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viernes, 2 de septiembre de 2011

HONDURAS, MUCHO TIEMPO, POCA CHICHA.


Saludos de nuevo. Bueno esta vez he tardado menos en realizar esta crónica ya que en el momento de escribirla estamos en medio de una lucha social y una movida que hay en Guatemala. Detenidos a unos 50 km de la capital por una manifestación de maestros que al parecer no reciben su sueldo a tiempo y han decidido cortar todas las vías de entrada a la capital guatemalteca. O sea que así está el tema ya llevamos aquí 4 horas y creo que nos quedan otras tantas para que desaparezca el tapón. Y para aprovechar el tiempo os describiré nuestra estancia en Honduras, 23 días donde casi no hemos visto el país pero que se ha aprovechado al máximo.

Entramos desde Nicaragua después de una mega maratón de trasbordos en buses cutres y carreteras penosas. Sobre las 4 de la tarde pasamos la frontera con Honduras subidos en un triciclo a pedales. El tipo se comprometió a pasar los 3 km y dejarnos en el terminal sanos y salvos pese a las reticencias que nos causó ver a un tío canijo que pedaleaba cual Induráin de pacotilla con los cerca de 200 kg que llevaba de peso. Un minibús nos llevó Choluteca, donde teníamos que pillar un bus hasta La Ceiba, puerto de salida hacia las Islas de la Bahía. Después de buscar un hostel medio en condiciones, nos dimos cuenta que habíamos aterrizado en otro alojamiento del miedo. El sitio era de los más cutres que habíamos estado (y hemos estado en sitios cutres, cutres), pero nos consolaba el hecho de tener la estación de autobuses justo al lado. Eso nos ahorraría caminar los 300 metros. que nos separaban de la otra terminal. Pero dado que el bus salía a las 04:00 h. de la mañana no nos pareció conveniente caminar a esas horas intempestivas por un callejón que parecía la boca de un lobo. Como os comentaba a las 04:00 h. de la mañana agarramos el bus de semi lujo que nos llevaría a El Progreso (ciudad a unos 150 km de nuestro destino). El plan era perfecto; Salimos a las cuatro, llegamos a Progreso a las 10:00 h. y a La Ceiba a las 12:30 h. Esto claro está según nos explico el amable boletero nos evitaría pasar por Tegucigalpa y nos permitiría descansar un poco antes de pillar el barco hasta Utila. 

Pero como casi siempre pasa en estos lugares, la gente son unos vende motos. A las 06:00 h. de la mañana, observé con preocupación que nos dirigíamos a Tegucigalpa en concreto al centro de esta fea ciudad a la par capital de Honduras. Al preguntarle al chofer la causa o motivo de tal contrariedad me contestó que la “unidad” se había quebrado, dando a entender que se había roto el bus. Lo cierto es que el bus iba de maravilla, pero para completar el siguiente vehículo que se dirigía al mismo punto decidieron dejarnos colgados casi tres horas en una estación de buses cutre de cagarse. Antes mis protestas me indicaron que no me preocupase que llegaríamos a El Progreso a las 11:00 h. con tiempo de sobras para pillar otro bus hasta nuestro destino. Naturalmente eso no ocurrió y aterrizamos en El Progreso a las 13:00 h.
Como la cosa progresaba le pregunté al conductor si en la misma estación de buses se podía pillar el bus que nos trasladara a La Ceiba. El tipo me miró de reojo y imitando al Jefe Wigunn me dijo “que sí, que sí”. 

En realidad no existía tal estación, si no que nos abandonaron en una gasolinera (aunque bien mirado sí que se trataba de una estación, pero de servicio), donde nos teníamos que buscar la vida para agarrar el vehículo. Cuando por fin apareció el ansiado bus, el garrulo que conducía nos dijo que tardaríamos unas 3 horas para recorrer los escasos 150 km que nos separaban de La Ceiba. Pero que no nos preocupásemos por que llegaríamos a tiempo para pillar el barco que salía a las 16:00 h. También le preguntamos si nos dejarían cerca del puerto, su respuesta me mosqueó un poco ya que aparte de hacer otro Wigunn, nos dijo que “relativamente”, no pilló el sarcasmo cuando le pregunté si lo de relativamente se refería al espacio o al tiempo y se limitó a mirarme con cara de pez. Naturalmente cuando nos volvieron a abandonar en otra estación de servicio cual perritos en verano, nos dimos cuenta de que necesitaríamos un milagro para llegar a nuestro destino ya que eran las 15:50 h. y teníamos que tomar un taxi hasta el puerto. El conductor del mismo nos dijo que no llegábamos ni de coña, pero ante la perspectiva de ganar 50 lempiras más de las 100 que me pedía por el trayecto, se transformó en un Fitipaldi suicida que casi nos causa un ataque cardiaco al ver como adelantaba en un puente o en un cambio de rasante sin visibilidad. Llegamos al puerto justo cuando el barco se distanciaba a paso lento del muelle de pasajeros. Visto lo visto, paguemos al “chumaquer” lo prometido y nos metimos en un hotel (este por lo menos era bueno) a pasar el resto del día para a las 09:30 del siguiente pillar el barco de la mañana. Ya tempranito nos dirigimos a la terminal del ferri para asegurarnos una plaza en el ansiado bote. Una hora después nos encontrábamos en Utila. 

Este lugar pertenece a las denominadas Islas de la Bahía que hasta el año 1860 habían pertenecido a los hijos de la Gran Bretaña. Más o menos por ese año acordaron los dos gobiernos intercambiar estas islas por lo que se conocía anteriormente por el Belice hondureño que era casi la mitad de lo que es ahora el actual territorio. Naturalmente los pobladores no estaban muy de acuerdo con esta medida y protestaron airadamente a las autoridades hondureñas que no les hicieron ni puto caso por el mero hecho de que los habitantes de las islas sólo hablaban inglés y los hondureños el español de aquí, que entre otras sutilezas le dicen “zipote” a un niño pequeño, en fin así están las cosas. Los colonos han intentado varias veces independizarse de este país para pasar a formar parte de nuevo de la Commonwealth, la última intentona fue no hace mucho, pero al parecer ambos gobiernos no están muy por la labor, así que su forma de protestar no es otra que negarse en redondo a hablar el idioma de Cervantes. Bueno a lo que voy que me estoy liando  demasiado. 

Al desembarcar nos abordaron varios “flayeros” que son los que captan gente para realizar los cursos de buceo y las inmersiones.
En un principio teníamos pensado ir a uno que nos habían recomendado encarecidamente, pero resulta que el imbécil que repartía los “flayers” de ese dive centre o centro de buceo, se dirigió a mí, me miro como si me hubiera tirado un pedo y me dejó con la mano colgando esperando el documento que me llevaría a su centro. Así que decidí pasar de ir al lugar y aceptar la oferta que me ofrecía una simpática hondureña. El centro era el Alton´s. después de una dura negociación lleguemos a un acuerdo que nos beneficiaba a los dos. Yo haría los tres cursos (que en realidad eran cuatro) por una módica cantidad (en comparación de lo que se está cobrando en España) y a cambio recibía una habitación doble para Fer y para mí abonando por Fer el precio de un dormis común, o sea que, de puta madre. Los tres cursos, el Open Wáter, el Advance y el Rescue (incluyendo primeros auxilios y atención secundaría) nos tendrían en la isla unos 12 días, por lo que ya nos iba bien para descansar un poco los huesos. A continuación paso a describir la rutina del buceo. No me voy a extender mucho ya que no me quiero hacer pesado. Te levantas súper temprano, lo preparas todo y a bucear. 

Utila tiene la segunda barrera de coral más grande del mundo, sólo superada por Australia. Lo que ves allí bajo el agua es espectacular, todos los peces de arrecife que puedas imaginar, además de todo tipo de coral, duro y blando. Parece que las especies se pelean por que las observes. Allí las aguas son turquesa y con una transparencia prístina así que si no te convence el buceo te puedes dedicar a hacer snorkel que vas a ver lo mismo pero desde arriba. El Open Wáter te enseña a bucear, el Advance te perfecciona permitiéndote hacer inmersiones de hasta 30 metros. y buceo nocturno (pedazo de experiencia con las luminiscencias en el agua cuando apagas las linternas) y finalmente el Rescue te forma como buzo de rescate, o sea que aparte de recordarte los principios de los primeros auxilios te enseña cómo actuar en caso de que a un buzo le dé un telele, cosa que pasa más a menudo de lo que parece. Lo cierto es que por motivos ajenos a mi persona la estancia se alargo hasta los 19 días. En ese periodo de tiempo y mientras yo me arrugaba cual shar pei, Fer se dedicaba a explorar la isla.

 En las breves ocasiones que pude compartir con ella la experiencia de caminar alrededor de la zona habitada del lugar pude comprobar que en su mayoría estaba compuesta por suelo coralino que seguramente había quedado descubierto en la última glaciación y por restos de un antiguo volcán ya extinto. También el estar tanto tiempo en un lugar nos brindó la ocasión de conocer gente excelente, empezando por Kris mi instructor, un polaco de apenas 25 años que salió de su país natal en busca de venturas y fue a parar a Lanzarote donde conoció a Kelly una australiana que se estaba dedicando a dar clase de buceo. 

Ambos decidieron hacer de su capa un sayo y dedicarse profesionalmente a este oficio. Y así llevan varios años. Conocimos también a dos barceloneses Mar y Alberto con los que pasamos excelentes momentos compartiendo y departiendo anécdotas.
 Ángela es una bióloga marina que procede de la capital y que trabaja a media jornada en el centro de buceo, a veces en la administración y a veces como dive máster. Tiene la suerte de estar guardando una casa a unos amigos en la isla y dedica su tiempo libre en realizar proyectos de desarrollo en su campo por lo que estar en la isla le permite interactuar con el entorno. 

Ella aportaba la base cultural a nuestras conversaciones. También estaba por allá Maila, una perra salvavidas (no, no me estoy refiriendo a esa clase de perras que te salvan la vida en ciertas situaciones a cambio de unos leuros), si no a una preciosa golden retriever que hacía las delicias de los  que allí estábamos y que estaba entrenada para rescatar náufragos. Bueno entre unas cosas y otras fuimos habituándonos a ver cada día las mismas caras y al carácter diferenciado que hay entre los habitantes de la isla y los que han ido a parar allí por necesidades laborales. 

Los isleños se desplazan por la única carretera de circunvalación de la zona civilizada del lugar (lo digo porque tres cuartas partes de la isla se encuentran deshabitadas por la rudeza del entorno, entorno que cuenta con manglares pantanosos, mosquitos caníbales, montañas infranqueables, lagunas profundas  y cocodrilos que alguna vez se han merendado a un turista desaprensivo) en unos carritos de golf, te miran como si fueras un estorbo y como ya he comentado antes pasan de hablarte si no les hablas en el idioma de la pérfida Albión. Por el contrario los hondureños que se han desplazado al lugar por motivos laborales son simpáticos y abiertos y siempre que pueden te invitan a conversar con ellos. En fin los días pasaban y mientras yo disfrutaba como un cochino,  mi estimada Fer se aburría como una ostra. 

Los días eran largos y ella los aprovechaba dando largos paseos, leyendo y cogiendo el color tostadito que tanto me gusta. De nuevo nos encontramos con Diego y Esteban, acompañados esta vez por dos chicas que habían encontrado por el camino. Una vez terminaron el curso se marcharon hasta la próxima vez que nos encontremos que creo que será ya en Colombia. Abandonar la isla no nos significo un trauma, ya que aparte de bucear y emborracharse no hay nada más que hacer. Bien tempranito, nos pillamos primero el ferri que nos devolvería a La Ceiba y después un autobús a todo lujo (a estas alturas del viaje, estamos hasta las narices de sollarnos las rodillas y de pasar malos momentos en los incómodos buses que circulan por todo centro América), bueno el lujo es que nos pusieron un par de pelis y tenía aire acondicionado nos dirigimos a Copán. 

Antes hicimos una breve escala en San Pedro Sula un lugar donde se cometen una media de 15 homicidios diarios, como para plantearse poner un negocio aquí. Continuamos nuestro trayecto arribando ya de noche a Copán, una de las joyas arqueológicas más importante de la cultura Maya. Copán Ruinas (para diferenciarla de Santa Rosa de Copán) es un pueblecito a apenas 12 km de la frontera con Guatemala, eso hace que tanto los que visitan uno u otro país pase por aquí de manera casi obligada. Allí nos instalamos en un apartamentito muy cuco a una cuadra del centro.
En la ciudad no hay mucho que ver ya que es diminuta, pero naturalmente tiene el yacimiento arqueológico por la que es conocida. Justo en frente de nuestra temporal morada había una casa de comidas típicas donde Doris se encargaba de alimentarnos. Esta señora junto a sus dos hijas, había huido de San Pedro Sula donde tenía un negocio parecido huyendo de las “maras”, las peligrosas bandas cuya presencia es constante en todas las capitales de centro América y que se dedican a extorsionar comerciantes a cambio de garantizarles que no les quemaran el negocio o que no les pegarán un tiro. La bomba, vamos. Al día siguiente muy de mañana nos fuimos dispuestos a ver las ruinas. 

Allí nos unimos con dos barcelonesas con las que compartimos guía y experiencias. Al parecer el antiguo Copán llegó a estar habitado por  20.000 almas en su periodo de máximo esplendor hacia el siglo VI de nuestra era. Durante la conquista española fue redescubierto y luego olvidado de nuevo. A finales del siglo XIX las diferentes universidades (sobre todo británicas) pusieron sus ojos en el sitio arqueológico viendo una oportunidad de tener en su país muestras de todas las culturas del mundo. Es por eso que varias expediciones se dedicaron durante casi toda la mitad del siglo pasado a desenterrar y saquear el lugar.

Dado que el rio hacía peligrar el yacimiento, se decidió desviar su curso para evitar que el agua se llevase las joyas arquitectónicas de la cultura Maya. Una plaza central rodeada de estelas, que son unas figuras en piedra representando a sus mandatarios y de altares de sacrificio, varios templos, unas gradas con la historia de la ciudad escrita en petroglifos  y varias zonas residenciales componen el complejo. Después de la visita nos dirigimos a las Sepulturas, que no es otra cosa que otro asentamiento residencial. Después de la visita, Doris nos volvió a deleitar con su muestra gastronómica. Dejamos pasar el día y nos acostamos prontito para viajar a Guatemala, en concreto a Antigua. Como decía en el titulo de esta crónica, hemos estado en este país cerca de un mes y sólo hemos visto dos lugares, pero estas cosas pasan, no nos queda más remedio que consolarnos pensando que lo que nos queda, se verá en otra ocasión. Bueno, al parecer ya se ha terminado la huelga de maestros y seguimos camino. 

Actualizaré lo antes posible el blog ya que en Guatemala estaremos apenas una semana. Espero que os haya gustado el relato, un tanto corto esta vez.
Seguidnos como siempre a través del Facebook y dejad vuestros comentarios en este mismo blog. Os agradecemos vuestra fidelidad.
Se despiden como siempre deseando lo mejor para vosotros Fer y Miguel.

2 comentarios:

  1. Hola chicos, saludaros de vuelta en Barcelona.
    Espero que vuestro viaje continue igual de bien como cuando os dejamos en Copán. No habéis comentado nada de nuestra magnifica cocinera Doris!!. Muchos Bss

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  2. Cuando Vital lea esta entrada se le pondrán los dientes laaaaargos porque este verano "hicimos" el bautismo y se quedó con ganas de muuucho más, a poder ser, en algo más "tropical" que la costa brava...lo de hicimos va entrecomillado porque yo no pasé del medio metro de profundidad, harta de flotar y darme la vuelta, pese a los plomos, cual pececillo moribundo e hiperventilando al borde del ataque de nervios. En fin, que no estoy hecha para el buceo...y no me extraña eso de que los yu-yus sean tan habituales, es que eso de bucear es lo más anti-natural, junto con lo de volar, que hacen los seres in-humanos!!!!!

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