferentes puntos de centro América y España. Una guitarra  y buena cerveza bastó para que pasáramos una velada muy divertida. Ese mismo día habíamos visto los famosos petroglifos, que son marcas y dibujos grabados en la piedra. Una muy buena experiencia. Al día siguiente decidimos aventurarnos y subir al volcán. Una agotadora caminata de cerca de tres horas, ascendiendo por caminos impracticables y embarrados que no facilitaban esta labor. Lo que más temíamos se hizo realidad. Al llegar a la cumbre, una densa cobertura de nubes imposibilitó ver las fantásticas imágenes que ofrece esta atalaya. 
Un poco decepcionados emprendimos el descenso. Si subir fue penoso, bajar resultó mucho más difícil ya que te ibas resbalando a cada paso y mis huesos fueron a parar dos veces al mojado sendero. Valió la pena aunque fuese sólo por el ejercicio. Decidimos pues acercarnos un poco más al ferri que nos devolvería a Rivas para llegar luego al siguiente lugar, Granada. Como suele ocurrir en estos lugares las estaciones de autobús suelen resultar de lo más caótico. Voceros locos anuncian a viva voz el destino que tiene reservado cada autobús, además no pillan el sarcasmo ya que después de que un tipo de esos me estuviera gritando al oído a escasos centímetros el destino del autobús cuando le pregunte si iba a Granada me lo volvió a repetir como si fuese la primera vez. La bomba. 
Bueno, nos embarcamos hacia lo que se denomina la ciudad graciosa, pero no porque sus habitantes sean unos chistosos, si no porque al parecer ha sabido salir con más o menos suerte de diferentes contratiempos. Entre ellos el filibustero William Walker (echadle un vistazo a su biografía en la wiki que os vais a reír del pringao ese) que viendo perdida su causa la redujo a cenizas. 










Granada es bonita, para que vamos a engañarnos. Su casco antiguo parece sacado de una postal del siglo XVII. Sus casas pintadas de vivos colores te recuerdan mucho a las ciudades coloniales que encuentras por todo este continente. La calle principal te conduce al lago donde puedes acceder a dar una vuelta por las islitas que colindan con la ciudad. Desgraciadamente muchas de estas casas se han visto afectadas por la especulación. La falta de control por parte del gobierno ha hecho que en esta misma calle se combinen las casas coloniales con otros estilos arquitectónicos que no le pegan nada. Fuimos afortunados al llegar justo en el fin de semana donde celebran sus fiestas mayores. 
Las calles bullían de actividad y las gentes venidas de todos los lugares de Nicaragua disfrutaban de estas actividades. Conciertos, danzas, exposiciones y un simulacro de sanfermines nos acompañaron durante la estancia. Allá volvimos a encontrarnos con nuestros amigos Diego (alias el “Andrew” el del metro cuadrado de pilsen), Esteban (alias “Stephan” el de los pasajes a Rancagua) y Iary (alias “el tano”, alias “el artesano” el come niñas) .Nos contaron sus aventuras en la misma isla de dónde veníamos y pasamos un buen rato. Mientras nosotros nos dirigíamos a Honduras, ellos habían decidido hacer una pausa en León, pero por suerte nos volveríamos a encontrar en Utila ya en territorio hondureño.
Partimos después de cuatro días que nos habían ayudado a reposar nuestros cansados huesos. Una sucesión de buses y diferentes estaciones nos conduciría a la frontera hondureña, pero eso ya es otra historia. Lo que más me sorprende de los nicaragüenses es fu falta de orgullo, ellos junto a los vietnamitas han sido los únicos (de momento y a la espera de lo que pase en Afganistán e Irak) que han podido derrotar a los todopoderosos gringos a costa de las vidas de una generación entera de jóvenes que se dejo el alma luchando en los montes con el gobierno de Reagan que se escudaba en la “contra” y para derrocar un régimen democrático elegido en las urnas. Los mercenarios costarricenses, hondureños, salvadoreños y guatemaltecos junto a las tropas irregulares de Estados Unidos casi lograron acabar con el país en una cruenta guerra civil que duró más de 10 años. 
Pero pese a todo en su moneda se puede leer como lema “En Dios confiamos” que no es ni más ni menos la traducción literal del lema que acuña toda moneda estadounidense “In God we trust”. Hay mucho lugares turísticos por supuesto en los que si no hablas inglés no tienes nada que hacer. Sin ir más lejos tanto en Ometepe como en Granada casi todos los menús de los restaurantes estaban escritos únicamente en el idioma de Shakespeare. Es por eso que me sorprende que después de todo lo ocurrido se hayan vendido al omnipresente dólar. Si, entiendo que se tengan que buscar la vida, pero sólo hay que visitar los cementerios para ver la cantidad de chicos de entre 17 y 23 años que perecieron en la contienda. 
Me contaba el vigilante del Fuerte de la Pólvora (un viejo polvorín construido por los españoles en el siglo XVIII, al que nos dejaron acceder pese a estar cerrado y que era cárcel para presos políticos en la época de Somoza) que a él no le quedó más remedio que echarse al monte para no ser reclutado por uno u otro bando. 

Bueno, esta crónica la estoy escribiendo desde Utila en el Caribe hondureño donde estoy adquiriendo experiencia en buceo y aunque parezca mentira esto estresa un poquito. Así que la próxima ocasión que escriba os daré referencias sobre nuestra estancia en Honduras que aunque prolongada no nos ha dado tiempo a ver todo lo que queríamos. Un saludo enorme de estos dos mochileros viajeros que siguen recorriendo cada vez mas cansados.


Un beso para vosotras y un abrazo para vosotros de parte de Fer y Miguel.

lunes, 1 de agosto de 2011

CARIBE COLOMBINO Y BREVE PASO POR PANAMA Y COSTA RICA


Hooola de nuevo y como siempre, lo primero que hago es disculparme por la tardanza en escribir nuevas entradas. Este relato o estoy escribiendo desde Tamarindo en la costa pacífica de Costa Rica, pero desgraciadamente el mal tiempo nos ha estado acompañando desde que entramos en Centro América y mañana mismo Fernanda y un servidor saldremos echando virutas a Nicaragua donde esperamos que todo sea un poco más barato. Se nos ha unido Esteban, el compañero que desertó a la francesa para ir a ver a su selección jugar en la copa América y que por motivos que no vienen al caso nos volverá a abandonar a mediados de septiembre para volver a encontrarnos a en la segunda quincena de octubre de nuevo en Colombia. Bueno, vamos al lío...

Una vez superado el humillante paso de Venezuela a Colombia nos dirigimos como posesos a buscar el sol del Caribe colombiano.   
 Santa Marta nos recibió de noche después de muchas horas de bus. Aterrizamos en un hostel del terror con unas habitaciones que metían miedo y palpamos lo barato que podía representar pasar una temporada en la zona. Santa Marta se caracteriza por dos hechos; Fue la primera ciudad fundada en el continente sudamericano y testimonió el último aliento de Simón Bolívar sin ver cumplido su sueño de  convertir el norte del continente en un solo país cuyo fantástico nombre sería Gran Colombia. Aparte de eso, nada más. Sus playas son feas y sus aguas sucias. Sus habitantes contribuyen a este hecho arrojando todo tipo de desperdicios a lo que un día fueron unas aguas cristalinas. Hartos de este ambiente y deseosos de encontrar un lugar donde reposar nuestros cansados huesos nos dirigimos a Taganga. 

Este pequeño pueblo de pescadores enclavado al inicio del parque nacional Tayrona nos gustó desde el principio, sus calles de tierra se conjugaban con un ambiente cálido y acogedor. Su playa principal no tiene nada del otro mundo, pero encontremos un pequeño reducto de pescadores donde el agua te ofrecía una prístina visión del fondo marino. Nuestras comidas eran frugales al igual que nuestro sueño ya que justo al lado del hostel donde nos alojamos había un gallo que tenía el sueño cambiado y comenzaba a cantar a las dos de la mañana. Si a eso le sumamos que teníamos una iglesia evangelista puerta con puerta que realizaba exorcismos a chicas que habían aceptado al demonio como guía y que la única intención de los vecinos era demostrar que tenían los altavoces más potentes haciendo competencia territorial entre ellos, os podéis imaginar que no fue fácil encontrar un ratito para dormir a gusto.

 Para visitar el  parque Tayrona (donde estaban las mejores playas) tenías que transponerte al culo y encima pagando entrada al parque que gestionan sociedades europeas. Visto lo visto, nos marchamos a Cartagena donde nos esperaban playas y buen rollo. Dados los precios de la capital indiana, nos metimos en otro hostel que daba pena. Durante los dos días de estancia en la ciudad nos dimos cuenta que no se diferenciaba mucho de cualquier ciudad castellana que te podrías encontrar en nuestro país. Además el precio de los alimentos no favorecía a nuestra economía.


Tampoco había playas espectaculares y si querías visitar alguna, te hacían pagar entrada. Visto lo visto, de nuevo a Taganga. Esta vez elegimos para nuestro reposo una pensión cerca de la playa que aunque era un poco cara (20 euros) era mucho más confortable de lo que habíamos visto hasta ese momento. En total pasamos en Colombia 20 días. Luego tocaba marchar hasta Panamá. Dado que no hay vías terrestres que comuniquen ambos países, las opciones eran pocas. La primera consistía en pegarte un  tute de tres días para que te cruzaran en una lancha rápida, para una vez allí coger una avioneta que te dejaba en la capital y todo eso por unos módicos 170 €. La segunda opción era más cómoda, pero más cara. Consistía en esperar a un velero que te llevaba en un tour de 5 días navegando por el Caribe. La tontería te costaba 350 €. Escogimos la tercera opción que era la más rápida y no perjudicaba tanto nuestros caninos bolsillos. Compramos unos billetes desde Cartagena hasta Ciudad de Panamá. 


50 minutos de trayecto y nos plantaríamos en otro país. Para ahorrar una noche, decidimos apalancarnos en el aeropuerto y esperar el vuelo. Diego, que había estado apareciendo y desapareciendo de nuestras vidas cual  Guadiana chileno, apareció tempranito para descubrir que pasar a Panamá no sería tarea fácil. Las autoridades aeroportuarias nos informaron que para entrar en el país vecino, tenías que tener un documento que diese fe de que no nos quedaríamos en su territorio. Para eso teníamos que conseguir un ticket de autobús que justificara esa salida. Evidentemente la única compañía de buses que hacía esto no tenía la página web habilitada. Con el triste pensamiento de tener que quedarnos en Colombia o en su defecto tener que comprar un ticket de avión que no íbamos a utilizar, optamos por usar nuestros encantos para conseguir que la supervisora del turno nos hiciera un ticket falso y así pasar sin problemas. Gracias enormes a Inés de Copa Airlines por la ayuda prestada. En territorio panameño, nuestra intención era dirigirnos a la zona franca donde nos habíamos prometido comprar tecnología a un precio aceptable. Pero nuestro gozo en un pozo, ya que la zona franca no se encontraba en Ciudad de Panamá si no en Colón, a 45 km.

 El trayecto era de dos horas y nos comentaron que los mismos productos los podríamos encontrar en el Mall de la estación central de buses conocida como Allbrock. Estábamos buscando libros digitales, pero al parecer la población panameña no es muy dada a leer y por lo tanto no había demanda de estos artículos. También nos llamó la atención la cara que ponían los dependientes cuando les preguntábamos por los e-readers o e-books dándonos a entender que no tenían ni puta idea de lo que les estábamos hablando. Frustrados, aprovechamos la coyuntura para pillar los billetes del bus que nos trasladaría a Bocas del Toro. Un amiguete nos desaconsejó visitar el archipiélago de San Blas ya que estaba lloviendo mucho y las previsiones meteorológicas no nos favorecían.
Después de un viaje del horror con el aire acondicionado a full (donde tenías más la sensación de viajar dentro de un congelador que otra cosa) durante todo el trayecto y acompañados por esos infatigables viajeros descendientes de la tribu de David y que hacen gala de su nacionalidad gritando como posesos en una conversación con la persona que tienen al lado para dar fe de que son israelitas, llegamos a Bocas del Toro.

 Para llegar a la isla de Bastimentos, primero teníamos que pasar por la isla de Colón donde se concentraban la mayor parte de los mochileros. En Bastimentos descubrimos que sus habitantes hablan un raro dialecto mezcla de español, inglés e isleño que entiendes sólo a medias. El lugar era muy tranquilo y sus gentes agradables. Nos informaron sobre una playa al otro lado de la isla donde para llegar tenías que recorrer un sendero que atravesaba la selva. El trayecto nos descubrió la cara oculta de la isla y vimos la naturaleza salvaje en toda su exuberancia. Lo malo es que el agua estaba bastante agitada y la resaca no te dejaba bracear más de dos metro sumado a esto, el tamaño de las olas impedía un baño tranquilo. Al día siguiente nos encaminamos a la frontera con Costa Rica en Guabito, una de las más conflictivas de centro América. Los trámites fueron fáciles para salir, pero nos volvieron  exigir un documento que justificara nuestro próximo destino, para eso, volvimos a tirar del documento que nos habíamos conseguido en Colombia. Fue suficiente. 250 km era la distancia que separaba la frontera con la capital costarricense. Nos sorprendió bastante tardar 6 horas en recorrer esta distancia, me pasó algo parecido en Nepal. Al parecer el hecho de que casi todo el país sea parque natural protegido por la UNESCO hace que no se creen infraestructuras viarias de calidad. No nos vamos a engañar Costa Rica es el país con la renta per cápita más alta de centro América y eso tiene un precio. El precio se paga por el alojamiento y la comida ya que el transporte no es muy caro.
 
 La capital, San José no tiene grandes atractivos y es sólo un lugar de paso para los que visitan el resto del país. Aprovechamos la tregua que nos dio la lluvia para pasear por el centro y darnos cuenta de que los precios de la mayoría de los artículos expuestos en los escaparates estaban al mismo valor que en Europa. La lluvia de nuevo arruinó nuestro paseo. Al día siguiente partimos para Tamarindo o como se conoce coloquialmente “Tama gringo”. Este es el destino preferido para los surfers de todo el mundo en especial los norteamericanos. Tal es el grado de integración local que en el hostel donde nos alojamos los recepcionistas no hablan español. Esto no se nos hace un drama ya que por suerte somos multilingües, pero, nos pareció un poco raro. Sigue lloviendo intermitentemente, lo que no nos permite disfrutar de sus playas ya que no concebimos el mar sin sol. Quizás sea un error, pero es lo que hay. Colombia nos ha encantado, es un muy buen lugar donde pasar una temporada y el carácter de su gente ayuda mucho. En Panamá no hemos visto todo lo que hubiésemos querido ya que si has de visitar algún lugar lo preferible es que el tiempo acompañe y este no ha sido el caso.
 Costa Rica muestra su exuberancia y a su lema “Pura Vida” le podríamos añadir ¿pero, a qué precio?. Sinceramente, por lo que estamos pagando aquí por una habitación compartida podríamos estar en cualquier lugar de la zona en una privada con todas las comodidades que nuestros cansados cuerpos nos demandan cada vez más a menudo. Y llevamos 9 meses de viaje y eso nos pesa. En breve partiremos para Nicaragua donde pensamos estar unos diez días en función de cómo nos encontremos y así continuar nuestro viaje. Ya os explicaremos nuestras sensaciones en una próxima entrada. Gracias por estar ahí y seguirnos fielmente. Un saludo para vosotros y un besito para vosotras.

Fernanda y Miguel