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domingo, 12 de junio de 2011

ATRAPADOS EN MANAUS (ampliando en resumen)

Saludos amigos, amigas, desconocidos demás que seguís este blog. Lo primero como siempre agradecer vuestras muestras de cariño y apoyo que recibimos cada vez que se publica una nueva entrada en nuestro diario. Especialmente para Edith que siempre sabe dar ese puntito acido que la caracteriza. Para empezar me gustaría hacer una rectificación sobre Belem y que se publicó en la anterior entrada. Belem no está en la desembocadura del rio Amazonas como nos hace creer el mapa que publica el Lonely Planet en su afamada pero desinformada guía Sudamérica para mochileros. En realidad el Amazonas desemboca unos 200 km al norte de esta ciudad. Dicho lo cual, vamos al pastel. Después de repasar el resumen publicado en la anterior entrada consideré que sabía a poco y he decidido ampliarlo para que vosotros os hagáis una idea más amplia de lo que hemos visto.

 Rio nos sorprendió con su amabilidad y su influjo deportivo y de ciudad cosmopolita. Nuestras visitas al Cristo Redentor y a Pan de Azúcar  fueron las actividades típicas e ineludibles que hacen todos los visitantes que acuden a esta metrópolis. Largos paseos por las famosas playas de Copacabana, Ipanema y Leblon se salpicaban con sesiones de  tueste epidérmico en estas mismas playas. Rápidamente me aficioné a la bebida local; el guaraná. Y a su homólogo en lo que a granizados se refiere; el açaí. Descubrimos que el portugués no difiere mucho del catalán por lo que se puede llevar una conversación  con un
 carioca sin problema alguno. La seguridad se palpa en todo momento ya que no andas 10 metros sin toparte con una patrulla de las diferentes policías que compiten por ser las más chulas y pirulas. Con tristeza en el corazón nos despedimos de la urbe para dirigirnos a Salvador de Bahía, de donde habíamos recibido unas referencias excelentes. Para evitarnos las 15 horas de trayecto en bus, nos decidimos a tomar un avión que nos costó prácticamente lo mismo. Mientras nos dirigíamos al centro de la capital bahiana, pudimos observar la gran diferencia que marca una ciudad de otra. 

 Los suburbios exteriores de Salvador están salpicados por viviendas a medio derruir, cosa que pasa exactamente con el centro de la ciudad.
 Una rápida visita a este centro histórico nos enseño una cara de Bahía que desconocíamos. Nos pareció una ciudad deprimente, llena de gente que te agobia pidiéndote dinero que evidentemente no tienes intención de darle (ya que seguramente lo utilizaría para comprar su dosis de oxi, una droga que está causando estragos entre los adictos), pero con una actitud amenazadora. La presencia de la Policía Militar disuade a esta legión de pedigüeños de ser más agresiva. Nos desilusionó un poco ver este panorama.

 Calles sucias, edificios derruidos, indigentes. Y como contrapunto, una iglesia cuya cúpula interior está decorada por 700 kilos de pan de oro. Una locura. Y para colmo, llovía. Nos consuela saber (después de haber hablado con otra gente que la había visitado años atrás, que al parecer antes estaba peor). Ante este panorama decidimos pirarnos hacia el norte y de paso probar los buses autóctonos y sus carreteras. Cometimos el error de tomar una compañía que era un auténtico desastre aunque era la única que se dirigía a Maceió. La empresa de marras se llama Bonfim. Aunque no hace honor a su nombre ya que ni es Bon y casi no tenemos Fim. Me limitaré a decir  que si visitáis estas tierras evitéis tener ninguna relación con esta compañía. En el trayecto el bus se rompió dos veces y lleguemos casi cuatro horas después a nuestro destino. Evidentemente eludieron toda responsabilidad aún amenazando de denunciarlos a la Asociación Nacional de Transporte Terrestre, que al parecer los titulares de esta empresa se pasan por el forro. Después de pasar la primera noche en el hotel de “Psicosis” (con rata incluida, que se me coló en la mochila, no sé, ¿para ver mundo?) nos desplacemos a la zona de playas para comprobar que este era un lugar típico de veraneo para los autóctonos y que no eran muchos los foráneos que visitaban la ciudad. Las playas estaban sucias aunque el ambiente no estaba mal del todo. Más sesiones de tueste nos ayudaron a pasar unos días en lo que podíamos denominar el Benidorm brasileño. De nuevo decidimos encaminarnos al norte con destino a Natal. Los autobuses aquí tienen que bregar con las carreteras desastrosas y con las estaciones de bus encuadradas en el sitio más céntrico de las ciudades, por lo que te comes las colas kilométricas a la entrada y a la salida.
Como Natal también nos recibió con lluvia en la misma terminal decidimos pirarnos sin echar la vista atrás. Fortaleza sería nuestro siguiente destino. Una lluvia inclemente nos acompañó durante todo el viaje y nos dejó como regalo unas inundaciones que metían miedo. De camino a la terminal estuvimos cerca de tres horas para poder vadear una especie de lago que se había formado en el centro y que sólo la altura del vehículo consiguió salvar saliendo indemnes. Ante esta perspectiva, consultamos nuestra guía de viajes y decidimos continuar (¿para qué vamos a parar en una ciudad inundada?) hasta Jericoacoara. 

 El trayecto se suponía que teníamos que realizarlo en escasas 4 horas pero hasta llegar a nuestro destino pasaron 7. Como os comentaba en el anterior relato, Jeri se encuentra enclavada en medio de un parque nacional, para llegar a esta pequeña villa de unos 600 habitantes hay que tomar un camión 4X4 que  circula  por el litoral y cruza dunas de arenas amarillas. Lleguemos al Jeri- Brasil Hostel, regentado por Ramis, un excelente anfitrión que nos rebajó lo suficiente el premio de la habitación como para quedarnos los 9 días que allí estuvimos. El ambiente en Jeri es calmado. 

 Nuestras jornadas empezaban a las 7 de la mañana tomando un potente desayuno para después encaminarnos a las interminables playas que bordean esta península. Después de caminar unas tres horas en las que departíamos con los locales mientras observábamos pasmados las artes de pesca que se gastan por aquí y nos perdíamos entre dunas para descubrir pequeños lagos de agua dulce formada por la lluvia, donde estabas completamente solo (bueno, solo no, con la compañía e una cabra que pasaba por allí) volvíamos agotados al hostel donde comíamos un frugal ágape y nos dedicábamos a no hacer nada. Tomar el sol, pasear, beber zumos de frutas deliciosas, largas charlas con los otros huéspedes del hostel, nos sirvieron para pasar esos estupendos nueve días. Nos fue bien ya que nuestro siguiente destino se situaba nada menos a 36 horas (bueno en realidad 30, ya que nos hicieron esperar en una terminal las otras 6). La anterior crónica la escribía deprisa y corriendo desde Belem, donde arribamos entrada la tarde.

Después de comprobar el  decepcionante  hostel que recomendaba el Lonely Planet, la biblia del viajero (escrita seguramente por un australiano borracho que no estuvo en él nunca) optamos por dirigirnos a la zona portuaria para adquirir los billetes del barco que nos habría de llevar rio arriba hasta Manaus. En el hostel coincidimos con dos muchachos  chilenos que están haciendo el mismo recorrido que nosotros (aunque ellos llevan un Jeep Patriot) y quedamos en esta ciudad para continuar el viaje juntos compartiendo gastos. Conseguimos un camarote con aire acondicionado en un moderno catamarán que se convertiría en nuestro hogar durante 5 días. Tenía tres puentes, el primero ocupado por hamacas de los autóctonos con pocos recursos, el segundo por los camarotes y por los autóctonos con más recursos que cuelgan sus hamacas en una sala con aire acondicionado.

 La espectacularidad del viaje es muy difícil de describir. Toda clase de pájaros ribereños así como delfines grises y rosas nos acompañaron durante el trayecto, además de observar cómo vive la gente de aquí que salpica las orillas de rio con sus casas sobre pilares para prevenir las inundaciones que cada año hacen subir el nivel del agua hasta dos metros. Lo cierto es que fue un viaje relajado, teníamos películas para ver cuando se iba la luz diurna y si el cielo estaba despejado podíamos observar las estrellas con la tranquilidad que te da saber que aquí no hay contaminación lumínica. 

 Atracamos en Manaus sobre las 2 de la mañana, pero , no sería hasta el día siguiente, bién temprano cuando nos dirigimos al hostel. Manaus es el último punto civilizado del estado de la Amazonia. Casi dos millones de habitantes se pelean por un espacio que no existe (sobre todo en el centro). Tiene su zona franca (que ni es zona ni es franca a juzgar por los precios). Un Teatro de la Ópera. El puerto. Mercados de fruta, verdura, carne y pescado. Varios museos. Y ya está. Es una ciudad para estar como máximo 3 jornadas. Y llevamos aquí (a la hora de escribir esta crónica) 6 laaargos y tediosos días. La espera. Lo cierto es que en un viaje tan largo, los periodos de espera suelen ser abundantes. Esperas en estaciones de tren, de autobús, de barco, esperas y esperas. No le das importancia ya que no es más que una gota de agua en el vaso de de un viaje extenso.




Pero claro la cosa cambia cuando no hay nada que hacer más que pasear bajo un sol de justicia que castiga el cuerpo desde las 7 de la mañana hasta las 18:00 h. Y por la noche te has de recoger prontito ya que no es muy seguro para el “gringo” moverse por estas calles nada seguras a ciertas horas. Estamos esperando a los chicos con los que quedamos en Belém. Pero al parecer han hecho una pausa en el camino y han de llegar entre hoy y mañana o sea que nos vamos a comer aquí casi 10 días entre pitos y flautas. La verdad es que estamos esperando porque entiendo que vale la pena la espera. Entre 4 los problemas son menos y generalmente los mochileros que viajan solos se suelen unir a otros para formar piña. Nos queda el consuelo de pensar que aunque tuvieran aquí no podríamos  partir ya que la ruta que lleva a Boa Vista y después a Venezuela está cortada por las inundaciones y se desconoce cuándo se podrá pasar. Bueno, supongo que la próxima crónica la haremos desde ese lugar, un país cuyo dirigente ha dado perlas tan interesantes como –“Aquí huele a azufre”- y provocado otras-“¿Por qué no te callas?, pero, eso es harina de otro costal. Ahhhhh!!!!! Si tengo tiempo y ganas escribiré un aparte de nuestra experiencia en el Banco do Brasil con un personaje que si definiera de retrasado estaría insultando a este colectivo (que por otra parte merece el mayor de mis respetos). Creo que lo llamaré ¿Quién es el tonto aquí?. Lo dicho, besitos para vosotras, abrazos para vosotros y espero que no os aburran mucho  estos relatos.
Un saludo.
Fer y Miguel

miércoles, 1 de junio de 2011

No tengo edad para estas mierdas.......Un rápido resumen.

Hooola amigos, amigas y desconocidos que seguís este blog. Agradecer también los mensajes de las personas que se van uniendo a este blog para compartir nuestras aventuras. Lamento como siempre el retraso a la hora de mandar estas crónicas, pero suele suceder que cuando no estamos de viaje, estamos reposando y por lo tanto no hay muchas ganas de escribir nada. En este momento nos encontramos en Belem a orillas de la Bahía de Guajará y en uno de los multiples brazos en los que se divide el rio Amazonas en su desembocadura. En un par de horas nos embarcaremos remontando este río hasta Manaos en un viaje de 5 días. Lo que pase en este viaje os lo contaré en el próximo relato. De momento os comento de manera muy resumida, por el tiempo que nos queda antes de tomar el barco, nuestro mes de estancia por este vasto país.
Aterricemos en Rio de Janeiro con las noticias de que se estaba desalojando un barrio de favelas de narcotraficantes y que la policía había entrado a este a sangre y fuego, las imágenes no engañan, cuatro policías descienden de las favelas con un cadáver envuelto en una sabana. Estos se paran delante de la cámara y muestran el rostro del narco y los más de 10 impactos de bala que lo han quitado del tabaco. Con esta perspectiva, claro, no esperábamos el recibimiento que tuvimos. Los amigos de Rio Rockers nos alojaron en su pequeño hostel y nos dieron durante 7 días el cariño familiar. Nos comentaron que no había peligro, que estabamos lejos de las favelas y que la presencia policial disuadía a cualquier gualtrapa que se aventurase por la zona de Copacabana, que era donde nos alojábamos. 

Rio es la ciudad de la luz, durante los dos primeros días nos dedicamos a ver lo típico del lugar, el pan de azúcar, el Cristo Redentor del Corcovado, el centro histórico. Nos faltó ver el mítico estadio de Maracaná, pero a los que pasamos del futbol casi que no nos importa. Después nos dediquemos a pasear por Copacabana, Ipanema y Leblon, que son las principales playas de la ciudad o por lo menos las más populosas. Decía que Rio era la ciudad de la luz ya que sus habitantes te transmitían una simpatía que distaba mucho con el carácter algo agrio que tenían los brasileños que hasta ahora había conocido. La vida en la ciudad empieza pronto, con los primeros rayos de sol, los cariocas se dedican a hacer sus trabajos habituales, y sorprende ver la cantidad de personas que utilizan el paseo marítimo para hacer deporte, de todas las edades y condiciones. La gente no tiene complejos, aunque (aviso a navegantes) en las playas, las tipas despampanantes de cuya fama se enorgullece esta ciudad, se han podido contar con los dedos de una mano, o sea, ¿leyenda urbana?. Con mucha pena nos despedimos de Rio con el compromiso firme de volver en un futuro. 
Si Rio de Janeiro es el sol, Salvador de Bahía es la sombra, bueno, en realidad creo que Rio hace sombra a todo el país con raras excepciones. Bahía nos provocó la sensación de ciudad deprimida. Sus calles están sucias y el ambiente es demasiado opresivo para permanecer más de dos días en el lugar. Brasil tiene un gran problema que ha de resolver antes de que en el 2014 se celebre la copa del mundo de futbol. Aquí para dar un paso hacia adelante, tienes que dar dos pasos hacia atrás.
Si quieres ir a Praia do Forte, tienes que avanzar 4 horas por carreteras que darían miedo a los participantes del Paris-Dakar desde Bahía, pero para seguir hacia adelante, luego tienes que retroceder estos 400 km y comenzar de nuevo. Así con todos los puntos turísticos importantes. Decidimos pasar de Recife e ir a Ceará, que era el único punto que nos permitía avanzar sin tener que retroceder. Bueno no puedo decir mucho de este lugar, se parece a cualquier ciudad costera española. Nos encaminamos hacia el norte con a vista puesta en Natal, pero como nos recibió con una lluvia que daba miedo, continuamos hacia Fortaleza, también lloviendo, así que decimos hacer parada y fonda en un lugar del que nos habían hablado y que estaba realmente retirado del mundo. 
Os hablo de Jericoacoara, un paraíso en la tierra, pero como todo, vivir en el paraíso tiene su precio. Para llegar hay que vivir una verdadera aventura a bordo de un camión de los 50´s que te lleva por la playa y atraviesa dunas de arena blanca. Una vez allí, nos alojamos en el Jeri-Brasil Hostel, regentado por Ramis donde estuvimos los más fantásticos 9 días de nuestro viaje por Brasil. Es un lugar de ensueño con dunas, playas desiertas e interminables y lagos de agua dulce que son la delicia para la gente que como yo no es muy partidaria del agua salada. A base de tomar el sol, conseguimos un moreno espectacular del que vacilamos con la gente. 
Pero todo tiene su fin. Con una tristeza enorme abandonamos el que fue nuestro hogar durante más de una semana para encaminarnos  a donde nos encontramos ahora. Más de treinta horas en un bus infame, que paraba en todos los putos pueblos y cuyo conductor no tenía otra intención que pillar todos los baches y agujeros de la carretera. Agotados llegamos a Belem con un calor insoportable. Esta misma mañana hemos comprado los tikets del barco que nos llevará aguas arriba hasta Manaos. Pero esto ya es otra historia.



jueves, 5 de mayo de 2011

A POCAS HORAS DE PARTIR...

Saludos seguidores de este blog, que no pretende ser otra cosa que un vehículo de transmisión de nuestras experiencias a lo largo de un viaje que nos está llevando por estas tierras hacia un destino desconocido.

A pocas horas de abandonar lo que ha sido nuestro hogar durante 4 meses, me gustaría hacer una pequeña reflexión de lo que ha representado nuestra estancia por aquí. En primer lugar he confirmado lo que dicen sobre que más vale caer en gracia que ser gracioso y también que todo lo bueno viene de fuera (aunque no estoy seguro que este sea mi caso). Cuando aterrizamos en Puerto Iguazú nuestras expectativas se limitaban a estar por aquí un corto espacio de tiempo para coger experiencia en el campo del turismo y aplicar nuestros conocimientos en un futuro negocio propio. En principio no me gustaba demasiado la perspectiva de tener que atender a los turistas como recepcionista (ya que ese era el destino que me tenían encomendado dada la falta de personal cualificado que hay por estos lares) atendiendo a personas y a israelitas. Esto último puede parecer un comentario racista, pero no lo es. El que ha viajado mucho sabe lo que es tener a estos elementos como compañeros de viaje. A mi parecer, son  los peores viajeros que existen ya que rompen las reglas cuando a ellos les interesa y deciden motu proprio que el establecimiento se debe adaptar a ellos y no al revés. 
En fin pilarin, como he comentado varias veces, Frank me confió la tarea de controlar la calidad del producto que estaban ofreciendo así como de tratar de ser un puente que aligerara la mala relación que había entre la administración y los empleados. Confiando en la técnica palo- zanahoria comenzamos por dar al empleado de base las herramientas necesarias para hacer su trabajo más fácil. Se les dio todo lo que demandaban a nivel de material, creyendo que así responderían a las demandas de gerencia que se limitaban a reglas básicas de seguridad e higiene así como el cumplimiento de un código interno de trabajo tan laxo que a los sindicalistas europeos les daría un ataque de risa al ver la flojera patronal. Este código incluía entre otras cosas la farragosa obligación de presentarse en el puesto de trabajo a la hora convenida y no una hora tarde como aquí era costumbre, ponerse guantes y cofia cuando se estaba preparando la comida, el uso de elementos de limpieza proporcionados por la empresa, avisar cuando no se va a acudir al trabajo, etc. Todo muy fácil creía. Se decidió tomar esta iniciativa al comprobar el estado anárquico que primaba en alguno de los establecimientos. Se intentó también eliminar los elementos subversivos que dominaban la cúpula de la organización y que se movían por sus propios intereses importándole poco los intereses de sus compañeros. Estoy hablando de la gente que se dedicaba a robar a manos llenas, llevarse material o alimentos para su disfrute. Estas personas destacaban a la hora de crear mal rollo entre los demás trabajadores, creando bulos y mentiras que luego se ha  comprobado que eran falsas. Todo fue bien hasta el momento que se presentó el reglamento interno de trabajo. A partir de ese momento, esos elementos se dedicaron exclusivamente a sabotear todas las propuestas que se iban presentando para mejorar la calidad de trabajo llegando incluso a denunciarme por tomar unas fotos. Claro que la denuncia no llegó a ningún sitio ya que no hay una ley que te prohíba fotografiar la vía pública. Mi condición de “alegal” me condicionó para actuar de diferentes maneras. Aún así, un sindicato corrupto que se mueve al son de un candidato no menos corrupto (estoy hablando del alcaldable Lugo) y que aprovecha cualquier ocasión para presentarse con su vehículo promocionando su candidatura en cualquier quilombo, consiguió que a la tipa que había robado a un compañero y que luego le dio la ropa a su chaval (es el caso que expliqué en el anterior relato) consiguiera una indemnización sabrosa a la vez que irse a su casa sin necesidad de pasar por el juzgado. Así están las cosas, roba y no te preocupes que iremos al lugar del cual te han despedido para quemar gomas (que en eso los sindicalistas argentinos estamos bien entrenados) y saldrás indemne. Bueno. Con su pan se lo coman. Seguramente si mi situación hubiese sido diferente, otro gallo hubiera cantado. En ningún momento me he puesto de parte de la patronal, mis principios me lo impiden, sólo he intentado que se haga justicia y que se cumplan las reglas del juego, pero está claro que aquí no es posible. El hecho de embrutecer a las masas funciona aquí mejor que en ningún sitio que conozca.
Más o menos lo que pasaba en la edad media. Un índice de analfabetización enorme consigue que una legión de desprotegidos te cubra las espaldas y te de su voto en las elecciones. Gente que en otros lugares vivirían en la indigencia aquí viven el sueño argentino. Eso es lo que consiguen los gobiernos populistas como el que aquí domina. “En cuanto termine de quemar gomas, recojo mi subsidio y me voy a mi chabola de madera y hojalata a ver mi televisión de pantalla plana que he comprado a 24 plazos mientras mis niños juegan al lado de una charca que probablemente esté plagada de mosquitos que trasmitan el dengue que los puede matar, pero no pasa nada, tendré otro churumbel ya que el gobierno me paga a partir del tercer mes de gestación otro subsidio. Luego me marcharé al mitin del candidato, que me manda un autobús y me da un bocadillo y una coca cola para que le vote. Así es mi vida hasta que me muera….que feliz soy”. Lo dicho, pura basura.
Pero no todo ha sido negativo. Aquí he tenido la oportunidad de conocer gente fantástica y también ha habido momentos de disfrute y alegría. He tenido la oportunidad  de ver como la gente honrada se gana las habichuelas sin corromperse, con un código ético muy particular, pero sano. He conocido a Frank el belga que me dio trabajo y al que no le gusta que le den consejos. A Andrés el bar man que al principio me cayó como el culo y que terminó siendo uno de mis mejores colegas. A Ñeco, un policía municipal, taxista en sus ratos libres que me dio a conocer la idiosincrasia misionera. A los Miranda, padre e hijo, taxistas de profesión y confidentes por afición, que se parten la cara por un amigo cuando y donde sea. A Arturo, que si no fuera por él, no hubiésemos pisado estas tierras otra vez!. Y tantos otros que no menciono porque me faltarían páginas. De la mala gente, me voy a abstener de mencionar nombres que también son muchos y no tengo ganas de perder el tiempo. 
También he conocido lugares estupendos, Wanda, San Ignacio,
Ciudad del Este, Foç do Iguazú  
donde he visitado las cataratas del Iguazú en sus dos vertientes, las minas donde se extraen las piedras semipreciosas que adornan los cuerpos de hombres y mujeres de todo el mundo, misiones jesuitas, parques naturales, monumentos y ciudades caóticas que se mueven al ritmo que marca el dólar. Como experiencia no ha estado mal, pero creo que no repetiría, me he demostrado a mi mismo que soy 


capaz de hacer cosas diferentes después de estar estancado más de diez años en un solo trabajo (que hecho un pelín de menos, pero, sólo un pelín).
Fer también ha demostrado una capacidad enorme de adaptación a un medio que ya le era conocido, pero que había olvidado, estando primero encargada de la animación de un establecimiento con casi 300 personas y que sólo una lesión consiguió apartarla del sitio. Y luego como recepcionista mostrando sus habilidades administrativas y sociales. Ahora solo me apetece estar con ella tumbado en una playa y tomando el sol, por lo menos hasta que me vengan las ganas de trabajar de nuevo que sin duda aparecerán. Espero que la próxima crónica sea desde Brasil, país en el que pensamos estar un par de meses, aprovechando al máximo nuestro tiempo. Luego, bueno, luego ya veremos.
Un saludo
Fer y Miguel



lunes, 7 de marzo de 2011

En el pais de los ciegos.........

Saludos. Bueno, bueno...pues aquí seguimos, trabajando a full y esperando que llegue el deseado invierno para que baje un poquito el trabajo e iniciar nuestras vacaciones dentro de nuestras “vacaciones”.
Sorprendido estoy, cada día más con la idiosincrasia misionera. Me explico. Generalmente cuando visitas un lugar, no te da tiempo a entender a la gente que vive en el. Es solo cuando convives con ellos por un tiempo relativamente prolongado cuando empiezas a ver matices que de otro modo no detectarías. En mis viajes siempre me he vanagloriado de que me gustaba mezclarme con la gente del lugar o "nativos" y vivir sus modos y costumbres. En este lugar me he topado con una realidad muy cruda. En la fantástica obra de arte de Ridley Scott, Blade Runner, el replicante Roy Batty (Rutger Hauer) ante la llegada inminente de su  muerte, le confiesa al cazador Deckard (Harrison Ford) en el famoso monólogo; "Yo he visto cosas que vosotros nunca creeríais". Pues aquí pasa algo parecido. No, no he visto atacar naves en llamas mas allá de Orión, ni he visto Rayos -C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser. Lo que aquí he visto supera de largo todo eso.

Siempre me he considerado una persona bastante normal, nunca he destacado ni por mi inteligencia ni por mis conocimientos que han sido adquiridos a lo largo de años de viajes por el mundo y de las experiencias que de ellos he sacado. Naturalmente hay muy pocas cosas que me sorprendan hoy en día. Pero aquí resulta que nada más llegar me ofrece un puesto de trabajo de una  responsabilidad enorme, alojamiento y comida incluidos. Comencé haciendo auditorías internas relacionadas con el control de calidad posteriormente mi labor se desarrollo más allá convirtiéndome en una especie de cargo adjunto a la gerencia de tres establecimientos hoteleros. Al principio, claro, mi ego subió como la espuma ya que me consideraba afortunado. Primero por saber que podía hacer algo diferente después de estar más de diez años dedicándome a lo mismo y también por la capacidad de respuesta que ofrecía al que hasta este momento es mi superior. Me estoy refiriendo a Frank. 

Frank es un tipo afable y divertido con 33 primaveras en la chepa y con una afición tremenda a la cerveza. Su caso es muy curioso. Después de salir de su Bélgica natal, su destino fue casualmente Mont Roig del Camp donde estuvo trabajando como animador en un camping. Ahí fue subiendo de nivel hasta convertirse en gerente del mismo. También ahí conoció a su actual esposa; Yamila, que voló a España con la esperanza de mejorar su situación laboral y económica. Luego la crisis los obligó a tomar la determinación de migrar de nuevo hasta Argentina de donde ella era oriunda y más concretamente a Puerto Iguazú. Casualmente la cadena de hostels donde ahora trabajamos necesitaba un gerente para gestionar los tres establecimientos que tenían en la zona. Casi un año después nuestros caminos se cruzaron.

Hablaba antes de la sensación de bienestar que me causaba el hecho de estar situado jerárquicamente a solo un escalón de Frank sin que nadie más pudiera influir en mis decisiones convirtiéndome así en su mano derecha. Pero, también sentía el resquemor que me dejaba pensar sobre el por qué había sido yo y no otro el elegido ya que había depositado su confianza para un cargo de responsabilidad a una persona que no conocía de nada.
Aprovechando nuestra común filia al zumo de cebada, acometí estas cuestiones disparando a matar como es mi estilo. Ante mis preguntas, Frank dio un trago a su Isembeck miro la botella vacía, después a mí, soltó un sonoro eructo y me dijo “Es lo que hay”.

Es lo que hay. Frase lapidaria que está marcando mi estancia en este lugar. Me comentó que cuando llegó, estaba lleno de ideas y proyectos para mejorar la calidad del servicio que en esos momentos se estaba ofertando en el lugar. Poco tiempo después, su ímpetu se fue diluyendo como el azúcar en el café. Se topó con tantas paredes que decidió tomárselo todo con un poco más de calma. Si no puedes con tu enemigo, no te unas a él, pero tampoco luches contra la corriente pues terminarás ahogándote.
Este es un lugar donde para que te hagan una simple reparación en un aire acondicionado tardan de uno a dos meses. Es lo que hay.
Donde los proveedores te entregan el producto no cuando tú lo pides si no cuando a ellos les viene bien entregarlo y casi nunca aciertan con las cantidades o con el propio producto. Es lo que hay.


Las gentes de esta pequeña ciudad (sin generalizar, siempre hay excepciones aunque las que menos) que recibe cerca de dos millones de visitantes al año para admirar la joya de la corona de los atractivos de este país y que no es otra que las cataratas del rio Iguazú, se han ido embruteciendo por una nefasta política educativa y por el mero hecho de que aquí casi nunca falta trabajo. Y que si no quieren trabajar no hay problema, la política social de la segunda Evita personificada en Cristina (viuda de Kischner)te dará una subvención para que puedas ir sobreviviendo sin problemas. Esto lleva a que se cree una clase social que está rozando siempre el umbral de la pobreza pero que son votos para el futuro ya que los unos dependen de los otros. Es lo que hay.


La “lógica” del misionero te lleva a pensar que si trabajas en un bar y consideras que tu sueldo no está acorde con las expectativas que tenias, no te queda otra que robar a manos llenas. Y no te preocupes porque si al empleador se le ocurre despedirte por este hecho se verá obligado a pagarte una generosa compensación. Es lo que hay.
Si tu puesto es el de mantenimiento y la empresa decide pintar el hostel, tu “lógica” te dice que no te cortes y pilles 50kg de pintura para redecorar el exterior de tu chabola sin importarte que el gerente lo pueda ver. Es lo que hay.
En el caso que tu puesto esté en cocina tu “lógica” de dice que cada noche te lleves algo de la despensa; pollo, ternera, leche, verdura ya que el empleador está obligado a alimentarte a ti y a tu familia y con tu sueldo no basta. Y no te importe que haya una cámara grabándolo todo ya que como sucede en el primer caso, si te echan te irás con una jugosa compensación económica. Es lo que hay.
Si trabajas en el sector limpieza y encuentras una bolsa de ropa que un pasajero ha dejado para que se lave y una vez limpia no se recoge, tu “lógica” te dice que te la lleves a tu casa y la utilices, pero ah!! Cáspita resulta que la bolsa de ropa no es de un pasajero si no de un compañero que se ha marchado de vacaciones dos semanas y que cuando ha vuelto y te ha preguntado por la ropa le has dicho que se ha tirado a la basura.
Esa misma “lógica” hace que le des la ropa a tu chaval que casualmente es compañero de trabajo del perjudicado y que tu chico se la ponga para acudir a su puesto y que el perjudicado se quede de cacahuete al verle lucir tipito con una camiseta lila con tachuelas brillantes que forman el rostro de una dama que hasta hace dos semanas había sido suya. Es lo que hay.

En realidad lo que ocurre aquí a un nivel tan bajo se extrapola al ramo político. Imagina que eres alcalde de esta población, que recibes una subvención estatal para pagar a los sueldos de los funcionarios municipales. Ya que al parecer con los impuestos no tienes suficiente.
Tu “lógica” te dice que repartir esos 50.00 € entre los empleados municipales, no los va a hacer ni más ricos ni más felices, pero piensas en lo bien que le sentaría a tus posaderas el tacto de un sillón de piel de una Harley Davinson y ni corto ni perezoso encargas dos, una para ti y otra para tu secretario que es muy buen tipo y te cubre el culo cuando te vas de fulanas al Cristal (famoso lupanar del lado brasileño que hace gala de tener auténticas modelos al que no he tenido el gusto de ir, ni volveré nunca jamás). Y eso delante de las narices de los funcionarios que no les queda otra que sacarse un sobre sueldo sobornando a los suicidas que aquí llaman conductores. Es lo que hay.
Y si hablamos de los taxistas, su “lógica” les dice que antes de acudir a un servicio termines la partida de Play Station que estás jugando. Es lo que hay.

Podría estar hablando hasta completar varios tomos, pero no lo haré. De momento.

Es lo que hay. En realidad esta ciudad de 60.000 almas, se podría llamar perfectamente Puerto Es lo que Hay que no pasaría nada. 


Es por estas razones y no otras por las  que Frank decidió ofrecerme este puesto de trabajo. No por mi proverbial sentido del deber o por mi diligencia, eficacia o eficiencia, si no, si amigos…. porque no soy de aquí. Así que se aplica el dicho; en el país de los ciegos…..el tuerto es el rey. Esto quizás tendría que dolerme, pero no es así. Que me quiten lo bailao. De momento aquí estoy bien, pero no tengo intención de prolongar mi estancia más allá de lo que me pida el cuerpo. Y os preguntareis ¿Por qué demonios explica esto en un blog de viajes? Muy fácil, porque esto ES LO QUE HAY.
Como en el film al que he hecho referencia, me queda la esperanza de saber que cuando me marche de aquí “todos estos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia”.

Seguid nuestras aventuras en Mochilerosviajeros.blogspot.com

Un Saludo enorme para vosotros y un beso gigantesco para vosotras.

Fernanda y Miguel.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Seguimos vivos!!!

Saludos a todos y cada una de las personas que nos siguen y no desisten pese a tener bastante descuidado el tema del blog. Por ahora seguimos en Pto. Iguazú y no tenemos claro cuando nos desengancharemos de acá, pero de momento vamos a probar a ver si aguantamos hasta final de año. El trabajo nos ayuda a mantenernos economicamente y estamos juntando un dinerillo para marchar a Brasil en junio. Aquí los días son cambiantes. Hay lluvia torrencial casi cada jornada, pero al poco para y el sol abrasador seca el suelo colorado que domina en este lugar. El calor no da tregua y la lluvia no sirve para eliminar la tremenda humedad que agota al más preparado de los caminantes. Casi no hemos salido de nuestra zona de trabajo si no es para ir al centro del pueblo. 


Visitamos las minas de Wanda a 40 km de Pto. Iguazú. Se trata de una excavación de donde se extraen piedras semi preciosas que en un principio fué a cielo abierto, pero ahora se perfora por galerias. El trabajo es excesivamente penoso y la recompensa nimia. El trabajo se realiza a mano o sea que sacan las burbujas (de hasta 2 mtrs. de altura) a base de martillo y escarpa. Un curro, ya te digo. Al parecer hace millones de años, la lava que circulaba debajo de la corteza terrestre, subió a la superficie fundiendo diferentes metáles y enfriandose rápidamente, creando así burbujas en cuyo interior se formaban los cristales de cuarzo, amatistas, topacios y ágatas. 


Fué una visita instructiva pero poco provechosa.
A los lados del camino que conduce a las minas, se apiñan grupos de niños que intentan venderte las piedras que sisan por la noche al descuido de los vigilantes. Las chabolas se alinean a lo largo de la ruta y en estas habitan gentes que creyeron encontar El Dorado cuando se decubrió el yacimiento a principios de los 90 y que se tubieron que conformar con las ayudas sociales al ver que aquello no prosperaria nunca. 



En fin, ahora estamos un poquito más inmobilizados ya que Fer se hizo daño en la rodilla y no puede andar mucho, aún así ha descubierto la vocación que mantenia oculta y se está dedicando además de a la recreación de los pasajeros a la venta de excursiones de todo tipo y lo cierto es que no le va mal. Si, ya se que estos relatos se espacian en el tiempo y cada vez son mas cortos, pero es que no estamos viajando a penas. Cuando hagamos alguna excursión seguiremos relatando nuestras aventuras. De momento un abrazo para vosotros y un beso para vosotras de parte de estos viajeros que de momento no viajan.

Un saludo
Miguel y Fer

viernes, 14 de enero de 2011

Aprovechando que tengo un ratito.....

Saludos terrícolas, aprovechando que tengo un ratito mientras sacan el cadáver de la piscina……No, que es broma. Lo cierto es que la anterior entrada me quedó algo pobre en cuanto a descripciones de los lugares que habíamos visitado y pretendo enmendar este error.

Como comenté en su momento, en Valparaíso, la poca zona llana que queda entre el mar y los cerros, está destinada al comercio y el negocio. Nuevas construcciones se mezclan con los edificios neo clásicos que han sobrevivido a los múltiples seísmos que han asolado el territorio a lo largo del siglo pasado y lo que llevamos de este. Hay grandes avenidas que discurren paralelas a la costanera donde los conductores circulan siempre con prisas. Sus aceras están repletas de gentes que buscan algo que comprar entre los comercios que se solapan unos con otros. El lugar favorito de reunión de los porteños es la plaza Victoria. Allí los artesanos ofrecen sus mercaderías a la gente que pasea buscando algo de alivio en la sombra que ofrecen sus árboles. Pero, no es este l único lugar donde se reúnen los habitantes de esta ciudad. Toda ella está salpicada de pequeñas plazas con sus bancos y grandes arboledas. La zona del puerto se dedica básicamente a recibir mercaderías y pasajeros. Se puede contratar un viaje en barco que recorre toda la bahía y te muestra la ciudad desde otra perspectiva. Los alojamientos para los turistas van de un lujoso hotel de 5 estrellas a una humilde casa de huéspedes ubicada en un cerro. Particularmente me agrada más la segunda opción.


Viña del Mar es muy parecida a cualquier ciudad costera española. Ha crecido a base de construir en horizontal grandes edificios de apartamentos que me recuerdan a Benidorm. La ventaja que tiene sobre Valparaíso son las playas donde se pueden ver los cuerpos de los chilenos y chilenas que deciden pasar sus vacaciones en esta ciudad balneario a demás de los miles de argentinos que por proximidad deciden acudir a esta villa en lugar de ir a La Plata, aunque sus aguas son igual de frías. Cuenta también con la ventaja de tener el espectacular Festival de Viña donde acuden figuras de la canción de primer orden. El tren subterráneo ayuda a descongestionar la Avenida España que es la principal arteria de comunicación y que une Santiago con Valparaíso. Esta avenida muere en la ruta 68, autopista que lleva hasta la capital de la república.
En Santiago se amontonan la mitad de los habitantes que tiene el país casi 8 millones de personas hacinadas en las diferentes comunas (que es como denominan aquí a los barrios).Recoleta, Providencia, Lo Prado, Quinta Normal son algunas de estas comunas. Un eficaz sistema de metro nos trasportó hasta el corazón financiero de la capital. El gobierno se concentra en Valparaíso y la casa del presidente en Viña, pero aquí se decide el destino del país ya que todos los departamentos ministeriales se ubican al rededor de la casa de la Moneda. 


Esta construcción, antigua casa de gobierno se hizo famosa a raíz del golpe de estado que en 1973  llevó al poder a Pinochet y acabó con la vida de Salvador Allende. Sobrecogido me quedé al leer parte de el último discurso que pronunció el presidente antes de quitarse la vida al verse perdido mientras los reactores bombardeaban lo que él convirtió en su lugar de martirio y que hoy se puede encontrar en el monumento a su memoria que se encuentra en la parte trasera de la Casa de la Moneda. 






Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.  Para poder acceder hay que pedir cita previa, cosa que desconocíamos y nos dejó un regusto amargo. He de comentar que en Santiago, me hicieron de cicerone el primo Oscar y su hijo. Nos embutimos en el trasiego de esta ciudad de asfalto y hormigón y me mostraron los edificios más importantes de la city.
Más tarde nos refugiamos del abrasador calor en uno de los centros comerciales donde las gentes se afanaban a realizar las últimas compras antes de las fiestas de pascua. Santiago es una ciudad para visitar, pero no para estar. El carácter puramente urbanita de sus habitantes hace que sean algo agrios a la hora de relacionarse entre ellos.
De Villa Alemana aunque fue el lugar donde más tiempo pasé, no puedo estacar grandes cosas pues se trata de una zona residencial sin ningún atractivo turístico, a excepción de la Plaza de Belén, centro neurálgico y de reunión de los “villaalemanenses”. Al parecer, esta plaza es una copia exacta a una que hay en la ciudad de Belén. Lo mismo me sucede con Limache donde sólo visité su cementerio. En Quilpué la Tía Eliana tiene su quinta junto al Tío Alfonso. Se trata de una enorme extensión de terreno repleta de árboles frutales. Casi al final de la propiedad se encuentra su preciosa casa llena de habitaciones y de recuerdos que los Tíos han ido acumulando a lo largo de sus viajes por el mundo. Este día, quisimos celebrar el cumpleaños de Fer con un paseo especial. 
Nos desplazamos a Los Andes donde comimos a lo picnic en una plaza al lado de una bonita iglesia caída y vuelta a construir varias veces. Luego una visita a San Felipe, famoso por sus vinos “pipeños” y añejos estupendos para confeccionar el “terremoto” bebida a base de vino y helado de piña.Dado que en la mayoría de sitios nos hemos alijado en casas de familiares no podemos recomendar alojamientos, aunque si podemos decir que si tenéis que optar entre un hotel o una casa de huéspedes, decidiros por la segunda. Seguro que os encontrareis más a gusto.
Bueno, después de haber calmado vuestra sed de sapiencia, me despido hasta la próxima donde os explicaremos nuestras excursiones por estas tierras misioneras.
Un saludo enorme de parte de Fernanda y mío. Un besito para vosotras y un abrazo para vosotros. Hasta la próxima
Miguel



domingo, 9 de enero de 2011

El Karma me tiene manía

De nuevo disculpas por no haber escrito antes, pero las circunstancias me acompañan. En este momento nos encontramos en Iguazú en la frontera que separa a Brasil de Argentina y esta de Paraguay (que no es nada guay) después de 61 horas de viaje (record absoluto) y después de haber estado a caballo entre dos ciudades del centro de Chile; Valparaíso (Valpo para los amigos) y Villa Alemana. Estos dos lugares separados por 35 km son las némesis una de la otra. Valparaíso, ciudad costera, uno de los principales puertos de Chile, lleva la vida agitada de una gran urbe. El puerto no para de recibir barcos con bodegas cargadas de las mercaderías que posteriormente se distribuirán por el resto del país. El turismo (en sana competencia con su vecina Viña del Mar) es su otra actividad principal. 

Cruceros cargados de guiris atracan en sus muelles para vomitar turistas ávidos de visitar esta ciudad llena de encanto y a la vez tan caótica como cualquier gran ciudad europea. En cierto modo se asemeja a Barcelona,  no en la idiosincrasia de su gente, sino en la distribución del lugar. Una bahía enorme muere en la costanera donde hombres y vehículos se pelean por el poco espacio que hay entre el final del mar y el llano que acaba en las colinas que aquí denominan cerros y que están plagados de viviendas donde la gente hace vida puertas adentro. Para acceder a estos cerros hacen falta ganas y unas buenas piernas. Escalas empinadas te llevan a través de callejones angostos y decorados con bellas pinturas y mosaicos a la parte alta de la ciudad donde por estos días ha sido una de nuestras residencias. Hay un cierto abandono por parte de las autoridades que hace que la mayoría de estos callejones huelan a orín y excremento (humano y animal). 
La casa de la tía de Fer es una lindísima vivienda cuyas vistas de la bahía compensan de lejos el sacrificio que supone subir hasta ella. El recibimiento ha sido excelente por parte de la familia de Fer. Me han dado el calor que me hubieran proporcionado la gente de mi propia familia, y gracias a ellos he podido conocer la otra ciudad de la hablaba al principio. Villa Alemana como es obvio es una villa (aunque le queda poco de alemana, que lo fue) situada en el interior a medio camino entre Valparaíso y Santiago. Tiene esta pequeña ciudad el encanto que le da la tranquilidad de sus calles y el afecto de sus gentes. Es un remanso de paz en medio de la vorágine que consume a las dos grandes urbes que la flanquean. Aquí, he tenido la ocasión de conocer a la otra parte de la familia de Fer que por lo aproximado de nuestra edad ha hecho que la afinidad surja espontáneamente. Lo cierto es que me lo he pasado “de la raja” como dicen aquí. Las comidas familiares se alargan con sobremesas larguísimas que acaban con la “oncena”, término que he acuñado al juntar la merienda (que se toma sobre las 18.00 h) y que aquí llaman “Once” con la cena. Las conversaciones que a veces se convertían en auténticas tertulias se prolongaban en el tiempo de tal forma que no éramos conscientes del paso de las horas.En fin, toda la familia de Fer me ha tratado como uno más y me han hecho conocer lugares que de ir solo nunca habría descubierto.
Después de este larrrrrgo prefacio, a continuación intentaré relatar de forma lo más resumida que pueda mi estancia en Chile.
Ya comenté en la anterior entrada que mi estancia en Temuco, pese a estar en casa de la mamá de Fer, no había sido provechosa ya que las inclemencias del tiempo me habían deshinchado como se deshincha un globo a pleno sol.
Luego optemos por comprar una furgoneta ya que habíamos programado viajar primero a ver a la familia de Fer y luego continuar viaje hacia el norte, visitando Perú y Bolivia. Pero, nuestro gozo en un pozo. La flamante Toyota Jazze que adquirimos por el módico precio de 2.200€ no aguantó la primera parte del viaje y se fundió entrando a Casablanca (unos 50 km al sur de Valparaíso). Allí tuvimos que alojarnos en un aparta-hotel que los lugareños utilizan para el pecado nefando. Tremenda la cara de la recepcionista cundo le dije:
-Hoooola quetalg, necesitaría una habitación para tres (póker face por parte de la recepcionista) yo que me doy cuenta de la mala interpretación corrijo- No, no, si una es mi esposa- La cara de póker se convirtió en cara de sorpresa-escándalo (como si no hubiese visto cosas raras en el hotelito) y vuelvo a corregir- Eggggg, no, no, jajá que la otra es mi suegra- No hay palabras para describir la expresión de la recepcionista, pero interpreté que el mix no era de su agrado cuando de la parte de atrás del mostrador sacó una vara de unos 180cm con la clara intención de adobarme el lomo. Yo por mi parte opté por adoptar la estrategia del manual del superviviente donde en su página 1 dice; si ves que tu enemigo es más fuerte que tú huye como una rata ya que es mejor que digan de ti “aquí corrió” que “aquí murió”. Fer al verme correr como un gamo se interpuso entre la vara y mi delicado lomo explicándole a la señora de que se trataba de un mal entendido y que realmente lo único que pretendíamos era descansar de un viaje que tendría que haber durado 10 horas y que ya nos había ocupado 15.
En fin, a la mañana siguiente y con la ayuda de un taxista (cliente y proveedor a la vez del establecimiento) conseguimos reanimar el moribundo motor de la furgo y así reanudar nuestra marcha. Circulando a 20 km/h arribamos después de una hora y media a Villa Alemana donde nos esperaban con los brazos abiertos. Allí tiene una segunda residencia la hermana de Emilia, la mamá de Fer. La residencia de Tía Alicia es una preciosa casita de unos 70 m2 en un terreno de unos 500 m2 con su piscina y todo. Como la casa no había sido usada durante el invierno, nos dedicamos durante la mañana a adecentarla y hacerla habitable. En cuanto a la furgoneta, deseché la opción de pegarle fuego y así evitarle a otra persona la desagradable experiencia que viví en mis carnes y opté por venderla (con la inestimable ayuda del primo Oscar Campillay y la de Arturo alias “el cazuela” mecánico milagroso y famoso corredor de autos de la zona) y así recuperar parte de la inversión. 
Tía Alicia junto a Oscar (hijo de la primera), Osquítar (hijo del segundo), Marcela Paz (Pasito para los,  hija también del segundo), Marcial (hermano del primero, tío de los segundos, hijo también de la primera y padre de…… Gabriel, Pericles para sus enemigos), Prima Meche (prima de la primera), Tía Eliana (hermana de Alicia y Emilia y prima de Meche tía de Fer, Oscar y Marcial), tío Alfonso, marino mercante durante más de 50 años y marido deeeeeee, este…… tía Eliana.
Todas estas personas han sido mi familia durante las tres semanas que hemos pasado en la zona. ¿Qué?,  ¿os parece un lio? Pues no lo es. No teníamos a penas tiempo libre ya que cada día nos buscaban una actividad o excursión que ocupaba nuestro tiempo a jornada completa. Limpiar el jardín, limpiar y llenar la piscina, podar los árboles, desguazar vehículos 
(Oscar es un fanático de los coches americanos de los 70´s y tiene un precioso Chevy Nova del 69 más otro que está reconstruyendo).
Santiago, Olmué, Quilpué, Limache, Los Andes, Quillota, San Felipe y evidentemente Valparaíso y Viña del Mar, han sido nuestros destinos. El vino ha sido compañero infatigable de comidas y reuniones. He descubierto el “pipeño” que es una especie de vino de Málaga aunque un pelín más rancio, y he abusado terriblemente del sorbete de piña. Lo cierto es que si no hiciese tanto frio en invierno en la zona, seguramente hubiera sido un lugar excelente para quedarnos temporalmente. Pero ya se sabe, del frío me río. Así que compramos los tiques hacia Iguazú al día siguiente de haber contemplado el espectáculo pirotécnico que organizan las ciudades que ocupan la bahía de Valparaíso. Durante media hora el mar y el cielo se iluminaron con los fuegos artificiales que ya se han hecho famosos en el mundo entero y celebran la nueva entrada de año.



Como os comentaba al principio, ahora estamos en Iguazú, Fernanda realizando actividades y yo, bueno yo…… ya os contaré.
Un beso para vosotras un abrazo para vosotros y hasta la próxima. Una vez más, disculpas por la tardanza. Intentaré que la próxima entrada no se demore tanto.
Ciao