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jueves, 7 de julio de 2011

Venezuela funciona………..casi a medias.

PRIMERA PARTE.-


Hola de nuevo familia, amigos, amigas, simpatizantes, perro flautas, gato tambores y demás gente de buen o mal vivir que sigue este foro. Después de haber llegado a la trágica conclusión de que Brasil es un ejercicio enorme de marketing comercial y que sacando varios lugares en concreto (que se pueden contar con los dedos de una mano) lo demás es “una mierda pinchá en un palo”  y más después de sufrir durante 18 largas horas una travesía que en cualquier lugar civilizado no habría durado más de 7.
Me refiero al trayecto entre Manaos y la frontera con Venezuela pasando por Boa Vista, por una carretera que parecía haber sufrido el bombardeo de la aviación de la ONU. Con autenticas zanjas y cráteres que daban miedo sortear y alcanzando la increíble velocidad media de 20 km/h. Pero creo que ya he perdido demasiado tiempo en hablar del país en el cual tenía intención de instalarme. Y es por eso que comienzo mi relato en la frontera venezolana en concreto en Santa Elena de Uriaen. Los trámites siempre son farragosos y más cuando circulas en un automóvil como es nuestro caso. Después de unirnos a Esteban, Diego (Chile) y Iary (Italia), entramos en el país con pasmosa facilidad. Acordamos con los aduaneros que volveríamos al día siguiente para realizar el correspondiente papeleo. La sorpresa fue que en la frontera te exigen un seguro para poder circular por el país independientemente del seguro internacional que tiene el vehículo. Esto representó cerca de 100 USD más que no teníamos pensado gastar. Santa Elena es un pueblo fronterizo sin ningún interés particular. Dedicamos el día a buscar un lugar donde cambiaran nuestros dólares a un precio superior al cambio oficial. Este está a unos 4 bolívares por dólar y en el mercado negro lo puedes conseguir hasta por 8.5. Después de llenar el depósito con gasolina creímos que nos estaban tomando el pelo ya que 45 litros nos salieron por unos 40 céntimos de euro. Si amigos, no me estoy columpiando, el precio de la gasolina aquí es irrisorio.

De ahí que no te extrañe ver camionetas 4.5 litros que gastan 1 litro cada 4 kilómetros. La confianza hizo que no se repusiera el depósito en su momento no  nos quedara más remedio que recurrir al mercado negro. Lo peor no fue tener que pagar la gasolina un 400% por encima de su valor, si no el mal rato que pasamos en una pintoresca población de la sabana venezolana llamada El Dorado. Este singular pueblo está formado por una amalgama de gentes de diferentes nacionalidades cuyo vínculo común es la búsqueda de oro y piedras preciosas. De ahí que el lugar tenga más semejanza al lejano Oeste que al cercano Este. Un pueblo que denominaríamos de “birras y putas”. La Guardia Nacional Bolivariana, nos desaconsejó en varias ocasiones que tomáramos la carretera que llegaba hasta allá. Nosotros ante la desesperación de ver como el depósito de gasolina se había quedado vacío optamos por la opción menos sensata y nos plantamos en medio de la plaza mayor (la única que hay) a ver qué es lo que se podía hacer.
 De inmediato nos convertimos en el centro de atención y los lugareños comenzaron a vernos como una rara avis fuera de lugar. Algo exótico y novedoso ya que lo más parecido a un “gringo” que habían visto por aquellos lares salía en la tele. Habíamos probado en varias ocasiones comprar la gasolina que necesitábamos, pero el precio era tan abusivo que optamos por negarnos sólo por vergüenza torera. En esto que apareció una patrulla de la Policía Estatal que nos volvió a aconsejar que nos esfumáramos de allí de inmediato ya que no podían responder por nuestra integridad física. Cuando les expusimos el problema, accedieron a conseguirnos la gasolina a un precio más asequible. Nos contaron que en el pueblo hay un tiroteo casi cada día y que dada la idiosincrasia de la gente que se dedica al negocio áureo la vida no tiene valor alguno en ese lugar de manera que las autoridades lo han dado por perdido y han decidido quitarlo del mapa por lo menos en lo que se refiere a la administración. Después de esa grata experiencia dormimos en un pueblo llamado El Callao. Allí nos recuperamos del susto y comenzamos a degustar la gastronomía local. Arepas y empanadas son el alimento básico de la gente por aquí. Acompañan estos ágapes con un néctar imbebible llamado “Malta” que no es otra cosa que una cerveza sin alcohol y con sabor que a mí me pareció altamente agrio. En principio desconocíamos que estas frugales comidas se iban a convertir en casi el único ágape que nos haría mover el bigote durante nuestra estancia en el país. Los chicos habían decidido marchar a Isla Margarita ante la promesa de playas de aguas celestes y arenas blancas. Para eso debíamos aterrizar primero en Puerto La Cruz para poder tomar el ferri a la isla. Esa noche la pasamos en un apartamento que alquilamos y cuyos habitantes habituales eran las hordas de cucarachas que acudieron en tropel a dar la bienvenida a los recién llegados. Después de gastar varios botes de insecticida y causar un holocausto que pasaría a la historia de nuestra amiga la “blatella germanica”,  nos acomodamos para salir al día siguiente hacia Margarita.
El cómodo y casi lujoso ferri tardó 4 heladas horas (aquí no tienen proporción con el aire acondicionado y lo ponen a full siempre que pueden) en desplazarnos y nos dirigimos a Juan Griego que según todas las informaciones que habíamos recibido era el lugar más seguro. Juan Griego es un pueblo de pescadores enclavado en el norte y el costado de sotavento de la isla. Descubrimos que las playas paradisíacas que muestran los catálogos de viajes no se parecían nada a las que visitamos. Además el mal tiempo se cebó con la isla y fueron pocas las oportunidades que tuvimos de ver el sol. Es por eso que al cuarto día decidimos hacer las mochilas y desplazarnos a un lugar que según unos amigos argentinos que conocimos en la posada era lo más parecido al paraíso que habían visto. 
Llegar hasta Choroní, fue un ejercicio de paciencia y habilidades sociales. Después de esperar durante tres horas el autobús que cubriría el trayecto Puerto La Cruz- Maracay, recibimos la nefasta noticia de que la unidad no tenía aire acondicionado y si a eso añadimos que las cucarachas habían tomado la costumbre de viajar gratis en los mismos autobuses, se forma un coctel que puede hundir a cualquiera.
Pero no a nosotros. Haciendo de tripas corazón nos encaminamos dirección Norte y tardamos 7 horas en llegar a Maracay. Allí tras una espera de 3 horas más enfilamos la ruta que nos levaría a Choroní. Al parecer la tarea del conductor del vetusto autobús, además de conducir es no dejar descansar a los infelices clientes que transporta y provocarles un ataque cardíaco.
Esto lo consigue poniendo la música a todo volumen con canciones (que sólo le gustan a él y que estaban de moda 10 años atrás) y lanzándose a cuchillo de forma suicida por una carretera que casi siempre bordea un profundo precipicio en el cual puedes ver los esqueletos mudos de otros autobuses cuyo conductor tenía menos aprecio por la vida que el nuestro y que no tuvieron tanta suerte como nosotros. En dos ocasiones salí despedido de mi asiento y fui a parar al otro lado del bus en una maniobra que se podría calificar de “temeraria” por parte de este Lewis Hamilton de pacotilla. Una vez a salvo y después de haber besado el suelo de la estación de autobuses al estilo Karol Wojtyla, nos dirigimos a la posada en la cual pasaríamos 4 días. Choroni no tiene nada a destacar. La Playa Grande lo único que tiene de grande es su oleaje que te revuelca cual compresa desechable cada vez que intentas tomar un baño en sus limpias aguas. Allí nos reunimos con Diego y Iary (Esteban se había marchado a Mendoza a ver a su selección en la Copa América) y decidimos visitar otras playas aunque para esto hubiéramos que pagar el desplazamiento en una lancha motora. Optamos por Chuao, que según contaban los locales tenía una piscina natural. Cuando preguntas cual de las tres playas cercanas es la más atractiva para el baño, nadie coincide. Todos te dicen que la suya es la mejor (como no). Cuando llegamos a esta descubrimos que las lluvias la habían convertido en un lodazal y que el famoso “Encontro das aguas” que se da cuando coinciden el Amazonas y el Rio Negro se reproducía en pleno Caribe venezolano. 
Cepe fue la segunda opción. Después de desembarcar al estilo “Salvad al soldado Ryan”, nos dimos cuenta de que no sólo el mar estaba tan bravo que impedía el baño si no que para acceder al agua tenías que pasar por una orilla plagada de cantos rodados que destrozarían los pies de un Yanomami. O sea otra frustración. Luego a partir del viernes llegaron al pueblo hordas de visitantes locales en busca del sol y del mar que la capital no le da. Esto convirtió la playa en un área de “macarrónicos reguetoneros” hasta las trancas de cerveza y con ganas de fiesta. Pocas fueron las muchachas de buen ver que pasearon su palmito por la zona. Casi todas eran jovencitas entradas en carnes con diminutos biquinis que desaparecían entre sus michelines. La noche se convirtió en una discoteca ambulante donde los “macarrónicos reguetoneros” hacían gala de sus equipos de música instalados en sus vetustos carros de fuego y las mozas movían sus culazos y coreaban las canciones a viva (y desagradable) voz al ritmo del hortera de “Daddy Yankee” Después del descanso nos encaminamos nuevamente por la tortuosa ruta hacia Maracay donde comenzaría otro periplo de 30 horas hasta llegar a Santa Marta ya en territorio colombiano.


Uff!, este es un momento óptimo para descansar de tanta aventura...tómense su tiempo.


SEGUNDA PARTE.-



El primer trayecto nos condujo hasta Maracaibo y de verdad no entiendo la letra de la canción de La Unión donde Rafa Sánchez se desgañitaba con esa voz meliflua y aterciopelada que decía literalmente en su estribillo; -“Uhhhh, si un día he de morir que sea aquí donde yo nací, que sea aquí en Maracaibo”-. Pues sinceramente, este sería el último lugar donde me gustaría morir. En la estación de buses nos llevamos un susto tremendo al comprobar que la riñonera Diego había desaparecido. En ella a demás de un poco de dinero y las tarjetas, llevaba una cosa imprescindible para poder dejar el país, el pasaporte. Por suerte la pudimos recuperar aliviada de su paupérrima carga de dinero, pero con las tarjetas y la documentación intacta. El trayecto hasta la frontera colombiana nos tenía que llevar unas tres horas, pero como siempre surgen problemas que hicieron que se convirtieran en siete. A pocos quilómetros de Macaio, último punto de Venezuela conocido como “La Raya”  (no sé si por las connotaciones cocainómanas del país de destino), se nos incorporó un individuo que se identificó como “El Pagador”. Su labor era tan simple como recoger dinero de los asustados usuarios del mini bus y pagar las “coimas” o sobornos que les pedían los miembros de la Guardia Nacional Bolivariana cuyo lema es “El Honor es nuestra Divisa” muy parecido a la del benemérito cuerpo. Pero nada que ver. Además tenía que “coimar” también a los policías estatales que salpicaban cada pocos metros la vía que nos llevaba por tierra de nadie hacia nuestro destino. Evidentemente,  yo sentía vergüenza ajena por el total desprecio de la profesión que ejercían estos individuos uniformados y desde un principio los cuatro nos negamos a pagar ni un bolívar. Nos decían que si no pagábamos nos registrarían el equipaje y que perderíamos mucho tiempo. Nosotros alegábamos que nos importaba un “güebo” ya que ninguno tenía fecha de regreso y que por lo tanto podían revisar el equipaje las veces que fuera necesario. Naturalmente esto nos creó cierta animadversión con los locales que se dedicaron a mandar puyas hirientes ante nuestra actitud despectiva. Finalmente llegamos a la civilización (o sea a la parte colombiana) y continuamos nuestra marcha hacia el siguiente destino. Hablando con la gente y tanteando siempre el terreno donde se pisa pude sacar algunas conclusiones. Si digo que Venezuela funciona casi a medias es porque, en un principio creía que me encontraría con un estado totalitario donde la policía y el ejército llevaban la voz cantante. Sólo en ambas fronteras hemos notado presión militar y controles estrictos. La gente sobrevive como puede, pero las ayudas sociales hacen que casi no veas pobres o enfermos mendigando en la calle. La sensación de seguridad es muy buena. Nunca hemos temido por nuestra integridad si no ha sido a manos de los mismos que nos tenían que defender. Hay trabajo para el que quiere trabajar. La mayor parte de los negocios pertenecen a extranjeros y no les va mal. El venezolano (según ellos mismos, ojo) es flojo y vago, sólo trabaja cuando le aprietan y no ocurre siempre.
Es por eso que son los extranjeros en su mayoría los que llevan buenos carros y se gastan sus bolívares en fiestas ante la pasividad de los locales. Luego lo que sorprende es la falta absoluta de compromiso por parte del gobierno con sus ciudadanos. Venezuela está manteniendo a Cuba, Bolivia, Ecuador y Perú a costa de vender su petróleo a terceros para continuar  lo que el icónico presidente denomina su proyecto de una Sudamérica bolivariana. Un sueño en el que se vio envuelto el libertador de América y fundador de Bolivia Simón bolívar y que nunca pudo ver terminado. Por el contrario los cortes de luz son tan frecuentes que las gentes les parece raro tener electricidad por más de 2 días seguidos. La figura de Chávez se ve como algo lejano pese a ser omnipresente en todos los carteles que se pueden ver en los lugares que hemos visitado. Venezuela funciona casi a medias, porque este gobierno populista que se niega a claudicar con el capitalismo que existe de una manera sumergida de tal modo que en las zonas fronterizas no hay gasolina porque se dedican a contrabandear con ella en los países vecinos. La electricidad se corta pese a tener la segunda mayor central hidroeléctrica del continente y no funciona por dejadez ya que los equipos se están pudriendo por falta de mantenimiento. Las carreteras no se reparan porque se abolieron los peajes que controlaban empresas extranjeras y nadie se encarga de su manutención. Porque se expropian empresas que funcionan y pasan a manos de funcionarios bolivarianos, inútiles y corruptos que hunden esa empresa. Porque mal que me pese Homer  Simpson tenía razón cuando decía que; “muchas cosas funcionan en teoría y hasta en teoría hasta comunismo funciona”, pero lamentablemente  modelo funciona a medias y la realidad es muy diferente. La opinión general es que esto acabará en un momento a otro y tienen la esperanza de que cuando acabe el país no esté tan deteriorado que no se pueda recuperar. Mi opinión personal no es mala del todo, sólo me ha indignado la naturalidad con la que la policía en general acepta los sobornos que a la gente no le queda más remedio que pagar. Por el contrario se puede decir que la pobreza extrema al igual que el analfabetismo ha sido casi erradicados y que el estado se encarga de cobijar a los desprotegidos y de potenciar los estudios a todos los niveles. Puedes encontrar un hospital medio en condiciones en poblaciones realmente pequeñas por lo que entiendo que la salud llega a todos. El paro no existe ya que si no tienes trabajo el estado te pone a trabajar si o si. También hay que contar que veníamos de un país que me había defraudado enormemente y que todo lo que se compara con ese país es mucho mejor. Bueno, lamento haberme enrollado tanto pero han sido 14 días muy intensos. La próxima crónica la escribiré antes de marchar a Panamá para continuar viaje hacia el Norte y recorrer centro América.
Un saludo enorme de parte de Fer y mío y continuad siguiendo nuestras aventuras en este blog que se está convirtiendo cada día más en un medio de comunicación natural.
Abrazos para vosotros, besitos para vosotras.

Fer y Miguel.

domingo, 12 de junio de 2011

ATRAPADOS EN MANAUS (ampliando en resumen)

Saludos amigos, amigas, desconocidos demás que seguís este blog. Lo primero como siempre agradecer vuestras muestras de cariño y apoyo que recibimos cada vez que se publica una nueva entrada en nuestro diario. Especialmente para Edith que siempre sabe dar ese puntito acido que la caracteriza. Para empezar me gustaría hacer una rectificación sobre Belem y que se publicó en la anterior entrada. Belem no está en la desembocadura del rio Amazonas como nos hace creer el mapa que publica el Lonely Planet en su afamada pero desinformada guía Sudamérica para mochileros. En realidad el Amazonas desemboca unos 200 km al norte de esta ciudad. Dicho lo cual, vamos al pastel. Después de repasar el resumen publicado en la anterior entrada consideré que sabía a poco y he decidido ampliarlo para que vosotros os hagáis una idea más amplia de lo que hemos visto.

 Rio nos sorprendió con su amabilidad y su influjo deportivo y de ciudad cosmopolita. Nuestras visitas al Cristo Redentor y a Pan de Azúcar  fueron las actividades típicas e ineludibles que hacen todos los visitantes que acuden a esta metrópolis. Largos paseos por las famosas playas de Copacabana, Ipanema y Leblon se salpicaban con sesiones de  tueste epidérmico en estas mismas playas. Rápidamente me aficioné a la bebida local; el guaraná. Y a su homólogo en lo que a granizados se refiere; el açaí. Descubrimos que el portugués no difiere mucho del catalán por lo que se puede llevar una conversación  con un
 carioca sin problema alguno. La seguridad se palpa en todo momento ya que no andas 10 metros sin toparte con una patrulla de las diferentes policías que compiten por ser las más chulas y pirulas. Con tristeza en el corazón nos despedimos de la urbe para dirigirnos a Salvador de Bahía, de donde habíamos recibido unas referencias excelentes. Para evitarnos las 15 horas de trayecto en bus, nos decidimos a tomar un avión que nos costó prácticamente lo mismo. Mientras nos dirigíamos al centro de la capital bahiana, pudimos observar la gran diferencia que marca una ciudad de otra. 

 Los suburbios exteriores de Salvador están salpicados por viviendas a medio derruir, cosa que pasa exactamente con el centro de la ciudad.
 Una rápida visita a este centro histórico nos enseño una cara de Bahía que desconocíamos. Nos pareció una ciudad deprimente, llena de gente que te agobia pidiéndote dinero que evidentemente no tienes intención de darle (ya que seguramente lo utilizaría para comprar su dosis de oxi, una droga que está causando estragos entre los adictos), pero con una actitud amenazadora. La presencia de la Policía Militar disuade a esta legión de pedigüeños de ser más agresiva. Nos desilusionó un poco ver este panorama.

 Calles sucias, edificios derruidos, indigentes. Y como contrapunto, una iglesia cuya cúpula interior está decorada por 700 kilos de pan de oro. Una locura. Y para colmo, llovía. Nos consuela saber (después de haber hablado con otra gente que la había visitado años atrás, que al parecer antes estaba peor). Ante este panorama decidimos pirarnos hacia el norte y de paso probar los buses autóctonos y sus carreteras. Cometimos el error de tomar una compañía que era un auténtico desastre aunque era la única que se dirigía a Maceió. La empresa de marras se llama Bonfim. Aunque no hace honor a su nombre ya que ni es Bon y casi no tenemos Fim. Me limitaré a decir  que si visitáis estas tierras evitéis tener ninguna relación con esta compañía. En el trayecto el bus se rompió dos veces y lleguemos casi cuatro horas después a nuestro destino. Evidentemente eludieron toda responsabilidad aún amenazando de denunciarlos a la Asociación Nacional de Transporte Terrestre, que al parecer los titulares de esta empresa se pasan por el forro. Después de pasar la primera noche en el hotel de “Psicosis” (con rata incluida, que se me coló en la mochila, no sé, ¿para ver mundo?) nos desplacemos a la zona de playas para comprobar que este era un lugar típico de veraneo para los autóctonos y que no eran muchos los foráneos que visitaban la ciudad. Las playas estaban sucias aunque el ambiente no estaba mal del todo. Más sesiones de tueste nos ayudaron a pasar unos días en lo que podíamos denominar el Benidorm brasileño. De nuevo decidimos encaminarnos al norte con destino a Natal. Los autobuses aquí tienen que bregar con las carreteras desastrosas y con las estaciones de bus encuadradas en el sitio más céntrico de las ciudades, por lo que te comes las colas kilométricas a la entrada y a la salida.
Como Natal también nos recibió con lluvia en la misma terminal decidimos pirarnos sin echar la vista atrás. Fortaleza sería nuestro siguiente destino. Una lluvia inclemente nos acompañó durante todo el viaje y nos dejó como regalo unas inundaciones que metían miedo. De camino a la terminal estuvimos cerca de tres horas para poder vadear una especie de lago que se había formado en el centro y que sólo la altura del vehículo consiguió salvar saliendo indemnes. Ante esta perspectiva, consultamos nuestra guía de viajes y decidimos continuar (¿para qué vamos a parar en una ciudad inundada?) hasta Jericoacoara. 

 El trayecto se suponía que teníamos que realizarlo en escasas 4 horas pero hasta llegar a nuestro destino pasaron 7. Como os comentaba en el anterior relato, Jeri se encuentra enclavada en medio de un parque nacional, para llegar a esta pequeña villa de unos 600 habitantes hay que tomar un camión 4X4 que  circula  por el litoral y cruza dunas de arenas amarillas. Lleguemos al Jeri- Brasil Hostel, regentado por Ramis, un excelente anfitrión que nos rebajó lo suficiente el premio de la habitación como para quedarnos los 9 días que allí estuvimos. El ambiente en Jeri es calmado. 

 Nuestras jornadas empezaban a las 7 de la mañana tomando un potente desayuno para después encaminarnos a las interminables playas que bordean esta península. Después de caminar unas tres horas en las que departíamos con los locales mientras observábamos pasmados las artes de pesca que se gastan por aquí y nos perdíamos entre dunas para descubrir pequeños lagos de agua dulce formada por la lluvia, donde estabas completamente solo (bueno, solo no, con la compañía e una cabra que pasaba por allí) volvíamos agotados al hostel donde comíamos un frugal ágape y nos dedicábamos a no hacer nada. Tomar el sol, pasear, beber zumos de frutas deliciosas, largas charlas con los otros huéspedes del hostel, nos sirvieron para pasar esos estupendos nueve días. Nos fue bien ya que nuestro siguiente destino se situaba nada menos a 36 horas (bueno en realidad 30, ya que nos hicieron esperar en una terminal las otras 6). La anterior crónica la escribía deprisa y corriendo desde Belem, donde arribamos entrada la tarde.

Después de comprobar el  decepcionante  hostel que recomendaba el Lonely Planet, la biblia del viajero (escrita seguramente por un australiano borracho que no estuvo en él nunca) optamos por dirigirnos a la zona portuaria para adquirir los billetes del barco que nos habría de llevar rio arriba hasta Manaus. En el hostel coincidimos con dos muchachos  chilenos que están haciendo el mismo recorrido que nosotros (aunque ellos llevan un Jeep Patriot) y quedamos en esta ciudad para continuar el viaje juntos compartiendo gastos. Conseguimos un camarote con aire acondicionado en un moderno catamarán que se convertiría en nuestro hogar durante 5 días. Tenía tres puentes, el primero ocupado por hamacas de los autóctonos con pocos recursos, el segundo por los camarotes y por los autóctonos con más recursos que cuelgan sus hamacas en una sala con aire acondicionado.

 La espectacularidad del viaje es muy difícil de describir. Toda clase de pájaros ribereños así como delfines grises y rosas nos acompañaron durante el trayecto, además de observar cómo vive la gente de aquí que salpica las orillas de rio con sus casas sobre pilares para prevenir las inundaciones que cada año hacen subir el nivel del agua hasta dos metros. Lo cierto es que fue un viaje relajado, teníamos películas para ver cuando se iba la luz diurna y si el cielo estaba despejado podíamos observar las estrellas con la tranquilidad que te da saber que aquí no hay contaminación lumínica. 

 Atracamos en Manaus sobre las 2 de la mañana, pero , no sería hasta el día siguiente, bién temprano cuando nos dirigimos al hostel. Manaus es el último punto civilizado del estado de la Amazonia. Casi dos millones de habitantes se pelean por un espacio que no existe (sobre todo en el centro). Tiene su zona franca (que ni es zona ni es franca a juzgar por los precios). Un Teatro de la Ópera. El puerto. Mercados de fruta, verdura, carne y pescado. Varios museos. Y ya está. Es una ciudad para estar como máximo 3 jornadas. Y llevamos aquí (a la hora de escribir esta crónica) 6 laaargos y tediosos días. La espera. Lo cierto es que en un viaje tan largo, los periodos de espera suelen ser abundantes. Esperas en estaciones de tren, de autobús, de barco, esperas y esperas. No le das importancia ya que no es más que una gota de agua en el vaso de de un viaje extenso.




Pero claro la cosa cambia cuando no hay nada que hacer más que pasear bajo un sol de justicia que castiga el cuerpo desde las 7 de la mañana hasta las 18:00 h. Y por la noche te has de recoger prontito ya que no es muy seguro para el “gringo” moverse por estas calles nada seguras a ciertas horas. Estamos esperando a los chicos con los que quedamos en Belém. Pero al parecer han hecho una pausa en el camino y han de llegar entre hoy y mañana o sea que nos vamos a comer aquí casi 10 días entre pitos y flautas. La verdad es que estamos esperando porque entiendo que vale la pena la espera. Entre 4 los problemas son menos y generalmente los mochileros que viajan solos se suelen unir a otros para formar piña. Nos queda el consuelo de pensar que aunque tuvieran aquí no podríamos  partir ya que la ruta que lleva a Boa Vista y después a Venezuela está cortada por las inundaciones y se desconoce cuándo se podrá pasar. Bueno, supongo que la próxima crónica la haremos desde ese lugar, un país cuyo dirigente ha dado perlas tan interesantes como –“Aquí huele a azufre”- y provocado otras-“¿Por qué no te callas?, pero, eso es harina de otro costal. Ahhhhh!!!!! Si tengo tiempo y ganas escribiré un aparte de nuestra experiencia en el Banco do Brasil con un personaje que si definiera de retrasado estaría insultando a este colectivo (que por otra parte merece el mayor de mis respetos). Creo que lo llamaré ¿Quién es el tonto aquí?. Lo dicho, besitos para vosotras, abrazos para vosotros y espero que no os aburran mucho  estos relatos.
Un saludo.
Fer y Miguel

miércoles, 1 de junio de 2011

No tengo edad para estas mierdas.......Un rápido resumen.

Hooola amigos, amigas y desconocidos que seguís este blog. Agradecer también los mensajes de las personas que se van uniendo a este blog para compartir nuestras aventuras. Lamento como siempre el retraso a la hora de mandar estas crónicas, pero suele suceder que cuando no estamos de viaje, estamos reposando y por lo tanto no hay muchas ganas de escribir nada. En este momento nos encontramos en Belem a orillas de la Bahía de Guajará y en uno de los multiples brazos en los que se divide el rio Amazonas en su desembocadura. En un par de horas nos embarcaremos remontando este río hasta Manaos en un viaje de 5 días. Lo que pase en este viaje os lo contaré en el próximo relato. De momento os comento de manera muy resumida, por el tiempo que nos queda antes de tomar el barco, nuestro mes de estancia por este vasto país.
Aterricemos en Rio de Janeiro con las noticias de que se estaba desalojando un barrio de favelas de narcotraficantes y que la policía había entrado a este a sangre y fuego, las imágenes no engañan, cuatro policías descienden de las favelas con un cadáver envuelto en una sabana. Estos se paran delante de la cámara y muestran el rostro del narco y los más de 10 impactos de bala que lo han quitado del tabaco. Con esta perspectiva, claro, no esperábamos el recibimiento que tuvimos. Los amigos de Rio Rockers nos alojaron en su pequeño hostel y nos dieron durante 7 días el cariño familiar. Nos comentaron que no había peligro, que estabamos lejos de las favelas y que la presencia policial disuadía a cualquier gualtrapa que se aventurase por la zona de Copacabana, que era donde nos alojábamos. 

Rio es la ciudad de la luz, durante los dos primeros días nos dedicamos a ver lo típico del lugar, el pan de azúcar, el Cristo Redentor del Corcovado, el centro histórico. Nos faltó ver el mítico estadio de Maracaná, pero a los que pasamos del futbol casi que no nos importa. Después nos dediquemos a pasear por Copacabana, Ipanema y Leblon, que son las principales playas de la ciudad o por lo menos las más populosas. Decía que Rio era la ciudad de la luz ya que sus habitantes te transmitían una simpatía que distaba mucho con el carácter algo agrio que tenían los brasileños que hasta ahora había conocido. La vida en la ciudad empieza pronto, con los primeros rayos de sol, los cariocas se dedican a hacer sus trabajos habituales, y sorprende ver la cantidad de personas que utilizan el paseo marítimo para hacer deporte, de todas las edades y condiciones. La gente no tiene complejos, aunque (aviso a navegantes) en las playas, las tipas despampanantes de cuya fama se enorgullece esta ciudad, se han podido contar con los dedos de una mano, o sea, ¿leyenda urbana?. Con mucha pena nos despedimos de Rio con el compromiso firme de volver en un futuro. 
Si Rio de Janeiro es el sol, Salvador de Bahía es la sombra, bueno, en realidad creo que Rio hace sombra a todo el país con raras excepciones. Bahía nos provocó la sensación de ciudad deprimida. Sus calles están sucias y el ambiente es demasiado opresivo para permanecer más de dos días en el lugar. Brasil tiene un gran problema que ha de resolver antes de que en el 2014 se celebre la copa del mundo de futbol. Aquí para dar un paso hacia adelante, tienes que dar dos pasos hacia atrás.
Si quieres ir a Praia do Forte, tienes que avanzar 4 horas por carreteras que darían miedo a los participantes del Paris-Dakar desde Bahía, pero para seguir hacia adelante, luego tienes que retroceder estos 400 km y comenzar de nuevo. Así con todos los puntos turísticos importantes. Decidimos pasar de Recife e ir a Ceará, que era el único punto que nos permitía avanzar sin tener que retroceder. Bueno no puedo decir mucho de este lugar, se parece a cualquier ciudad costera española. Nos encaminamos hacia el norte con a vista puesta en Natal, pero como nos recibió con una lluvia que daba miedo, continuamos hacia Fortaleza, también lloviendo, así que decimos hacer parada y fonda en un lugar del que nos habían hablado y que estaba realmente retirado del mundo. 
Os hablo de Jericoacoara, un paraíso en la tierra, pero como todo, vivir en el paraíso tiene su precio. Para llegar hay que vivir una verdadera aventura a bordo de un camión de los 50´s que te lleva por la playa y atraviesa dunas de arena blanca. Una vez allí, nos alojamos en el Jeri-Brasil Hostel, regentado por Ramis donde estuvimos los más fantásticos 9 días de nuestro viaje por Brasil. Es un lugar de ensueño con dunas, playas desiertas e interminables y lagos de agua dulce que son la delicia para la gente que como yo no es muy partidaria del agua salada. A base de tomar el sol, conseguimos un moreno espectacular del que vacilamos con la gente. 
Pero todo tiene su fin. Con una tristeza enorme abandonamos el que fue nuestro hogar durante más de una semana para encaminarnos  a donde nos encontramos ahora. Más de treinta horas en un bus infame, que paraba en todos los putos pueblos y cuyo conductor no tenía otra intención que pillar todos los baches y agujeros de la carretera. Agotados llegamos a Belem con un calor insoportable. Esta misma mañana hemos comprado los tikets del barco que nos llevará aguas arriba hasta Manaos. Pero esto ya es otra historia.



jueves, 5 de mayo de 2011

A POCAS HORAS DE PARTIR...

Saludos seguidores de este blog, que no pretende ser otra cosa que un vehículo de transmisión de nuestras experiencias a lo largo de un viaje que nos está llevando por estas tierras hacia un destino desconocido.

A pocas horas de abandonar lo que ha sido nuestro hogar durante 4 meses, me gustaría hacer una pequeña reflexión de lo que ha representado nuestra estancia por aquí. En primer lugar he confirmado lo que dicen sobre que más vale caer en gracia que ser gracioso y también que todo lo bueno viene de fuera (aunque no estoy seguro que este sea mi caso). Cuando aterrizamos en Puerto Iguazú nuestras expectativas se limitaban a estar por aquí un corto espacio de tiempo para coger experiencia en el campo del turismo y aplicar nuestros conocimientos en un futuro negocio propio. En principio no me gustaba demasiado la perspectiva de tener que atender a los turistas como recepcionista (ya que ese era el destino que me tenían encomendado dada la falta de personal cualificado que hay por estos lares) atendiendo a personas y a israelitas. Esto último puede parecer un comentario racista, pero no lo es. El que ha viajado mucho sabe lo que es tener a estos elementos como compañeros de viaje. A mi parecer, son  los peores viajeros que existen ya que rompen las reglas cuando a ellos les interesa y deciden motu proprio que el establecimiento se debe adaptar a ellos y no al revés. 
En fin pilarin, como he comentado varias veces, Frank me confió la tarea de controlar la calidad del producto que estaban ofreciendo así como de tratar de ser un puente que aligerara la mala relación que había entre la administración y los empleados. Confiando en la técnica palo- zanahoria comenzamos por dar al empleado de base las herramientas necesarias para hacer su trabajo más fácil. Se les dio todo lo que demandaban a nivel de material, creyendo que así responderían a las demandas de gerencia que se limitaban a reglas básicas de seguridad e higiene así como el cumplimiento de un código interno de trabajo tan laxo que a los sindicalistas europeos les daría un ataque de risa al ver la flojera patronal. Este código incluía entre otras cosas la farragosa obligación de presentarse en el puesto de trabajo a la hora convenida y no una hora tarde como aquí era costumbre, ponerse guantes y cofia cuando se estaba preparando la comida, el uso de elementos de limpieza proporcionados por la empresa, avisar cuando no se va a acudir al trabajo, etc. Todo muy fácil creía. Se decidió tomar esta iniciativa al comprobar el estado anárquico que primaba en alguno de los establecimientos. Se intentó también eliminar los elementos subversivos que dominaban la cúpula de la organización y que se movían por sus propios intereses importándole poco los intereses de sus compañeros. Estoy hablando de la gente que se dedicaba a robar a manos llenas, llevarse material o alimentos para su disfrute. Estas personas destacaban a la hora de crear mal rollo entre los demás trabajadores, creando bulos y mentiras que luego se ha  comprobado que eran falsas. Todo fue bien hasta el momento que se presentó el reglamento interno de trabajo. A partir de ese momento, esos elementos se dedicaron exclusivamente a sabotear todas las propuestas que se iban presentando para mejorar la calidad de trabajo llegando incluso a denunciarme por tomar unas fotos. Claro que la denuncia no llegó a ningún sitio ya que no hay una ley que te prohíba fotografiar la vía pública. Mi condición de “alegal” me condicionó para actuar de diferentes maneras. Aún así, un sindicato corrupto que se mueve al son de un candidato no menos corrupto (estoy hablando del alcaldable Lugo) y que aprovecha cualquier ocasión para presentarse con su vehículo promocionando su candidatura en cualquier quilombo, consiguió que a la tipa que había robado a un compañero y que luego le dio la ropa a su chaval (es el caso que expliqué en el anterior relato) consiguiera una indemnización sabrosa a la vez que irse a su casa sin necesidad de pasar por el juzgado. Así están las cosas, roba y no te preocupes que iremos al lugar del cual te han despedido para quemar gomas (que en eso los sindicalistas argentinos estamos bien entrenados) y saldrás indemne. Bueno. Con su pan se lo coman. Seguramente si mi situación hubiese sido diferente, otro gallo hubiera cantado. En ningún momento me he puesto de parte de la patronal, mis principios me lo impiden, sólo he intentado que se haga justicia y que se cumplan las reglas del juego, pero está claro que aquí no es posible. El hecho de embrutecer a las masas funciona aquí mejor que en ningún sitio que conozca.
Más o menos lo que pasaba en la edad media. Un índice de analfabetización enorme consigue que una legión de desprotegidos te cubra las espaldas y te de su voto en las elecciones. Gente que en otros lugares vivirían en la indigencia aquí viven el sueño argentino. Eso es lo que consiguen los gobiernos populistas como el que aquí domina. “En cuanto termine de quemar gomas, recojo mi subsidio y me voy a mi chabola de madera y hojalata a ver mi televisión de pantalla plana que he comprado a 24 plazos mientras mis niños juegan al lado de una charca que probablemente esté plagada de mosquitos que trasmitan el dengue que los puede matar, pero no pasa nada, tendré otro churumbel ya que el gobierno me paga a partir del tercer mes de gestación otro subsidio. Luego me marcharé al mitin del candidato, que me manda un autobús y me da un bocadillo y una coca cola para que le vote. Así es mi vida hasta que me muera….que feliz soy”. Lo dicho, pura basura.
Pero no todo ha sido negativo. Aquí he tenido la oportunidad de conocer gente fantástica y también ha habido momentos de disfrute y alegría. He tenido la oportunidad  de ver como la gente honrada se gana las habichuelas sin corromperse, con un código ético muy particular, pero sano. He conocido a Frank el belga que me dio trabajo y al que no le gusta que le den consejos. A Andrés el bar man que al principio me cayó como el culo y que terminó siendo uno de mis mejores colegas. A Ñeco, un policía municipal, taxista en sus ratos libres que me dio a conocer la idiosincrasia misionera. A los Miranda, padre e hijo, taxistas de profesión y confidentes por afición, que se parten la cara por un amigo cuando y donde sea. A Arturo, que si no fuera por él, no hubiésemos pisado estas tierras otra vez!. Y tantos otros que no menciono porque me faltarían páginas. De la mala gente, me voy a abstener de mencionar nombres que también son muchos y no tengo ganas de perder el tiempo. 
También he conocido lugares estupendos, Wanda, San Ignacio,
Ciudad del Este, Foç do Iguazú  
donde he visitado las cataratas del Iguazú en sus dos vertientes, las minas donde se extraen las piedras semipreciosas que adornan los cuerpos de hombres y mujeres de todo el mundo, misiones jesuitas, parques naturales, monumentos y ciudades caóticas que se mueven al ritmo que marca el dólar. Como experiencia no ha estado mal, pero creo que no repetiría, me he demostrado a mi mismo que soy 


capaz de hacer cosas diferentes después de estar estancado más de diez años en un solo trabajo (que hecho un pelín de menos, pero, sólo un pelín).
Fer también ha demostrado una capacidad enorme de adaptación a un medio que ya le era conocido, pero que había olvidado, estando primero encargada de la animación de un establecimiento con casi 300 personas y que sólo una lesión consiguió apartarla del sitio. Y luego como recepcionista mostrando sus habilidades administrativas y sociales. Ahora solo me apetece estar con ella tumbado en una playa y tomando el sol, por lo menos hasta que me vengan las ganas de trabajar de nuevo que sin duda aparecerán. Espero que la próxima crónica sea desde Brasil, país en el que pensamos estar un par de meses, aprovechando al máximo nuestro tiempo. Luego, bueno, luego ya veremos.
Un saludo
Fer y Miguel



lunes, 7 de marzo de 2011

En el pais de los ciegos.........

Saludos. Bueno, bueno...pues aquí seguimos, trabajando a full y esperando que llegue el deseado invierno para que baje un poquito el trabajo e iniciar nuestras vacaciones dentro de nuestras “vacaciones”.
Sorprendido estoy, cada día más con la idiosincrasia misionera. Me explico. Generalmente cuando visitas un lugar, no te da tiempo a entender a la gente que vive en el. Es solo cuando convives con ellos por un tiempo relativamente prolongado cuando empiezas a ver matices que de otro modo no detectarías. En mis viajes siempre me he vanagloriado de que me gustaba mezclarme con la gente del lugar o "nativos" y vivir sus modos y costumbres. En este lugar me he topado con una realidad muy cruda. En la fantástica obra de arte de Ridley Scott, Blade Runner, el replicante Roy Batty (Rutger Hauer) ante la llegada inminente de su  muerte, le confiesa al cazador Deckard (Harrison Ford) en el famoso monólogo; "Yo he visto cosas que vosotros nunca creeríais". Pues aquí pasa algo parecido. No, no he visto atacar naves en llamas mas allá de Orión, ni he visto Rayos -C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser. Lo que aquí he visto supera de largo todo eso.

Siempre me he considerado una persona bastante normal, nunca he destacado ni por mi inteligencia ni por mis conocimientos que han sido adquiridos a lo largo de años de viajes por el mundo y de las experiencias que de ellos he sacado. Naturalmente hay muy pocas cosas que me sorprendan hoy en día. Pero aquí resulta que nada más llegar me ofrece un puesto de trabajo de una  responsabilidad enorme, alojamiento y comida incluidos. Comencé haciendo auditorías internas relacionadas con el control de calidad posteriormente mi labor se desarrollo más allá convirtiéndome en una especie de cargo adjunto a la gerencia de tres establecimientos hoteleros. Al principio, claro, mi ego subió como la espuma ya que me consideraba afortunado. Primero por saber que podía hacer algo diferente después de estar más de diez años dedicándome a lo mismo y también por la capacidad de respuesta que ofrecía al que hasta este momento es mi superior. Me estoy refiriendo a Frank. 

Frank es un tipo afable y divertido con 33 primaveras en la chepa y con una afición tremenda a la cerveza. Su caso es muy curioso. Después de salir de su Bélgica natal, su destino fue casualmente Mont Roig del Camp donde estuvo trabajando como animador en un camping. Ahí fue subiendo de nivel hasta convertirse en gerente del mismo. También ahí conoció a su actual esposa; Yamila, que voló a España con la esperanza de mejorar su situación laboral y económica. Luego la crisis los obligó a tomar la determinación de migrar de nuevo hasta Argentina de donde ella era oriunda y más concretamente a Puerto Iguazú. Casualmente la cadena de hostels donde ahora trabajamos necesitaba un gerente para gestionar los tres establecimientos que tenían en la zona. Casi un año después nuestros caminos se cruzaron.

Hablaba antes de la sensación de bienestar que me causaba el hecho de estar situado jerárquicamente a solo un escalón de Frank sin que nadie más pudiera influir en mis decisiones convirtiéndome así en su mano derecha. Pero, también sentía el resquemor que me dejaba pensar sobre el por qué había sido yo y no otro el elegido ya que había depositado su confianza para un cargo de responsabilidad a una persona que no conocía de nada.
Aprovechando nuestra común filia al zumo de cebada, acometí estas cuestiones disparando a matar como es mi estilo. Ante mis preguntas, Frank dio un trago a su Isembeck miro la botella vacía, después a mí, soltó un sonoro eructo y me dijo “Es lo que hay”.

Es lo que hay. Frase lapidaria que está marcando mi estancia en este lugar. Me comentó que cuando llegó, estaba lleno de ideas y proyectos para mejorar la calidad del servicio que en esos momentos se estaba ofertando en el lugar. Poco tiempo después, su ímpetu se fue diluyendo como el azúcar en el café. Se topó con tantas paredes que decidió tomárselo todo con un poco más de calma. Si no puedes con tu enemigo, no te unas a él, pero tampoco luches contra la corriente pues terminarás ahogándote.
Este es un lugar donde para que te hagan una simple reparación en un aire acondicionado tardan de uno a dos meses. Es lo que hay.
Donde los proveedores te entregan el producto no cuando tú lo pides si no cuando a ellos les viene bien entregarlo y casi nunca aciertan con las cantidades o con el propio producto. Es lo que hay.


Las gentes de esta pequeña ciudad (sin generalizar, siempre hay excepciones aunque las que menos) que recibe cerca de dos millones de visitantes al año para admirar la joya de la corona de los atractivos de este país y que no es otra que las cataratas del rio Iguazú, se han ido embruteciendo por una nefasta política educativa y por el mero hecho de que aquí casi nunca falta trabajo. Y que si no quieren trabajar no hay problema, la política social de la segunda Evita personificada en Cristina (viuda de Kischner)te dará una subvención para que puedas ir sobreviviendo sin problemas. Esto lleva a que se cree una clase social que está rozando siempre el umbral de la pobreza pero que son votos para el futuro ya que los unos dependen de los otros. Es lo que hay.


La “lógica” del misionero te lleva a pensar que si trabajas en un bar y consideras que tu sueldo no está acorde con las expectativas que tenias, no te queda otra que robar a manos llenas. Y no te preocupes porque si al empleador se le ocurre despedirte por este hecho se verá obligado a pagarte una generosa compensación. Es lo que hay.
Si tu puesto es el de mantenimiento y la empresa decide pintar el hostel, tu “lógica” te dice que no te cortes y pilles 50kg de pintura para redecorar el exterior de tu chabola sin importarte que el gerente lo pueda ver. Es lo que hay.
En el caso que tu puesto esté en cocina tu “lógica” de dice que cada noche te lleves algo de la despensa; pollo, ternera, leche, verdura ya que el empleador está obligado a alimentarte a ti y a tu familia y con tu sueldo no basta. Y no te importe que haya una cámara grabándolo todo ya que como sucede en el primer caso, si te echan te irás con una jugosa compensación económica. Es lo que hay.
Si trabajas en el sector limpieza y encuentras una bolsa de ropa que un pasajero ha dejado para que se lave y una vez limpia no se recoge, tu “lógica” te dice que te la lleves a tu casa y la utilices, pero ah!! Cáspita resulta que la bolsa de ropa no es de un pasajero si no de un compañero que se ha marchado de vacaciones dos semanas y que cuando ha vuelto y te ha preguntado por la ropa le has dicho que se ha tirado a la basura.
Esa misma “lógica” hace que le des la ropa a tu chaval que casualmente es compañero de trabajo del perjudicado y que tu chico se la ponga para acudir a su puesto y que el perjudicado se quede de cacahuete al verle lucir tipito con una camiseta lila con tachuelas brillantes que forman el rostro de una dama que hasta hace dos semanas había sido suya. Es lo que hay.

En realidad lo que ocurre aquí a un nivel tan bajo se extrapola al ramo político. Imagina que eres alcalde de esta población, que recibes una subvención estatal para pagar a los sueldos de los funcionarios municipales. Ya que al parecer con los impuestos no tienes suficiente.
Tu “lógica” te dice que repartir esos 50.00 € entre los empleados municipales, no los va a hacer ni más ricos ni más felices, pero piensas en lo bien que le sentaría a tus posaderas el tacto de un sillón de piel de una Harley Davinson y ni corto ni perezoso encargas dos, una para ti y otra para tu secretario que es muy buen tipo y te cubre el culo cuando te vas de fulanas al Cristal (famoso lupanar del lado brasileño que hace gala de tener auténticas modelos al que no he tenido el gusto de ir, ni volveré nunca jamás). Y eso delante de las narices de los funcionarios que no les queda otra que sacarse un sobre sueldo sobornando a los suicidas que aquí llaman conductores. Es lo que hay.
Y si hablamos de los taxistas, su “lógica” les dice que antes de acudir a un servicio termines la partida de Play Station que estás jugando. Es lo que hay.

Podría estar hablando hasta completar varios tomos, pero no lo haré. De momento.

Es lo que hay. En realidad esta ciudad de 60.000 almas, se podría llamar perfectamente Puerto Es lo que Hay que no pasaría nada. 


Es por estas razones y no otras por las  que Frank decidió ofrecerme este puesto de trabajo. No por mi proverbial sentido del deber o por mi diligencia, eficacia o eficiencia, si no, si amigos…. porque no soy de aquí. Así que se aplica el dicho; en el país de los ciegos…..el tuerto es el rey. Esto quizás tendría que dolerme, pero no es así. Que me quiten lo bailao. De momento aquí estoy bien, pero no tengo intención de prolongar mi estancia más allá de lo que me pida el cuerpo. Y os preguntareis ¿Por qué demonios explica esto en un blog de viajes? Muy fácil, porque esto ES LO QUE HAY.
Como en el film al que he hecho referencia, me queda la esperanza de saber que cuando me marche de aquí “todos estos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia”.

Seguid nuestras aventuras en Mochilerosviajeros.blogspot.com

Un Saludo enorme para vosotros y un beso gigantesco para vosotras.

Fernanda y Miguel.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Seguimos vivos!!!

Saludos a todos y cada una de las personas que nos siguen y no desisten pese a tener bastante descuidado el tema del blog. Por ahora seguimos en Pto. Iguazú y no tenemos claro cuando nos desengancharemos de acá, pero de momento vamos a probar a ver si aguantamos hasta final de año. El trabajo nos ayuda a mantenernos economicamente y estamos juntando un dinerillo para marchar a Brasil en junio. Aquí los días son cambiantes. Hay lluvia torrencial casi cada jornada, pero al poco para y el sol abrasador seca el suelo colorado que domina en este lugar. El calor no da tregua y la lluvia no sirve para eliminar la tremenda humedad que agota al más preparado de los caminantes. Casi no hemos salido de nuestra zona de trabajo si no es para ir al centro del pueblo. 


Visitamos las minas de Wanda a 40 km de Pto. Iguazú. Se trata de una excavación de donde se extraen piedras semi preciosas que en un principio fué a cielo abierto, pero ahora se perfora por galerias. El trabajo es excesivamente penoso y la recompensa nimia. El trabajo se realiza a mano o sea que sacan las burbujas (de hasta 2 mtrs. de altura) a base de martillo y escarpa. Un curro, ya te digo. Al parecer hace millones de años, la lava que circulaba debajo de la corteza terrestre, subió a la superficie fundiendo diferentes metáles y enfriandose rápidamente, creando así burbujas en cuyo interior se formaban los cristales de cuarzo, amatistas, topacios y ágatas. 


Fué una visita instructiva pero poco provechosa.
A los lados del camino que conduce a las minas, se apiñan grupos de niños que intentan venderte las piedras que sisan por la noche al descuido de los vigilantes. Las chabolas se alinean a lo largo de la ruta y en estas habitan gentes que creyeron encontar El Dorado cuando se decubrió el yacimiento a principios de los 90 y que se tubieron que conformar con las ayudas sociales al ver que aquello no prosperaria nunca. 



En fin, ahora estamos un poquito más inmobilizados ya que Fer se hizo daño en la rodilla y no puede andar mucho, aún así ha descubierto la vocación que mantenia oculta y se está dedicando además de a la recreación de los pasajeros a la venta de excursiones de todo tipo y lo cierto es que no le va mal. Si, ya se que estos relatos se espacian en el tiempo y cada vez son mas cortos, pero es que no estamos viajando a penas. Cuando hagamos alguna excursión seguiremos relatando nuestras aventuras. De momento un abrazo para vosotros y un beso para vosotras de parte de estos viajeros que de momento no viajan.

Un saludo
Miguel y Fer