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martes, 6 de septiembre de 2011

Guatemala…… ¿hace uno rapidito?

Un tipo leyendo el diario, en concreto la sección de ventas de viviendas observó un anuncio que le llamó la atención. El anuncio decía así; “Se vende apartamento de 80 m2 más balcón de 10 m2, comedor de 20 m2, dos habitaciones matrimoniales de 20 m2 y de 15 m2, baño de 10 m2 y como suena de 15 m2”. Incrédulo lo volvió a leer y sí, decía “como suena de 15 m2”. Intrigado y picado por la curiosidad llamó al telf. que incluía el anuncio. Cuando comunicó con el anunciante y le preguntó ¿qué era un cómo suena de 20 m2? Su interlocutor al otro lado le comentó que era suramericano y que contrató el anuncio por teléfono a un compatriota suyo. Cuando llegaron a la parte de la cocina, el tercero le preguntó si cocina iba con “ce”, con “zeta” o con “ese”. Como el anunciante no tenía ni idea, no se le ocurrió otra cosa que decirle que cocina se escribía “como suena” y que no le calentara más la cabeza. Y así quedó por escrito cuando el lumbreras compuso el enunciado.Lo que se inició como un error fonético se transmitió a la gramática con el consecuente ridículo para la edición del anuncio. ¿Qué a que viene esto?, pues en primer lugar, que me parecía gracioso y bueno…más abajo viene la explicación. Comenzamos.

Saludos de nuevo niñas, niños, adultos, personas en general y algún animal en particular que sé que sigue este blog aunque no daré nombres para no dar pistas. Esta vez el relato será más cortito ya que sólo hemos estado en Guatemala por  una semana y naturalmente no tengo mucho que decir.
Ahí va:
El anterior relato lo escribía mientras esperábamos que los maestros de escuela guatemaltecos llagaran a un acuerdo con el gobierno central en el asunto de sus sueldos impagados. Ya entrada la tarde llagamos a Antigua. El nombre le viene de cuando era la capital de Guatemala y se llamaba igual que el país. Más tarde fundaron una nueva ciudad que se llamaría como tal y por lo tanto a la anterior y primera capital se le denominó Antigua Guatemala quedando como Antigua su nombre familiar. Como decía llegamos esta bonita ciudad colonial y no tardemos en encontrar acomodo en un hostal del centro.
 Una rápida visita nos bastó para quedar prendados de la calidez de sus gentes y la belleza de su cuidado centro histórico. En la villa parece que se ha detenido el tiempo. El silencio de sus calles adoquinadas sólo es roto por el sonido de las sufridas suspensiones de los autos y motos que se atreven a circular por ellas. Sus casas pintadas en colores pasteles hacen que te sientas como en casa y sus habitantes simpáticos, te ayudan siempre que pueden. Todo se mueve alrededor de la plaza central, auténtico corazón del centro. Allí se reúnen los que allí residen y se juntan con los miles de turistas llegados de todas partes para aprender español en las muchas academias con las que cuenta esta ciudad. Antigua en la capital mundial de la enseñanza del idioma de Cervantes.





No hay calle que no tenga su correspondiente academia, habiendo incluso varias en las más céntricas avenidas. Nos llamó mucho la tención oír a una multitud de guiris hablar español, pero con acento guatemalteco y con sus correspondientes modismos. De ahí el comentario del principio, hay muchos carteles anunciando cosas y escritos de tal manera que harían revolverse en su tumba a la generación del 98 y el 27 juntos. “Se rehabilitan pizos”, “se cosina carne azada”, “se organisan caserias” y “se hazen posos” son ejemplos de los anuncios que se pueden ver en las paredes del lugar. 
No es que me parezca mal que se fomente la cultura que poseo y la lengua que uso habitualmente, incluso que el Centro Cultural de España, sea uno de los más bonitos edificios que ves en el centro y ver en que se gastan mis impuestos, si no, que me parece raro que vengan aquí a aprender español, teniendo en cuenta que poco a poco se están cargando las lenguas nativas que se hablan en el país y que son un taco. Vamos, sería como si fuéramos a aprender inglés en Jamaica. ¿Os lo imagináis? ¿hablando como Bob Marley tooodo el tiempo?, nooooooo gracias. Una cosa es que cuando escribimos nos tomemos ciertas libertades con la gramática por propio interés (yo mismo lo hago muy habitualmente para redondear mis intervenciones), y otra es que se haga por desconocimiento o porque los que están dando las clases no están preparados para la tarea, habiendo como hay correctores de texto. 
El tema es que me parece extraño que se tenga Guatemala como punto de referencia de toda latino América para la enseñanza de nuestra lengua. Si, vosotros diréis; Claro no van a venir a España a aprender cuando no tienen que llevarse a la boca. Y yo os digo, seguro que hay un montón de gente  en España que estaría dispuesta a ir allí para enseñar aunque fuera temporalmente un poco de gramática y fonética. Hala! ya lo he dicho. Antes he mencionado el Centro Cultural de España, un antiguo monasterio franciscano que quedó destruido después del gran terremoto del 76. La remodelación que se ha realizado es enorme, quedando un edificio lindísimo y muy cuco donde se encuentran las diferentes secciones que podemos encontrar en un centro de nuestro país. 


Dos días nos bastaron para ver lo interesante de la ciudad. Después partimos hacia el lago Atiltlán a unas 4 horas al norte. El viaje, comenzó ya con mal pié. 
Después de salir con una hora de retraso, cuando llevábamos  media hora de camino, el chófer recibió un llamado para que volvieran a buscar a dos pasajeras más que se habían dejado en Antigua. De nuevo en marcha, la carretera que conducía a San Pedro la Laguna no era mala del todo, pero la empresa que habíamos contratado (Casas Verdes) resultó ser una estafa. Nos metieron a 9 personas y dos israelís en un furgón diminuto cuando en las fotos aparecía una furgoneta imponente, así que no íbamos muy cómodos. Pero lo peor estaba por llegar. La carreta que sale de la vía principal y se dirige a San Pedro me recordó mucho a la que tomamos en nuestro paso de Brasil a Venezuela. Parecía talmente que la aviación estadounidense se había confundido y había tomado esta carretera por una de Irak.
Hora y media de sufrimientos entre agujeros enormes y baches insalvable por vehículos comunes nos llevó a nuestro destino ya entrada la tarde y sin luz solar. San Pedro es otro de los pequeños pueblos que rodean este lago y que se llena cada año de viajeros bohemios que buscan un poco de paz y alguna excursión a los volcanes que lo rodean. Pasear por sus estrechas y oscuras calles no nos dio buena onda, así que dejamos la visita para el día siguiente. 
El sol nos recibió cálido y decidimos ir a dar una vuelta por el mercado. Los autóctonos del lugar venden allá sus mercancías en un ambiente agobiante por la cantidad de gente que se junta en el lugar y por la presencia de los voceros de los candidatos a las diferentes divisiones políticas que alaban las virtudes de la gente a la que representan. Hay un quilombo de partidos que se disputan las alcaldías, las provincias y el gobierno de la nación, en unas elecciones que se celebrarán coincidiendo con su fiesta patria y con el día en que Al Qaeda cambió el mundo. La humedad y el frio nocturno contribuyeron a que nuestra estancia fuese tan corta. Decidimos pues partir para México donde me esperan mis buenos amigos. Un buen shuttle nos condijo hasta San Cristóbal de las Casas que es el lugar desde donde escribo esta crónica. Como he dicho al principio esto iba a ser corto, de ahí el título, es una lástima no tener más tiempo y poder visitar Tikal, las ruinas mayas que eran uno de nuestros objetivos. Pero como digo, el tiempo manda.
Espero que os haya gustado el breve pero intenso relato que os he presentado y os espero en la próxima entrada que seguramente será ya entrado el mes de Septiembre. Hasta la próxima.

Un beso enorme de parte de Fer y Miguel.

viernes, 2 de septiembre de 2011

HONDURAS, MUCHO TIEMPO, POCA CHICHA.


Saludos de nuevo. Bueno esta vez he tardado menos en realizar esta crónica ya que en el momento de escribirla estamos en medio de una lucha social y una movida que hay en Guatemala. Detenidos a unos 50 km de la capital por una manifestación de maestros que al parecer no reciben su sueldo a tiempo y han decidido cortar todas las vías de entrada a la capital guatemalteca. O sea que así está el tema ya llevamos aquí 4 horas y creo que nos quedan otras tantas para que desaparezca el tapón. Y para aprovechar el tiempo os describiré nuestra estancia en Honduras, 23 días donde casi no hemos visto el país pero que se ha aprovechado al máximo.

Entramos desde Nicaragua después de una mega maratón de trasbordos en buses cutres y carreteras penosas. Sobre las 4 de la tarde pasamos la frontera con Honduras subidos en un triciclo a pedales. El tipo se comprometió a pasar los 3 km y dejarnos en el terminal sanos y salvos pese a las reticencias que nos causó ver a un tío canijo que pedaleaba cual Induráin de pacotilla con los cerca de 200 kg que llevaba de peso. Un minibús nos llevó Choluteca, donde teníamos que pillar un bus hasta La Ceiba, puerto de salida hacia las Islas de la Bahía. Después de buscar un hostel medio en condiciones, nos dimos cuenta que habíamos aterrizado en otro alojamiento del miedo. El sitio era de los más cutres que habíamos estado (y hemos estado en sitios cutres, cutres), pero nos consolaba el hecho de tener la estación de autobuses justo al lado. Eso nos ahorraría caminar los 300 metros. que nos separaban de la otra terminal. Pero dado que el bus salía a las 04:00 h. de la mañana no nos pareció conveniente caminar a esas horas intempestivas por un callejón que parecía la boca de un lobo. Como os comentaba a las 04:00 h. de la mañana agarramos el bus de semi lujo que nos llevaría a El Progreso (ciudad a unos 150 km de nuestro destino). El plan era perfecto; Salimos a las cuatro, llegamos a Progreso a las 10:00 h. y a La Ceiba a las 12:30 h. Esto claro está según nos explico el amable boletero nos evitaría pasar por Tegucigalpa y nos permitiría descansar un poco antes de pillar el barco hasta Utila. 

Pero como casi siempre pasa en estos lugares, la gente son unos vende motos. A las 06:00 h. de la mañana, observé con preocupación que nos dirigíamos a Tegucigalpa en concreto al centro de esta fea ciudad a la par capital de Honduras. Al preguntarle al chofer la causa o motivo de tal contrariedad me contestó que la “unidad” se había quebrado, dando a entender que se había roto el bus. Lo cierto es que el bus iba de maravilla, pero para completar el siguiente vehículo que se dirigía al mismo punto decidieron dejarnos colgados casi tres horas en una estación de buses cutre de cagarse. Antes mis protestas me indicaron que no me preocupase que llegaríamos a El Progreso a las 11:00 h. con tiempo de sobras para pillar otro bus hasta nuestro destino. Naturalmente eso no ocurrió y aterrizamos en El Progreso a las 13:00 h.
Como la cosa progresaba le pregunté al conductor si en la misma estación de buses se podía pillar el bus que nos trasladara a La Ceiba. El tipo me miró de reojo y imitando al Jefe Wigunn me dijo “que sí, que sí”. 

En realidad no existía tal estación, si no que nos abandonaron en una gasolinera (aunque bien mirado sí que se trataba de una estación, pero de servicio), donde nos teníamos que buscar la vida para agarrar el vehículo. Cuando por fin apareció el ansiado bus, el garrulo que conducía nos dijo que tardaríamos unas 3 horas para recorrer los escasos 150 km que nos separaban de La Ceiba. Pero que no nos preocupásemos por que llegaríamos a tiempo para pillar el barco que salía a las 16:00 h. También le preguntamos si nos dejarían cerca del puerto, su respuesta me mosqueó un poco ya que aparte de hacer otro Wigunn, nos dijo que “relativamente”, no pilló el sarcasmo cuando le pregunté si lo de relativamente se refería al espacio o al tiempo y se limitó a mirarme con cara de pez. Naturalmente cuando nos volvieron a abandonar en otra estación de servicio cual perritos en verano, nos dimos cuenta de que necesitaríamos un milagro para llegar a nuestro destino ya que eran las 15:50 h. y teníamos que tomar un taxi hasta el puerto. El conductor del mismo nos dijo que no llegábamos ni de coña, pero ante la perspectiva de ganar 50 lempiras más de las 100 que me pedía por el trayecto, se transformó en un Fitipaldi suicida que casi nos causa un ataque cardiaco al ver como adelantaba en un puente o en un cambio de rasante sin visibilidad. Llegamos al puerto justo cuando el barco se distanciaba a paso lento del muelle de pasajeros. Visto lo visto, paguemos al “chumaquer” lo prometido y nos metimos en un hotel (este por lo menos era bueno) a pasar el resto del día para a las 09:30 del siguiente pillar el barco de la mañana. Ya tempranito nos dirigimos a la terminal del ferri para asegurarnos una plaza en el ansiado bote. Una hora después nos encontrábamos en Utila. 

Este lugar pertenece a las denominadas Islas de la Bahía que hasta el año 1860 habían pertenecido a los hijos de la Gran Bretaña. Más o menos por ese año acordaron los dos gobiernos intercambiar estas islas por lo que se conocía anteriormente por el Belice hondureño que era casi la mitad de lo que es ahora el actual territorio. Naturalmente los pobladores no estaban muy de acuerdo con esta medida y protestaron airadamente a las autoridades hondureñas que no les hicieron ni puto caso por el mero hecho de que los habitantes de las islas sólo hablaban inglés y los hondureños el español de aquí, que entre otras sutilezas le dicen “zipote” a un niño pequeño, en fin así están las cosas. Los colonos han intentado varias veces independizarse de este país para pasar a formar parte de nuevo de la Commonwealth, la última intentona fue no hace mucho, pero al parecer ambos gobiernos no están muy por la labor, así que su forma de protestar no es otra que negarse en redondo a hablar el idioma de Cervantes. Bueno a lo que voy que me estoy liando  demasiado. 

Al desembarcar nos abordaron varios “flayeros” que son los que captan gente para realizar los cursos de buceo y las inmersiones.
En un principio teníamos pensado ir a uno que nos habían recomendado encarecidamente, pero resulta que el imbécil que repartía los “flayers” de ese dive centre o centro de buceo, se dirigió a mí, me miro como si me hubiera tirado un pedo y me dejó con la mano colgando esperando el documento que me llevaría a su centro. Así que decidí pasar de ir al lugar y aceptar la oferta que me ofrecía una simpática hondureña. El centro era el Alton´s. después de una dura negociación lleguemos a un acuerdo que nos beneficiaba a los dos. Yo haría los tres cursos (que en realidad eran cuatro) por una módica cantidad (en comparación de lo que se está cobrando en España) y a cambio recibía una habitación doble para Fer y para mí abonando por Fer el precio de un dormis común, o sea que, de puta madre. Los tres cursos, el Open Wáter, el Advance y el Rescue (incluyendo primeros auxilios y atención secundaría) nos tendrían en la isla unos 12 días, por lo que ya nos iba bien para descansar un poco los huesos. A continuación paso a describir la rutina del buceo. No me voy a extender mucho ya que no me quiero hacer pesado. Te levantas súper temprano, lo preparas todo y a bucear. 

Utila tiene la segunda barrera de coral más grande del mundo, sólo superada por Australia. Lo que ves allí bajo el agua es espectacular, todos los peces de arrecife que puedas imaginar, además de todo tipo de coral, duro y blando. Parece que las especies se pelean por que las observes. Allí las aguas son turquesa y con una transparencia prístina así que si no te convence el buceo te puedes dedicar a hacer snorkel que vas a ver lo mismo pero desde arriba. El Open Wáter te enseña a bucear, el Advance te perfecciona permitiéndote hacer inmersiones de hasta 30 metros. y buceo nocturno (pedazo de experiencia con las luminiscencias en el agua cuando apagas las linternas) y finalmente el Rescue te forma como buzo de rescate, o sea que aparte de recordarte los principios de los primeros auxilios te enseña cómo actuar en caso de que a un buzo le dé un telele, cosa que pasa más a menudo de lo que parece. Lo cierto es que por motivos ajenos a mi persona la estancia se alargo hasta los 19 días. En ese periodo de tiempo y mientras yo me arrugaba cual shar pei, Fer se dedicaba a explorar la isla.

 En las breves ocasiones que pude compartir con ella la experiencia de caminar alrededor de la zona habitada del lugar pude comprobar que en su mayoría estaba compuesta por suelo coralino que seguramente había quedado descubierto en la última glaciación y por restos de un antiguo volcán ya extinto. También el estar tanto tiempo en un lugar nos brindó la ocasión de conocer gente excelente, empezando por Kris mi instructor, un polaco de apenas 25 años que salió de su país natal en busca de venturas y fue a parar a Lanzarote donde conoció a Kelly una australiana que se estaba dedicando a dar clase de buceo. 

Ambos decidieron hacer de su capa un sayo y dedicarse profesionalmente a este oficio. Y así llevan varios años. Conocimos también a dos barceloneses Mar y Alberto con los que pasamos excelentes momentos compartiendo y departiendo anécdotas.
 Ángela es una bióloga marina que procede de la capital y que trabaja a media jornada en el centro de buceo, a veces en la administración y a veces como dive máster. Tiene la suerte de estar guardando una casa a unos amigos en la isla y dedica su tiempo libre en realizar proyectos de desarrollo en su campo por lo que estar en la isla le permite interactuar con el entorno. 

Ella aportaba la base cultural a nuestras conversaciones. También estaba por allá Maila, una perra salvavidas (no, no me estoy refiriendo a esa clase de perras que te salvan la vida en ciertas situaciones a cambio de unos leuros), si no a una preciosa golden retriever que hacía las delicias de los  que allí estábamos y que estaba entrenada para rescatar náufragos. Bueno entre unas cosas y otras fuimos habituándonos a ver cada día las mismas caras y al carácter diferenciado que hay entre los habitantes de la isla y los que han ido a parar allí por necesidades laborales. 

Los isleños se desplazan por la única carretera de circunvalación de la zona civilizada del lugar (lo digo porque tres cuartas partes de la isla se encuentran deshabitadas por la rudeza del entorno, entorno que cuenta con manglares pantanosos, mosquitos caníbales, montañas infranqueables, lagunas profundas  y cocodrilos que alguna vez se han merendado a un turista desaprensivo) en unos carritos de golf, te miran como si fueras un estorbo y como ya he comentado antes pasan de hablarte si no les hablas en el idioma de la pérfida Albión. Por el contrario los hondureños que se han desplazado al lugar por motivos laborales son simpáticos y abiertos y siempre que pueden te invitan a conversar con ellos. En fin los días pasaban y mientras yo disfrutaba como un cochino,  mi estimada Fer se aburría como una ostra. 

Los días eran largos y ella los aprovechaba dando largos paseos, leyendo y cogiendo el color tostadito que tanto me gusta. De nuevo nos encontramos con Diego y Esteban, acompañados esta vez por dos chicas que habían encontrado por el camino. Una vez terminaron el curso se marcharon hasta la próxima vez que nos encontremos que creo que será ya en Colombia. Abandonar la isla no nos significo un trauma, ya que aparte de bucear y emborracharse no hay nada más que hacer. Bien tempranito, nos pillamos primero el ferri que nos devolvería a La Ceiba y después un autobús a todo lujo (a estas alturas del viaje, estamos hasta las narices de sollarnos las rodillas y de pasar malos momentos en los incómodos buses que circulan por todo centro América), bueno el lujo es que nos pusieron un par de pelis y tenía aire acondicionado nos dirigimos a Copán. 

Antes hicimos una breve escala en San Pedro Sula un lugar donde se cometen una media de 15 homicidios diarios, como para plantearse poner un negocio aquí. Continuamos nuestro trayecto arribando ya de noche a Copán, una de las joyas arqueológicas más importante de la cultura Maya. Copán Ruinas (para diferenciarla de Santa Rosa de Copán) es un pueblecito a apenas 12 km de la frontera con Guatemala, eso hace que tanto los que visitan uno u otro país pase por aquí de manera casi obligada. Allí nos instalamos en un apartamentito muy cuco a una cuadra del centro.
En la ciudad no hay mucho que ver ya que es diminuta, pero naturalmente tiene el yacimiento arqueológico por la que es conocida. Justo en frente de nuestra temporal morada había una casa de comidas típicas donde Doris se encargaba de alimentarnos. Esta señora junto a sus dos hijas, había huido de San Pedro Sula donde tenía un negocio parecido huyendo de las “maras”, las peligrosas bandas cuya presencia es constante en todas las capitales de centro América y que se dedican a extorsionar comerciantes a cambio de garantizarles que no les quemaran el negocio o que no les pegarán un tiro. La bomba, vamos. Al día siguiente muy de mañana nos fuimos dispuestos a ver las ruinas. 

Allí nos unimos con dos barcelonesas con las que compartimos guía y experiencias. Al parecer el antiguo Copán llegó a estar habitado por  20.000 almas en su periodo de máximo esplendor hacia el siglo VI de nuestra era. Durante la conquista española fue redescubierto y luego olvidado de nuevo. A finales del siglo XIX las diferentes universidades (sobre todo británicas) pusieron sus ojos en el sitio arqueológico viendo una oportunidad de tener en su país muestras de todas las culturas del mundo. Es por eso que varias expediciones se dedicaron durante casi toda la mitad del siglo pasado a desenterrar y saquear el lugar.

Dado que el rio hacía peligrar el yacimiento, se decidió desviar su curso para evitar que el agua se llevase las joyas arquitectónicas de la cultura Maya. Una plaza central rodeada de estelas, que son unas figuras en piedra representando a sus mandatarios y de altares de sacrificio, varios templos, unas gradas con la historia de la ciudad escrita en petroglifos  y varias zonas residenciales componen el complejo. Después de la visita nos dirigimos a las Sepulturas, que no es otra cosa que otro asentamiento residencial. Después de la visita, Doris nos volvió a deleitar con su muestra gastronómica. Dejamos pasar el día y nos acostamos prontito para viajar a Guatemala, en concreto a Antigua. Como decía en el titulo de esta crónica, hemos estado en este país cerca de un mes y sólo hemos visto dos lugares, pero estas cosas pasan, no nos queda más remedio que consolarnos pensando que lo que nos queda, se verá en otra ocasión. Bueno, al parecer ya se ha terminado la huelga de maestros y seguimos camino. 

Actualizaré lo antes posible el blog ya que en Guatemala estaremos apenas una semana. Espero que os haya gustado el relato, un tanto corto esta vez.
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Se despiden como siempre deseando lo mejor para vosotros Fer y Miguel.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Nicaragua sin más...bueno sí...

Hola de nuevo y de nuevo siento el retraso que tanto indigna  a los que nos seguís por medio de este blog. La verdad es que si no lo actualizo más a menudo es porque estoy muy vaguete y no encuentro el momento entre chapuzón y clase de submarinismo para escribir los relatos. También os rogaría que si hacéis un comentario lo dejéis plasmado en el blog ya que para nosotros es muy importante saber que estáis ahí. Bueno empiezo.
Nos habíamos quedado en Costa Rica y sus chubascos moderados a fuertes. Partimos bien temprano para llegar lo antes posible a Nicaragua. Desconocíamos el transporte en ese país y temíamos hacer noche en un lugar no deseado. Por suerte, las distancias por aquí no son muy grandes y después de esquivar a los típicos oportunistas que te encuentras en la frontera buscándose la vida (bueno en realidad me costó un dólar librarme de un pesado) tomamos un autobús hacia Rivas. 


Esta ciudad es la puerta de entrada de la isla de Ometepe. Un ferri nos trasladó a través del lago Nicaragua a nuestro siguiente destino. Ometepe es una isla flanqueada por dos volcanes, el Concepción y el Maderas que han ayudado a su formación. Desembarcamos en Moyogalpa e inmediatamente nos dirigimos a Altagracia en el lado opuesto. Nos describieron este lugar como de lo más bello de la isla, pero como siempre que te recomiendan algo los mismos lugareños (y más si son oriundos del sitio que te recomiendan) nos llevamos una decepción. Allí no había nada. 
Los lugares para dormir eran excesivamente caros para nuestro presupuesto. Por suerte, mientras recorríamos la calle principal, nos asaltó una simpática señora que nos proporcionó acomodo a un precio razonable. Al día siguiente decidimos dar una vuelta por la isla y nuestra siguiente etapa dependería de si el lugar por el que pasaríamos se ajustaría a nuestras expectativas. Nos bajamos del bus en  Santo Domingo, pero tampoco encontrábamos el lugar adecuado para quedarnos. 
Unos gringos nos hablaron de la finca Magdalena, que al parecer era un remanso de paz en la falda del volcán Madera. Nos comentaron que no quedaba lejos, que andando se podía llegar perfectamente. Después de 5 km agotadores con las mochilas en la chepa, descubrimos que aún nos quedaba 1 km más de subida hasta nuestro destino. Exhaustos, decidimos quedarnos tanto si nos gustaba como si no. Suerte tuvimos que nos convenció el hecho de que además de estar cerca de un sendero donde podríamos ascender al volcán, también podríamos encontrar petroglifos en los alrededores. 
La finca Magdalena es como nos habían informado un reducto de paz para descansar y a la vez machacarte con caminatas tanto en ascenso como en descenso. Se trata de una plantación cafetera que funciona como cooperativa. Las personas que la atienden son educadas y de muy buen trato y las instalaciones no tienen nada que envidiar a cualquier hotel de 5 estrellas. Allí lo tienes todo, lo que va muy bien cuando se te ha olvidado comprar tabaco, con lo que te ahorras los 2 km de bajada y subida hasta la pulpería más próxima. Lo que no había sido habitual a lo largo de nuestro viaje se convirtió en una autentica sorpresa.
Resulta que nos reunimos en un mismo lugar una docena de españoles que venían desde diferentes puntos de centro América y España. Una guitarra  y buena cerveza bastó para que pasáramos una velada muy divertida. Ese mismo día habíamos visto los famosos petroglifos, que son marcas y dibujos grabados en la piedra. Una muy buena experiencia. Al día siguiente decidimos aventurarnos y subir al volcán. Una agotadora caminata de cerca de tres horas, ascendiendo por caminos impracticables y embarrados que no facilitaban esta labor. Lo que más temíamos se hizo realidad. Al llegar a la cumbre, una densa cobertura de nubes imposibilitó ver las fantásticas imágenes que ofrece esta atalaya. 
Un poco decepcionados emprendimos el descenso. Si subir fue penoso, bajar resultó mucho más difícil ya que te ibas resbalando a cada paso y mis huesos fueron a parar dos veces al mojado sendero. Valió la pena aunque fuese sólo por el ejercicio. Decidimos pues acercarnos un poco más al ferri que nos devolvería a Rivas para llegar luego al siguiente lugar, Granada. Como suele ocurrir en estos lugares las estaciones de autobús suelen resultar de lo más caótico. Voceros locos anuncian a viva voz el destino que tiene reservado cada autobús, además no pillan el sarcasmo ya que después de que un tipo de esos me estuviera gritando al oído a escasos centímetros el destino del autobús cuando le pregunte si iba a Granada me lo volvió a repetir como si fuese la primera vez. La bomba. 
Bueno, nos embarcamos hacia lo que se denomina la ciudad graciosa, pero no porque sus habitantes sean unos chistosos, si no porque al parecer ha sabido salir con más o menos suerte de diferentes contratiempos. Entre ellos el filibustero William Walker (echadle un vistazo a su biografía en la wiki que os vais a reír del pringao ese) que viendo perdida su causa la redujo a cenizas. 










Granada es bonita, para que vamos a engañarnos. Su casco antiguo parece sacado de una postal del siglo XVII. Sus casas pintadas de vivos colores te recuerdan mucho a las ciudades coloniales que encuentras por todo este continente. La calle principal te conduce al lago donde puedes acceder a dar una vuelta por las islitas que colindan con la ciudad. Desgraciadamente muchas de estas casas se han visto afectadas por la especulación. La falta de control por parte del gobierno ha hecho que en esta misma calle se combinen las casas coloniales con otros estilos arquitectónicos que no le pegan nada. Fuimos afortunados al llegar justo en el fin de semana donde celebran sus fiestas mayores. 
Las calles bullían de actividad y las gentes venidas de todos los lugares de Nicaragua disfrutaban de estas actividades. Conciertos, danzas, exposiciones y un simulacro de sanfermines nos acompañaron durante la estancia. Allá volvimos a encontrarnos con nuestros amigos Diego (alias el “Andrew” el del metro cuadrado de pilsen), Esteban (alias “Stephan” el de los pasajes a Rancagua) y Iary (alias “el tano”, alias “el artesano” el come niñas) .Nos contaron sus aventuras en la misma isla de dónde veníamos y pasamos un buen rato. Mientras nosotros nos dirigíamos a Honduras, ellos habían decidido hacer una pausa en León, pero por suerte nos volveríamos a encontrar en Utila ya en territorio hondureño.
Partimos después de cuatro días que nos habían ayudado a reposar nuestros cansados huesos. Una sucesión de buses y diferentes estaciones nos conduciría a la frontera hondureña, pero eso ya es otra historia. Lo que más me sorprende de los nicaragüenses es fu falta de orgullo, ellos junto a los vietnamitas han sido los únicos (de momento y a la espera de lo que pase en Afganistán e Irak) que han podido derrotar a los todopoderosos gringos a costa de las vidas de una generación entera de jóvenes que se dejo el alma luchando en los montes con el gobierno de Reagan que se escudaba en la “contra” y para derrocar un régimen democrático elegido en las urnas. Los mercenarios costarricenses, hondureños, salvadoreños y guatemaltecos junto a las tropas irregulares de Estados Unidos casi lograron acabar con el país en una cruenta guerra civil que duró más de 10 años. 
Pero pese a todo en su moneda se puede leer como lema “En Dios confiamos” que no es ni más ni menos la traducción literal del lema que acuña toda moneda estadounidense “In God we trust”. Hay mucho lugares turísticos por supuesto en los que si no hablas inglés no tienes nada que hacer. Sin ir más lejos tanto en Ometepe como en Granada casi todos los menús de los restaurantes estaban escritos únicamente en el idioma de Shakespeare. Es por eso que me sorprende que después de todo lo ocurrido se hayan vendido al omnipresente dólar. Si, entiendo que se tengan que buscar la vida, pero sólo hay que visitar los cementerios para ver la cantidad de chicos de entre 17 y 23 años que perecieron en la contienda. 
Me contaba el vigilante del Fuerte de la Pólvora (un viejo polvorín construido por los españoles en el siglo XVIII, al que nos dejaron acceder pese a estar cerrado y que era cárcel para presos políticos en la época de Somoza) que a él no le quedó más remedio que echarse al monte para no ser reclutado por uno u otro bando. 

Bueno, esta crónica la estoy escribiendo desde Utila en el Caribe hondureño donde estoy adquiriendo experiencia en buceo y aunque parezca mentira esto estresa un poquito. Así que la próxima ocasión que escriba os daré referencias sobre nuestra estancia en Honduras que aunque prolongada no nos ha dado tiempo a ver todo lo que queríamos. Un saludo enorme de estos dos mochileros viajeros que siguen recorriendo cada vez mas cansados.


Un beso para vosotras y un abrazo para vosotros de parte de Fer y Miguel.

lunes, 1 de agosto de 2011

CARIBE COLOMBINO Y BREVE PASO POR PANAMA Y COSTA RICA


Hooola de nuevo y como siempre, lo primero que hago es disculparme por la tardanza en escribir nuevas entradas. Este relato o estoy escribiendo desde Tamarindo en la costa pacífica de Costa Rica, pero desgraciadamente el mal tiempo nos ha estado acompañando desde que entramos en Centro América y mañana mismo Fernanda y un servidor saldremos echando virutas a Nicaragua donde esperamos que todo sea un poco más barato. Se nos ha unido Esteban, el compañero que desertó a la francesa para ir a ver a su selección jugar en la copa América y que por motivos que no vienen al caso nos volverá a abandonar a mediados de septiembre para volver a encontrarnos a en la segunda quincena de octubre de nuevo en Colombia. Bueno, vamos al lío...

Una vez superado el humillante paso de Venezuela a Colombia nos dirigimos como posesos a buscar el sol del Caribe colombiano.   
 Santa Marta nos recibió de noche después de muchas horas de bus. Aterrizamos en un hostel del terror con unas habitaciones que metían miedo y palpamos lo barato que podía representar pasar una temporada en la zona. Santa Marta se caracteriza por dos hechos; Fue la primera ciudad fundada en el continente sudamericano y testimonió el último aliento de Simón Bolívar sin ver cumplido su sueño de  convertir el norte del continente en un solo país cuyo fantástico nombre sería Gran Colombia. Aparte de eso, nada más. Sus playas son feas y sus aguas sucias. Sus habitantes contribuyen a este hecho arrojando todo tipo de desperdicios a lo que un día fueron unas aguas cristalinas. Hartos de este ambiente y deseosos de encontrar un lugar donde reposar nuestros cansados huesos nos dirigimos a Taganga. 

Este pequeño pueblo de pescadores enclavado al inicio del parque nacional Tayrona nos gustó desde el principio, sus calles de tierra se conjugaban con un ambiente cálido y acogedor. Su playa principal no tiene nada del otro mundo, pero encontremos un pequeño reducto de pescadores donde el agua te ofrecía una prístina visión del fondo marino. Nuestras comidas eran frugales al igual que nuestro sueño ya que justo al lado del hostel donde nos alojamos había un gallo que tenía el sueño cambiado y comenzaba a cantar a las dos de la mañana. Si a eso le sumamos que teníamos una iglesia evangelista puerta con puerta que realizaba exorcismos a chicas que habían aceptado al demonio como guía y que la única intención de los vecinos era demostrar que tenían los altavoces más potentes haciendo competencia territorial entre ellos, os podéis imaginar que no fue fácil encontrar un ratito para dormir a gusto.

 Para visitar el  parque Tayrona (donde estaban las mejores playas) tenías que transponerte al culo y encima pagando entrada al parque que gestionan sociedades europeas. Visto lo visto, nos marchamos a Cartagena donde nos esperaban playas y buen rollo. Dados los precios de la capital indiana, nos metimos en otro hostel que daba pena. Durante los dos días de estancia en la ciudad nos dimos cuenta que no se diferenciaba mucho de cualquier ciudad castellana que te podrías encontrar en nuestro país. Además el precio de los alimentos no favorecía a nuestra economía.


Tampoco había playas espectaculares y si querías visitar alguna, te hacían pagar entrada. Visto lo visto, de nuevo a Taganga. Esta vez elegimos para nuestro reposo una pensión cerca de la playa que aunque era un poco cara (20 euros) era mucho más confortable de lo que habíamos visto hasta ese momento. En total pasamos en Colombia 20 días. Luego tocaba marchar hasta Panamá. Dado que no hay vías terrestres que comuniquen ambos países, las opciones eran pocas. La primera consistía en pegarte un  tute de tres días para que te cruzaran en una lancha rápida, para una vez allí coger una avioneta que te dejaba en la capital y todo eso por unos módicos 170 €. La segunda opción era más cómoda, pero más cara. Consistía en esperar a un velero que te llevaba en un tour de 5 días navegando por el Caribe. La tontería te costaba 350 €. Escogimos la tercera opción que era la más rápida y no perjudicaba tanto nuestros caninos bolsillos. Compramos unos billetes desde Cartagena hasta Ciudad de Panamá. 


50 minutos de trayecto y nos plantaríamos en otro país. Para ahorrar una noche, decidimos apalancarnos en el aeropuerto y esperar el vuelo. Diego, que había estado apareciendo y desapareciendo de nuestras vidas cual  Guadiana chileno, apareció tempranito para descubrir que pasar a Panamá no sería tarea fácil. Las autoridades aeroportuarias nos informaron que para entrar en el país vecino, tenías que tener un documento que diese fe de que no nos quedaríamos en su territorio. Para eso teníamos que conseguir un ticket de autobús que justificara esa salida. Evidentemente la única compañía de buses que hacía esto no tenía la página web habilitada. Con el triste pensamiento de tener que quedarnos en Colombia o en su defecto tener que comprar un ticket de avión que no íbamos a utilizar, optamos por usar nuestros encantos para conseguir que la supervisora del turno nos hiciera un ticket falso y así pasar sin problemas. Gracias enormes a Inés de Copa Airlines por la ayuda prestada. En territorio panameño, nuestra intención era dirigirnos a la zona franca donde nos habíamos prometido comprar tecnología a un precio aceptable. Pero nuestro gozo en un pozo, ya que la zona franca no se encontraba en Ciudad de Panamá si no en Colón, a 45 km.

 El trayecto era de dos horas y nos comentaron que los mismos productos los podríamos encontrar en el Mall de la estación central de buses conocida como Allbrock. Estábamos buscando libros digitales, pero al parecer la población panameña no es muy dada a leer y por lo tanto no había demanda de estos artículos. También nos llamó la atención la cara que ponían los dependientes cuando les preguntábamos por los e-readers o e-books dándonos a entender que no tenían ni puta idea de lo que les estábamos hablando. Frustrados, aprovechamos la coyuntura para pillar los billetes del bus que nos trasladaría a Bocas del Toro. Un amiguete nos desaconsejó visitar el archipiélago de San Blas ya que estaba lloviendo mucho y las previsiones meteorológicas no nos favorecían.
Después de un viaje del horror con el aire acondicionado a full (donde tenías más la sensación de viajar dentro de un congelador que otra cosa) durante todo el trayecto y acompañados por esos infatigables viajeros descendientes de la tribu de David y que hacen gala de su nacionalidad gritando como posesos en una conversación con la persona que tienen al lado para dar fe de que son israelitas, llegamos a Bocas del Toro.

 Para llegar a la isla de Bastimentos, primero teníamos que pasar por la isla de Colón donde se concentraban la mayor parte de los mochileros. En Bastimentos descubrimos que sus habitantes hablan un raro dialecto mezcla de español, inglés e isleño que entiendes sólo a medias. El lugar era muy tranquilo y sus gentes agradables. Nos informaron sobre una playa al otro lado de la isla donde para llegar tenías que recorrer un sendero que atravesaba la selva. El trayecto nos descubrió la cara oculta de la isla y vimos la naturaleza salvaje en toda su exuberancia. Lo malo es que el agua estaba bastante agitada y la resaca no te dejaba bracear más de dos metro sumado a esto, el tamaño de las olas impedía un baño tranquilo. Al día siguiente nos encaminamos a la frontera con Costa Rica en Guabito, una de las más conflictivas de centro América. Los trámites fueron fáciles para salir, pero nos volvieron  exigir un documento que justificara nuestro próximo destino, para eso, volvimos a tirar del documento que nos habíamos conseguido en Colombia. Fue suficiente. 250 km era la distancia que separaba la frontera con la capital costarricense. Nos sorprendió bastante tardar 6 horas en recorrer esta distancia, me pasó algo parecido en Nepal. Al parecer el hecho de que casi todo el país sea parque natural protegido por la UNESCO hace que no se creen infraestructuras viarias de calidad. No nos vamos a engañar Costa Rica es el país con la renta per cápita más alta de centro América y eso tiene un precio. El precio se paga por el alojamiento y la comida ya que el transporte no es muy caro.
 
 La capital, San José no tiene grandes atractivos y es sólo un lugar de paso para los que visitan el resto del país. Aprovechamos la tregua que nos dio la lluvia para pasear por el centro y darnos cuenta de que los precios de la mayoría de los artículos expuestos en los escaparates estaban al mismo valor que en Europa. La lluvia de nuevo arruinó nuestro paseo. Al día siguiente partimos para Tamarindo o como se conoce coloquialmente “Tama gringo”. Este es el destino preferido para los surfers de todo el mundo en especial los norteamericanos. Tal es el grado de integración local que en el hostel donde nos alojamos los recepcionistas no hablan español. Esto no se nos hace un drama ya que por suerte somos multilingües, pero, nos pareció un poco raro. Sigue lloviendo intermitentemente, lo que no nos permite disfrutar de sus playas ya que no concebimos el mar sin sol. Quizás sea un error, pero es lo que hay. Colombia nos ha encantado, es un muy buen lugar donde pasar una temporada y el carácter de su gente ayuda mucho. En Panamá no hemos visto todo lo que hubiésemos querido ya que si has de visitar algún lugar lo preferible es que el tiempo acompañe y este no ha sido el caso.
 Costa Rica muestra su exuberancia y a su lema “Pura Vida” le podríamos añadir ¿pero, a qué precio?. Sinceramente, por lo que estamos pagando aquí por una habitación compartida podríamos estar en cualquier lugar de la zona en una privada con todas las comodidades que nuestros cansados cuerpos nos demandan cada vez más a menudo. Y llevamos 9 meses de viaje y eso nos pesa. En breve partiremos para Nicaragua donde pensamos estar unos diez días en función de cómo nos encontremos y así continuar nuestro viaje. Ya os explicaremos nuestras sensaciones en una próxima entrada. Gracias por estar ahí y seguirnos fielmente. Un saludo para vosotros y un besito para vosotras.

Fernanda y Miguel

jueves, 7 de julio de 2011

Venezuela funciona………..casi a medias.

PRIMERA PARTE.-


Hola de nuevo familia, amigos, amigas, simpatizantes, perro flautas, gato tambores y demás gente de buen o mal vivir que sigue este foro. Después de haber llegado a la trágica conclusión de que Brasil es un ejercicio enorme de marketing comercial y que sacando varios lugares en concreto (que se pueden contar con los dedos de una mano) lo demás es “una mierda pinchá en un palo”  y más después de sufrir durante 18 largas horas una travesía que en cualquier lugar civilizado no habría durado más de 7.
Me refiero al trayecto entre Manaos y la frontera con Venezuela pasando por Boa Vista, por una carretera que parecía haber sufrido el bombardeo de la aviación de la ONU. Con autenticas zanjas y cráteres que daban miedo sortear y alcanzando la increíble velocidad media de 20 km/h. Pero creo que ya he perdido demasiado tiempo en hablar del país en el cual tenía intención de instalarme. Y es por eso que comienzo mi relato en la frontera venezolana en concreto en Santa Elena de Uriaen. Los trámites siempre son farragosos y más cuando circulas en un automóvil como es nuestro caso. Después de unirnos a Esteban, Diego (Chile) y Iary (Italia), entramos en el país con pasmosa facilidad. Acordamos con los aduaneros que volveríamos al día siguiente para realizar el correspondiente papeleo. La sorpresa fue que en la frontera te exigen un seguro para poder circular por el país independientemente del seguro internacional que tiene el vehículo. Esto representó cerca de 100 USD más que no teníamos pensado gastar. Santa Elena es un pueblo fronterizo sin ningún interés particular. Dedicamos el día a buscar un lugar donde cambiaran nuestros dólares a un precio superior al cambio oficial. Este está a unos 4 bolívares por dólar y en el mercado negro lo puedes conseguir hasta por 8.5. Después de llenar el depósito con gasolina creímos que nos estaban tomando el pelo ya que 45 litros nos salieron por unos 40 céntimos de euro. Si amigos, no me estoy columpiando, el precio de la gasolina aquí es irrisorio.

De ahí que no te extrañe ver camionetas 4.5 litros que gastan 1 litro cada 4 kilómetros. La confianza hizo que no se repusiera el depósito en su momento no  nos quedara más remedio que recurrir al mercado negro. Lo peor no fue tener que pagar la gasolina un 400% por encima de su valor, si no el mal rato que pasamos en una pintoresca población de la sabana venezolana llamada El Dorado. Este singular pueblo está formado por una amalgama de gentes de diferentes nacionalidades cuyo vínculo común es la búsqueda de oro y piedras preciosas. De ahí que el lugar tenga más semejanza al lejano Oeste que al cercano Este. Un pueblo que denominaríamos de “birras y putas”. La Guardia Nacional Bolivariana, nos desaconsejó en varias ocasiones que tomáramos la carretera que llegaba hasta allá. Nosotros ante la desesperación de ver como el depósito de gasolina se había quedado vacío optamos por la opción menos sensata y nos plantamos en medio de la plaza mayor (la única que hay) a ver qué es lo que se podía hacer.
 De inmediato nos convertimos en el centro de atención y los lugareños comenzaron a vernos como una rara avis fuera de lugar. Algo exótico y novedoso ya que lo más parecido a un “gringo” que habían visto por aquellos lares salía en la tele. Habíamos probado en varias ocasiones comprar la gasolina que necesitábamos, pero el precio era tan abusivo que optamos por negarnos sólo por vergüenza torera. En esto que apareció una patrulla de la Policía Estatal que nos volvió a aconsejar que nos esfumáramos de allí de inmediato ya que no podían responder por nuestra integridad física. Cuando les expusimos el problema, accedieron a conseguirnos la gasolina a un precio más asequible. Nos contaron que en el pueblo hay un tiroteo casi cada día y que dada la idiosincrasia de la gente que se dedica al negocio áureo la vida no tiene valor alguno en ese lugar de manera que las autoridades lo han dado por perdido y han decidido quitarlo del mapa por lo menos en lo que se refiere a la administración. Después de esa grata experiencia dormimos en un pueblo llamado El Callao. Allí nos recuperamos del susto y comenzamos a degustar la gastronomía local. Arepas y empanadas son el alimento básico de la gente por aquí. Acompañan estos ágapes con un néctar imbebible llamado “Malta” que no es otra cosa que una cerveza sin alcohol y con sabor que a mí me pareció altamente agrio. En principio desconocíamos que estas frugales comidas se iban a convertir en casi el único ágape que nos haría mover el bigote durante nuestra estancia en el país. Los chicos habían decidido marchar a Isla Margarita ante la promesa de playas de aguas celestes y arenas blancas. Para eso debíamos aterrizar primero en Puerto La Cruz para poder tomar el ferri a la isla. Esa noche la pasamos en un apartamento que alquilamos y cuyos habitantes habituales eran las hordas de cucarachas que acudieron en tropel a dar la bienvenida a los recién llegados. Después de gastar varios botes de insecticida y causar un holocausto que pasaría a la historia de nuestra amiga la “blatella germanica”,  nos acomodamos para salir al día siguiente hacia Margarita.
El cómodo y casi lujoso ferri tardó 4 heladas horas (aquí no tienen proporción con el aire acondicionado y lo ponen a full siempre que pueden) en desplazarnos y nos dirigimos a Juan Griego que según todas las informaciones que habíamos recibido era el lugar más seguro. Juan Griego es un pueblo de pescadores enclavado en el norte y el costado de sotavento de la isla. Descubrimos que las playas paradisíacas que muestran los catálogos de viajes no se parecían nada a las que visitamos. Además el mal tiempo se cebó con la isla y fueron pocas las oportunidades que tuvimos de ver el sol. Es por eso que al cuarto día decidimos hacer las mochilas y desplazarnos a un lugar que según unos amigos argentinos que conocimos en la posada era lo más parecido al paraíso que habían visto. 
Llegar hasta Choroní, fue un ejercicio de paciencia y habilidades sociales. Después de esperar durante tres horas el autobús que cubriría el trayecto Puerto La Cruz- Maracay, recibimos la nefasta noticia de que la unidad no tenía aire acondicionado y si a eso añadimos que las cucarachas habían tomado la costumbre de viajar gratis en los mismos autobuses, se forma un coctel que puede hundir a cualquiera.
Pero no a nosotros. Haciendo de tripas corazón nos encaminamos dirección Norte y tardamos 7 horas en llegar a Maracay. Allí tras una espera de 3 horas más enfilamos la ruta que nos levaría a Choroní. Al parecer la tarea del conductor del vetusto autobús, además de conducir es no dejar descansar a los infelices clientes que transporta y provocarles un ataque cardíaco.
Esto lo consigue poniendo la música a todo volumen con canciones (que sólo le gustan a él y que estaban de moda 10 años atrás) y lanzándose a cuchillo de forma suicida por una carretera que casi siempre bordea un profundo precipicio en el cual puedes ver los esqueletos mudos de otros autobuses cuyo conductor tenía menos aprecio por la vida que el nuestro y que no tuvieron tanta suerte como nosotros. En dos ocasiones salí despedido de mi asiento y fui a parar al otro lado del bus en una maniobra que se podría calificar de “temeraria” por parte de este Lewis Hamilton de pacotilla. Una vez a salvo y después de haber besado el suelo de la estación de autobuses al estilo Karol Wojtyla, nos dirigimos a la posada en la cual pasaríamos 4 días. Choroni no tiene nada a destacar. La Playa Grande lo único que tiene de grande es su oleaje que te revuelca cual compresa desechable cada vez que intentas tomar un baño en sus limpias aguas. Allí nos reunimos con Diego y Iary (Esteban se había marchado a Mendoza a ver a su selección en la Copa América) y decidimos visitar otras playas aunque para esto hubiéramos que pagar el desplazamiento en una lancha motora. Optamos por Chuao, que según contaban los locales tenía una piscina natural. Cuando preguntas cual de las tres playas cercanas es la más atractiva para el baño, nadie coincide. Todos te dicen que la suya es la mejor (como no). Cuando llegamos a esta descubrimos que las lluvias la habían convertido en un lodazal y que el famoso “Encontro das aguas” que se da cuando coinciden el Amazonas y el Rio Negro se reproducía en pleno Caribe venezolano. 
Cepe fue la segunda opción. Después de desembarcar al estilo “Salvad al soldado Ryan”, nos dimos cuenta de que no sólo el mar estaba tan bravo que impedía el baño si no que para acceder al agua tenías que pasar por una orilla plagada de cantos rodados que destrozarían los pies de un Yanomami. O sea otra frustración. Luego a partir del viernes llegaron al pueblo hordas de visitantes locales en busca del sol y del mar que la capital no le da. Esto convirtió la playa en un área de “macarrónicos reguetoneros” hasta las trancas de cerveza y con ganas de fiesta. Pocas fueron las muchachas de buen ver que pasearon su palmito por la zona. Casi todas eran jovencitas entradas en carnes con diminutos biquinis que desaparecían entre sus michelines. La noche se convirtió en una discoteca ambulante donde los “macarrónicos reguetoneros” hacían gala de sus equipos de música instalados en sus vetustos carros de fuego y las mozas movían sus culazos y coreaban las canciones a viva (y desagradable) voz al ritmo del hortera de “Daddy Yankee” Después del descanso nos encaminamos nuevamente por la tortuosa ruta hacia Maracay donde comenzaría otro periplo de 30 horas hasta llegar a Santa Marta ya en territorio colombiano.


Uff!, este es un momento óptimo para descansar de tanta aventura...tómense su tiempo.


SEGUNDA PARTE.-



El primer trayecto nos condujo hasta Maracaibo y de verdad no entiendo la letra de la canción de La Unión donde Rafa Sánchez se desgañitaba con esa voz meliflua y aterciopelada que decía literalmente en su estribillo; -“Uhhhh, si un día he de morir que sea aquí donde yo nací, que sea aquí en Maracaibo”-. Pues sinceramente, este sería el último lugar donde me gustaría morir. En la estación de buses nos llevamos un susto tremendo al comprobar que la riñonera Diego había desaparecido. En ella a demás de un poco de dinero y las tarjetas, llevaba una cosa imprescindible para poder dejar el país, el pasaporte. Por suerte la pudimos recuperar aliviada de su paupérrima carga de dinero, pero con las tarjetas y la documentación intacta. El trayecto hasta la frontera colombiana nos tenía que llevar unas tres horas, pero como siempre surgen problemas que hicieron que se convirtieran en siete. A pocos quilómetros de Macaio, último punto de Venezuela conocido como “La Raya”  (no sé si por las connotaciones cocainómanas del país de destino), se nos incorporó un individuo que se identificó como “El Pagador”. Su labor era tan simple como recoger dinero de los asustados usuarios del mini bus y pagar las “coimas” o sobornos que les pedían los miembros de la Guardia Nacional Bolivariana cuyo lema es “El Honor es nuestra Divisa” muy parecido a la del benemérito cuerpo. Pero nada que ver. Además tenía que “coimar” también a los policías estatales que salpicaban cada pocos metros la vía que nos llevaba por tierra de nadie hacia nuestro destino. Evidentemente,  yo sentía vergüenza ajena por el total desprecio de la profesión que ejercían estos individuos uniformados y desde un principio los cuatro nos negamos a pagar ni un bolívar. Nos decían que si no pagábamos nos registrarían el equipaje y que perderíamos mucho tiempo. Nosotros alegábamos que nos importaba un “güebo” ya que ninguno tenía fecha de regreso y que por lo tanto podían revisar el equipaje las veces que fuera necesario. Naturalmente esto nos creó cierta animadversión con los locales que se dedicaron a mandar puyas hirientes ante nuestra actitud despectiva. Finalmente llegamos a la civilización (o sea a la parte colombiana) y continuamos nuestra marcha hacia el siguiente destino. Hablando con la gente y tanteando siempre el terreno donde se pisa pude sacar algunas conclusiones. Si digo que Venezuela funciona casi a medias es porque, en un principio creía que me encontraría con un estado totalitario donde la policía y el ejército llevaban la voz cantante. Sólo en ambas fronteras hemos notado presión militar y controles estrictos. La gente sobrevive como puede, pero las ayudas sociales hacen que casi no veas pobres o enfermos mendigando en la calle. La sensación de seguridad es muy buena. Nunca hemos temido por nuestra integridad si no ha sido a manos de los mismos que nos tenían que defender. Hay trabajo para el que quiere trabajar. La mayor parte de los negocios pertenecen a extranjeros y no les va mal. El venezolano (según ellos mismos, ojo) es flojo y vago, sólo trabaja cuando le aprietan y no ocurre siempre.
Es por eso que son los extranjeros en su mayoría los que llevan buenos carros y se gastan sus bolívares en fiestas ante la pasividad de los locales. Luego lo que sorprende es la falta absoluta de compromiso por parte del gobierno con sus ciudadanos. Venezuela está manteniendo a Cuba, Bolivia, Ecuador y Perú a costa de vender su petróleo a terceros para continuar  lo que el icónico presidente denomina su proyecto de una Sudamérica bolivariana. Un sueño en el que se vio envuelto el libertador de América y fundador de Bolivia Simón bolívar y que nunca pudo ver terminado. Por el contrario los cortes de luz son tan frecuentes que las gentes les parece raro tener electricidad por más de 2 días seguidos. La figura de Chávez se ve como algo lejano pese a ser omnipresente en todos los carteles que se pueden ver en los lugares que hemos visitado. Venezuela funciona casi a medias, porque este gobierno populista que se niega a claudicar con el capitalismo que existe de una manera sumergida de tal modo que en las zonas fronterizas no hay gasolina porque se dedican a contrabandear con ella en los países vecinos. La electricidad se corta pese a tener la segunda mayor central hidroeléctrica del continente y no funciona por dejadez ya que los equipos se están pudriendo por falta de mantenimiento. Las carreteras no se reparan porque se abolieron los peajes que controlaban empresas extranjeras y nadie se encarga de su manutención. Porque se expropian empresas que funcionan y pasan a manos de funcionarios bolivarianos, inútiles y corruptos que hunden esa empresa. Porque mal que me pese Homer  Simpson tenía razón cuando decía que; “muchas cosas funcionan en teoría y hasta en teoría hasta comunismo funciona”, pero lamentablemente  modelo funciona a medias y la realidad es muy diferente. La opinión general es que esto acabará en un momento a otro y tienen la esperanza de que cuando acabe el país no esté tan deteriorado que no se pueda recuperar. Mi opinión personal no es mala del todo, sólo me ha indignado la naturalidad con la que la policía en general acepta los sobornos que a la gente no le queda más remedio que pagar. Por el contrario se puede decir que la pobreza extrema al igual que el analfabetismo ha sido casi erradicados y que el estado se encarga de cobijar a los desprotegidos y de potenciar los estudios a todos los niveles. Puedes encontrar un hospital medio en condiciones en poblaciones realmente pequeñas por lo que entiendo que la salud llega a todos. El paro no existe ya que si no tienes trabajo el estado te pone a trabajar si o si. También hay que contar que veníamos de un país que me había defraudado enormemente y que todo lo que se compara con ese país es mucho mejor. Bueno, lamento haberme enrollado tanto pero han sido 14 días muy intensos. La próxima crónica la escribiré antes de marchar a Panamá para continuar viaje hacia el Norte y recorrer centro América.
Un saludo enorme de parte de Fer y mío y continuad siguiendo nuestras aventuras en este blog que se está convirtiendo cada día más en un medio de comunicación natural.
Abrazos para vosotros, besitos para vosotras.

Fer y Miguel.